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lunes, 13 de abril de 2015

Tribute to Stanley Donen (Columbia, South Carolina, US, 13-4-1924)

EL REY DEL MUSICAL

El cineasta y coreógrafo Stanley Donen ha cumplido hoy 91 años. Se ganó a pulso el apodo de rey del musical, a base de números que renovaron el género por completo, desatándolo de su origen teatral. En sus películas, los números musicales se integran perfectamente en la narración y entran con naturalidad al servicio de una historia que posee por sí misma tanto interés como los bailes. Pero Stanley Donen también ha dejado para el recuerdo comedias, dramas y cintas de suspense. Nunca lo bastante reconocido cuando estaba en activo, en 1998 recibió un Oscar honorífico por el conjunto de su carrera y en 2004 el León de Oro en Venecia.
Nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos, a Stanley Donen lo que le fascinaba realmente era el baile. Durante su adolescencia tomó clases de danza y, animado por su madre, se marchó a Nueva York decidido a triunfar en el teatro. A los 16 años debutaba como bailarín de coro en los escenarios de Broadway con el musical "Pal Joey" (1940), dirigido por George Abbott y protagonizado por Gene Kelly, que se convirtiría en su amigo a pesar de ser doce años mayor y le pidió ser su ayudante. MGM contrató primero a Kelly y después a Donen, que debutó en el cine como ayudante del coreógrafo Charles Walters en el musical Best foot forward (1943) de Edward Buzzell, donde también participaba como bailarín en un número ejecutado por unos jóvenes cadetes.
Como Gene Kelly no acababa de despuntar en el cine, MGM decidió cederle a Columbia para protagonizar Las modelos (1944), con Rita Hayworth. En Columbia dieron vía libre a Kelly para crear sus propios números musicales, así que el bailarín decidió pedir ayuda a Donen, y entre los dos  montaron tres números sin ninguna intervención de Charles Vidor, el director del film, concentrado únicamente en las secuencias dramáticas. Ciertamente, ambos se lucieron, sobre todo por el famoso número ‘Alter ego’, en el que Kelly baila consigo mismo. El film está considerado una de las cumbres del género musical, pues supuso un punto de inflexión debido a la excelente integración de los números musicales en la trama, que avanzaba con fluidez. Y consagró a Gene Kelly como gran estrella del cine. Donen firmó por un año con Columbia para seguir ejerciendo de coreógrafo en varios títulos, pero al año siguiente volvió a MGM cuando Gene Kelly reclamó su colaboración para Levando anclas (1944) de George Sidney, con Kelly y Sinatra. La Segunda Guerra Mundial interrumpió sus actividades conjuntas: Kelly fue movilizado entre 1944 y 1946, mientras Donen fue exento del servicio. A la vuelta del primero, coreografiaron las secuencias de danza de Vivir a lo grande (1947) de Gregory La Cava, protagonizada por Kelly. En Llévame a ver el partido (1949) de Busby Berkeley, el productor Arthur Freed sólo les confió los números de Kelly, por lo que ambos decidieron debutar conjuntamente como directores.
La opera prima de Kelly y Donen iba a ser una gran obra maestra, Un día en Nueva York (1949), adaptación de un musical de Betty Comden y Adolph Green, que contratados para hacer el guión, introdujeron muchísimos cambios, aunque mantuvieron la premisa inicial: Gene Kelly, Frank Sinatra y Jules Munshin eran marineros que disfrutan de 24 horas de permiso en la Gran Manzana, totalmente desconocida para ellos, donde se enamorarán de Vera-Ellen, Betty Garrett y Ann Miller respectivamente. Los diálogos dan pie con enorme naturalidad a deslumbrantes números musicales, que pueden empezar en el Empire State y terminar en plena calle, cuando lo normal hasta entonces era rodar los musicales en decorados. Fue tal el éxito de la película que el productor Arthur Freed encargó a Donen su primer film como director en solitario, Boda Real (1950), donde dirigió a la estrella por excelencia de los musicales, el legendario Fred Astaire. Nuevamente Donen dejó anonadado al público con uno de los números musicales más impactantes de su filmografía, ‘You’re all the world to me’, en el que Astaire baila por las paredes y acaba en el techo.
Aunque Donen triunfaba como director, nunca le fue demasiado bien a nivel sentimental. En 1948 contrajo matrimonio con Jeanne Coyne, prestigiosa bailarina y asistente de Gene Kelly. Pero en 1951 se divorciaron y ella acabaría casándose con Kelly en 1960, al que acompañó hasta su muerte, y con el que tuvo dos hijos. Donen estuvo casado posteriormente con la actriz Marion Marshall (1952-1959), con la que tuvo dos hijos, con Adelle Beatty (1960-1971), con la que tuvo otro hijo, con la también actriz Yvette Mimieux (1972-1985), y con Pamela Braden (1990-1994). Su pareja desde 1999 es la actriz y directora Elaine May.
