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sábado, 25 de febrero de 2017

Anthony Burgess (Manchester, UK, 25-2-1917 / London, UK, 22-11-1993): In memoriam

MAESTRÍA FORMAL Y TALENTO SATÍRICO

Hoy se conmemora el centenario natal del escritor inglés Anthony Burgess. Hombre de vasta cultura, narrador de gran maestría formal  y talento satírico, es uno de los más insignes representantes de la literatura anglosajona del siglo XX. Su voluminosa obra, en la que confluye gran diversidad de intereses, está toda ella impregnada de una vena autobiográfica. Temáticamente aborda problemas de índole metafísica, ética e ideológica. Los elementos de mayor originalidad de su escritura se encuentran en su especial capacidad para transformar su patrimonio vivencial en materia narrativa forjada con un lenguaje original. Seguidor de Joyce en su inclinación hacia los juegos de palabras y los retruécanos, destaca asímismo por su uso del realismo cómico, de la fábula y la alegoría. Entre los reconocimientos que recibió se cuenta el de Comendador de las Artes y las Letras en Francia.
John Anthony Burgess Wilson nació en el seno de una familia de clase media-baja. Su madre y su hermana mayor murieron  (la primera a los 30 años, la segunda  a los 8) víctimas de la famosa pandemia de gripe 'española' de 1918  antes de que se cumpliesen veintiún meses del nacimiento del futuro escritor, por lo que una tía materna se hizo cargo de él hasta que el padre se volvió a casar en 1922. De niño se aficionó a la música escuchando a Debussy y a los catorce años aprendió a tocar el piano de forma autodidacta. Aunque quería convertirse en compositor no pudo cumplir su deseo entonces y, entre 1937 y 1940, estudió lengua y literatura inglesa en la Universidad de Manchester, donde conoció a Lynne Isherwood Jones, con la que se casaría en 1942. Su padre había fallecido en 1938 y su madrastra en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en las fuerzas armadas destinado en Gibraltar, dejando el ejército en 1946 con el rango de sargento mayor. Su experiencia militar sería la base de A vision of battlements (escrita en 1949, aunque no publicada hasta 1965).
Después de la guerra fue profesor en la Universidad de Birmingham hasta 1950, luego trabajó para el ministerio de Educación y posteriormente fue nombrado responsable educativo del Servicio Colonial, con base en Borneo y Malaya (1954-1959). En el tiempo que vivió fuera de su país escribió tres novelas: Tiempo del tigre (1956), El enemigo en la manta (1958) y Camas en Oriente (1959), que se publicaron conjuntamente en 1972 bajo el título de La trilogía malaya. En 1959, a los cuarenta y dos años de edad, sufrió un colapso y le diagnosticaron un tumor cerebral irreversible e inoperable, dándole sólo un año de vida. De vuelta en su país, la idea de una muerte cercana le llevó a dejar la enseñanza y dedicarse a la escritura a tiempo completo, volcándose vorazmente hacia la creación literaria con el objetivo de que su mujer pudiera vivir con los ingresos que le proporcionarían los derechos de autor. Entretanto ambos se mantenían con las reseñas periodísticas de Burgess o de sus ventas de las novedades editoriales que recibía. Finalmente el diagnóstico resultó erróneo, pero Burgess continuó escribiendo y llegaría a publicar más de cincuenta libros a lo largo de su vida.
La prolífica obra de Burgess durante las décadas de los 60 y 70 se caracteriza por su gran habilidad verbal y constituye una afilada sátira social no exenta de humor. Así surgieron novelas como El derecho a una respuesta (1960), una de sus obras más divertidas, en donde se hace una profunda crítica a la pérdida de los valores tradicionales en el marco de la sociedad de consumo, El doctor está enfermo (1960), basada en su experiencia de confinamiento en el Instituto Neurológico londinense, Temblor ante el propósito (1961), rememoración de su época docente, o La naranja mecánica (1962), que se convertiría en su libro más afamado. Su origen provenía de un incidente ocurrido durante la guerra: Encontrándose Burgess en Gibraltar y su esposa embarazada en Londres, en el transcurso de uno de los apagones decretados por las autoridades para eludir los bombardeos aéreos alemanes de la Luftwaffe, cuatro soldados americanos desertores se introdujeron en el domicilio de la pareja, atacaron a Mrs. Burgess, la golpearon y violaron, resultando después que ella perdió el hijo que esperaba. En la novela, Burgess transformó alegóricamente esos hechos y formuló la distopía de un mundo dominado por la ultraviolencia (palabra que él acuñó y pasaría a los diccionarios), la crueldad y la destrucción. Nueve años después fue llevada a la pantalla por Stanley Kubrick en La naranja mecánica (1971), film que causó gran escándalo y controversia en su día y que su propio director retiró de la exhibición en el Reino Unido (desde entonces no ha sido repuesto). No obstante, la imagen de Alex y sus tres drugo-amigos, vándalos con bombín, ha quedado en el imaginario colectivo y la estética de la película forma parte de la cultura popular.