El mejor musical de Donen, de Kelly y de MGM es Cantando bajo la lluvia (1952). Era común en el género que el argumento fuera secundario, una mera excusa para enlazar esas canciones, pero Freed tuvo el acierto de encomendar el guión a dos personas muy imaginativas, Adolph Green y Betty Comden (los autores de Un día en Nueva York) y ellos aprovecharon que las canciones eran de la época de la llegada del cine mudo para escribir una crónica satírica y divertida de la época, con diálogos realmente brillantes. Gene Kelly aportó bastantes ideas cambiando el guión para incluir como secundario a Donald O’Connor. Pocas veces una película ha transmitido tan bien la sensación de alegría, como cuando Kelly está tan contento por haber acompañado a casa a Debbie Reynolds, de la que se está enamorando, que no duda en ponerse a bailar al ritmo de la canción ‘Singin in the Rain’, aunque llueva y haya charcos en el suelo. El film tenía una canción nueva, ‘Make ‘em laugh’, compuesta expresamente para la película, que interpreta O’Connor en un número divertidísimo. Se dice que la canción es muy similar –casi un plagio descarado– de ‘Be a clown’, de Cole Porter, pero éste decidió no interponer demanda judicial, porque según declaró le había entusiasmado la película.
A lo largo de la década de los 50 Donen mantuvo un nivel altísimo en sus musicales, pues dirigió entre otros Siete novias para siete hermanos (1954), Siempre hace buen tiempo (1955), de nuevo a medias con Gene Kelly, y la inolvidable Una cara con ángel (1957) con Fred Astaire y con la insuperable Audrey Hepburn, en el papel de tímida bibliotecaria que sueña con conocer París, y acaba viajando allí para posar como modelo para la revista en la que trabaja un divertido fotógrafo. Donen volvió a lucirse con las coreografías, especialmente con aquella en la que Hepburn, en el Louvre, emula a la Victoria Alada de Samotracia, en la escalinata donde se exhibe la famosa estatua. A continuación codirigió con George Abbott el musical Juego de pijamas (1957), protagonizado por Doris Day, John Raitt y Carol Haney, y en solitario la comedia Bésalas por mí (1957) con Cary Grant, Jayne Mansfield y Suzy Parker, su primer film no musical. Al año siguiente Donen dirigió Indiscreta (1958), elegante comedia romántica que reunía a los maduros Cary Grant e Ingrid Bergman, doce años después de la legendaria Encadenados. El éxito de esta cinta sobre el romance entre un diplomático casado y una veterana actriz teatral supone un punto de inflexión en la carrera de Donen, que en los 60 abandonará el musical, un género entrado en crisis. Malditos yanquis (1958), co-dirigida con George Abbott, con Tab Hunter y Gwen Verdon encabezando el reparto, fue su último musical de los años 50, su década más gloriosa.
Comienza el siguiente decenio dirigiendo las comedias Volverás a mí (1960), con Yul Brynner y Kay Kendall, Una rubia para un gángster (1960), con Yul Brynner y Mitzi Gaynor, y Página en blanco (1960), con Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum y Jean Simmons. Después se decanta paradójicamente por el suspense, imitando el estilo de Hitchcock en la magistral Charada (1963), protagonizada por dos viejos conocidos suyos: Cary Grant y Audrey Hepburn. Donen intentó repetir la jugada con Arabesco (1966), con Gregory Peck y Sophia Loren, un ameno pasatiempo que, sin embargo, –a diferencia de Charada– ha quedado desfasada a nivel estético. El máximo exponente de la evolución de Donen hacia nuevos caminos en los 60 es Dos en la carretera (1967), drama nostálgico sobre los efectos del paso del tiempo en un matrimonio, escrito por Frederic Raphael, que usó una imaginativa estructura. Al principio del film el matrimonio protagonista (Audrey Hepburn y Albert Finney) inicia un viaje por carretera durante el que rememorarán a base de flash-backs todas las fases que ha atravesado su relación, desde que nació el amor hasta que el matrimonio se descompone. Esta película, ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián, fue la última gran obra de Donen, que rodó a continuación cintas menores: Al diablo con el diablo (1967), comedia con Raquel Welch y La escalera (1969), comedia dramática con Rex Harrison y Richard Burton representando a una madura pareja homosexual.
En la última etapa de su carrera regresó al musical con El pequeño príncipe (1974), correcta adaptación del libro de Antoine de Saint-Exupéry y dirigió la comedia de aventuras Los aventureros del Lucky Lady (1975), con Liza Minnelli, Gene Hackman y Burt Reynolds. Tras el fracaso en taquilla de Movie movie (1978), su último musical, Donen llegó a probar fortuna en el terreno de la ciencia ficción, con Saturno 3 (1979), que intentaba rentabilizar el éxito de La guerra de las galaxias, estrenada dos años antes, con la historia de dos científicos que se enfrentan en una estación espacial a un psicópata que ha traído con él a un monstruoso robot. Pero a pesar de que contaba con grandes actores (Kirk Douglas, Harvey Keitel y la atractiva Farrah Fawcett), se nota que Donen no estaba a gusto en este género, y el film es bastante irregular. La comedia Lío en Río (1984), con Michael Caine y Joseph Bologna, significó el fin de su carrera al poner de manifiesto que Donen se había quedado desfasado en una industria cinematográfica que apenas tenía nada que ver con la que él había conocido en sus inicios. Abandonó por completo el cine, y sólo dirigirá ocasionalmente Cartas de amor (1999), un telefilm en el que se nota la mano del maestro, un número musical para un episodio de la serie Luz de luna, y el videoclip ‘Dancing on the ceiling’, de Lionel Ritchie.

 

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