Vendrían luego La semilla necesaria (1962), distopía futurista representando satíricamente un mundo donde la escasez de alimentos y la superpoblación llevan al rechazo de toda conducta amorosa 'tradicional', glorificando en cambio la homosexualidad como ejemplo a seguir, Miel para los osos (1963), crónica del viaje de pesadilla de un matrimonio a Leningrado en plena guerra fría,  Enderby por dentro (1963), primera entrega de una tetralogía cómica donde Burgess retorna a los ambientes característicos del mundo novelesco de James Joyce y que tiene como protagonista a un grotesco poeta que sólo es capaz de escribir sentado en la tapa de su w.c., La víspera de Santa Venus (1964), opúsculo sobre el tema del matrimonio, Vacilación (1966), caricatura del género de espionaje escrita con humor y profundidad intelectual, Enderby por fuera (1968), continuación de las andanzas de su atrabiliario personaje, MF (1971), obra que deriva de los estudios antropológicos de Levi-Strauss y que está escrita con juegos de palabras, acertijos y en varias lenguas, Sinfonía napoleónica (1974), complicada novela sobre la figura de Napoleón, Abba Abba (1977), ficción sobre los últimos meses de vida del poeta John Keats, o 1985 (1978), concebida como un tributo a George Orwell.
La obra maestra de Burgess es Poderes terrenales (1980), su novela más ambiciosa, inspirada en la figura del escritor Somerset Maugham. En ella cuenta como Kenneth Toomey, un escritor gay retirado de 81 años, es requerido por el Arzobispo de Malta para contribuir testimonialmente al proceso de canonización del Papa Gregorio XVII, anteriormente llamado Carlo Campanati y hermano de un cuñado suyo. Este punto de partida da pie a todo un interesantísimo y ameno recorrido por la historia literaria, social y moral del siglo XX. Después publicó, entre otras,  Fin de las noticias del mundo (1982), novela en tres partes dedicadas respectivamente a Sigmund Freud, León Trotsky y el fin del mundo, El reino de los réprobos (1985) texto exuberante en el que el escritor inglés dibuja un retrato de los primeros años del cristianismo, o El hombre del piano (1986), rememoración de los tiempos del cine mudo narrada por una protituta que se convierte en madam. Su última novela publicada en vida, Un muerto en Deptford (1993) es una interpretación personal de la vida y muerte del dramaturgo Christopher Marlowe. 
Escritor muy polifacético, también fue autor de guiones de series televisivas ("Moisés" para Gianfranco De Bosio, "Jesús de Nazaret" para Franco Zeffirelli), relatos cortos, libros infantiles, poesía, teatro, ensayos, biografías (Shakespeare, Ernest Hemingway, D.H. Lawrence) y dos volúmenes autobiográficos: El pequeño Wilson y el buen Dios (1987) y Ya viviste lo tuyo (1990). Burgess tenía una gran capacidad para aprender idiomas (conocía doce) e incluso llegó a inventar el 'ulam', un lenguaje gutural prehistórico para la película "En busca del fuego" (1981) de Jean-Jacques Annaud. A su faceta de escritor hay que añadir la de músico, llegando a componer más de doscientas cincuenta partituras, entre ellas, dos sinfonías y varias sonatas y conciertos.
Su esposa Lynne falleció de cirrosis en 1968 (ambos eran grandes bebedores). Poco después, ese mismo año, Burgess se casó con Liana Macellari, hija de una condesa italiana, y que primero fue su secretaria y luego su agente literaria. De esta unión, que persistió hasta la muerte del escritor, había nacido en 1964 su hijo Paolo Andrea. La pareja se expatrió y residió sucesivamente en Malta, Italia, Estados Unidos y finalmente en Mónaco (a fin de eludir impuestos en su país). También, entre otras propiedades, poseyeron una villa en la Provenza francesa y un apartamento en Londres. Burgess regresó a su país para morir de cáncer de pulmón a los 76 años.


 

martes, 11 de marzo de 2014

Adam & Yedid ?

ANTHONY BURGESS: "PODERES TERRENALES" (fragmento)

«En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y las luminarias del cielo y el mar atronador y los animales de la tierra y del aire y del agua. Y creó un hombre al que llamó Adán y le puso en un maravilloso jardín y le dijo: "Adán, tú eres la corona de mi creación. Tienes para conmigo un deber, el de ser feliz, pero has de trabajar por tu felicidad. Tu trabajo será un trabajo deleitoso, habrás de cuidar este jardín donde hay toda suerte de frutos gustosos y raices por mi mano divina plantados para tu satisfacción y tu sustento. Y cuidarás de la vida de los animales, de que ninguno devore a otro a su antojo. Pues la muerte no debe entrar en el jardín, ya que es un jardín en el que ha de florecer como una rosa la inmortalidad". Y Adán dijo: "No conozco esas palabras, muerte, inmortalidad. ¿Qué significan?". Y respondió Dios: "Inmortalidad significa que los días se sucedan unos a otros sin que ello tenga fin. Y muerte significa que ya no podrás decir: esto lo haré mañana; pues la existencia de la muerte significa la duda sobre la existencia de mañana. ¿Comprendes?". Adán, en su inocencia, dijo que no entendía; y Dios dijo que no importaba, que cuanto menos entendiese, mejor. "He plantado un árbol en medio del jardín -dijo Dios- y ese árbol se llama Árbol del Conocimiento. Comer de ese árbol es el medio más seguro de entender lo que significa muerte, pues su fruto da muerte. No lo toques. Tú sabes ya que está prohibido tocarlo, pero los animales no lo saben y no puedo hacerles comprender de ningún modo que comer de su fruto caído es cortejar a la muerte y a los instrumentos de la muerte. Tendrás también por trabajo impedir que los animales se acerquen al fruto del árbol; mas no tendrás en ello éxito completo, pues hay animales más astutos que Adán, y el más astuto de ellos es la serpiente, que se arrastra en el prado. Ninguna valla le impedirá llegar al árbol y a su fruto, pero yo, tu Dios y tu Hacedor, nada puedo hacer, pues yo mismo implanté la astucia en su cerebro. A trabajar, pues, que llega el día y cuando lleguen las tinieblas habrás de dejar tu tarea y comer del fruto no prohibido y beber del agua del cristalino arroyo que cruza el jardín, y entregarte luego al dulce reposo".
Así, pues, trabajó Adán y comió y bebió y durmió luego, y al día siguió la noche y a la noche el día y Adán estaba contento, salvo por una cosa: su soledad. Pues el Señor Dios le había otorgado el don bendito del habla, don del que carecían los animales. Aunque, a veces, la serpiente, que se enroscaba al cuerpo de Adán en un gesto como de amor, parecía comprender sus palabras, aunque no podía contestarlas. Una noche, cuando se refrescaba Dios paseando por el jardín, Adán osó hablar y decirle: "Señor, me siento solo". Y dijo el Señor: "¿Solo? Cómo puedes sentirte solo tú que tienes mi amor, que fuiste creado para aliviar mi propia soledad, pues veo en tí mis propios rasgos y en tu voz oigo algo de mi propia voz". Y dijo Adán: "Señor, desearía que creaseis otro como yo, dotado como yo del habla, uno que cuidara conmigo el jardín. Y poder, al fin de la jornada, comer y beber y descansar en compañía, dos de la misma especie, el uno igual al otro". Y díjole Dios: "Obré bien creándote, Adán, pues concibes cosas que yo no concibo, y te conviertes así en un brazo mío, del Señor que todo lo concibe y todo lo crea. Sea como pides. Come, bebe, retírate y descansa y cuando despiertes con el sol, hallarás a tu lado tendido uno como tú que será para tí compañero y será su nombre Yedid, que significa amigo".
Y fue como Dios dijo. Pues mientras dormía Adán, Dios tomó polvo de la tierra y le infundió vida, y cuando Adán despertó yacía a su lado uno como él, que hablaba su lengua y respondía al nombre de Yedid. Y Adán, loco de gozo, abrazó a su compañero con amor y besóle con beso de su boca. Y al ver esto Dios se asombró, pues Adán había aprendido aquella plenitud del corazón de alguien que no era él, el Señor Dios, aquella plenitud que sentía él por Adán pero que Adán, que percibía sin duda que su amor por Dios había de ser siempre el de la criatura por su creador, no podía concebir plenamente. Mas, pensó Dios, mediante el amor de Adán por Yedid y de Yedid por Adán, ambos podrían ser conducidos a un amor mayor por su Hacedor. Así pues, Dios se sentía contento. Les veía enlazarse en amor al fin de la jornada o al principio del día y les otorgaba todo el gozo posible en sus abrazos. Pues de la intimidad de su afecto encerrado, brotaba de los cuerpos de ambos una sustancia jubilosa, con borboteo de fuente, del color del ópalo, y allí donde caía nacían flores. Y también la serpiente había presenciado todo esto, y lo miraba con envidia, ella estaba sola y no tenía ningún otro de su especie para conversar o para el goce del amor. Y así, por esta envidia, la serpiente usó una mañana por primera vez de palabras, mientras Yedid yacía aún dormido pero Adán acababa de despertar. Y Adán oyó maravillado sus palabras.
Y sus palabras fueron éstas: "No podrías mantenerme de ningún modo alejada del fruto del árbol prohibido, caído o aún en la rama, pues soy astuta y ágil y no hay modo de impedirme el paso. Así que he comido del fruto y su sabor es deleitoso, pero lo más deleitoso es el fruto del fruto, pues es el fruto del conocimiento. Ve que hablo como tú, y recibí este don del primer mordisco del fruto, y el último dióme un sabor muy amargo pero muy gustoso, pues vi que en otra boca el gusto sería sublime y me regocijé imaginando ese éxtasis. Y ese amargor era el gusto de mí misma, que puedo ver pero no hacer, que puedo concebir pero no crear, que puedo soñar con el poder pero no asirlo. El poder es para tí y para tu compañero Yedid, ¿por qué habéis de ser en este jardín simples jornaleros, que han de contentarse con comer y dormir y con los abrazos del amor, mientras Dios que os creó goza de infinito poder y de conocimiento? Ahí tenéis el conocimiento, podéis gustarlo, y con él, el poder y ¿qué amor es el de Dios que os niega un fruto que tenéis al alcance de la mano o que se mece al nivel tentador de vuestros labios? Veis una cosa y, sin embargo, esa cosa se os niega. ¿Qué amor es ése? Yo he comido del fruto y estoy tranformada y, aunque era astuta ya, lo soy mucho más. Come, pues, desayuna con ese fruto e invita a Yedid a hacer otro tanto". Luego, la serpiente se alejó reptando y dejó a Adán con sus pensamientos, y, cuando Yedid despertó, se apresuró a compartirlos con él.
Y ambos tomaron así del fruto del árbol y lo comieron, y empezaron a tener de inmediato pensamientos, y medios de expresarlos, de modo que pudieron ver a Dios como una idea y, en consecuencia, como algo que no era Dios ya, sino su negación o su enemigo. Esto rebajó a sus ojos a su Señor y Creador y dudaron de su poder. Pero este poder les abatió. Dios, que todo lo sabe, supo de su desobediencia y se encolerizó, y fue terrible soportar y sentir y escuchar la expresión de su cólera. Pues se estremeció la Tierra, y las bestias de la Tierra corrieron desmandadas con gruñidos y alaridos de pánico, y estalló el cielo en relámpagos y truenos y torrentes de lluvia, de suerte que Adán y Yedid quedaron paralizados del terror, pero Yedid gritó, pues los truenos y temblores eran ensordecedores, en el oído de Adán y le dijo: "¿Se ha convertido Él en el otro? ¿Se ha convertido Él en aquel que es su opuesto? ¿Se ha transformado Él en el enemigo?".
Pero luego, apaciguóse el terror de cielo y tierra y aparecióse Dios envuelto en una tenue luz a Adán y a su amigo, con la apariencia de un anciano, y pronunció, aunque con el tono vacilante de un anciano, las palabras terribles: "Malditos seáis los dos -dijo-. Me arrepiento de haber creado al hombre". Pero Adán, con la audacia que le otorgaba haber comido del fruto del árbol del conocimiento, replicó: "El Creador no puede arrepentirse de su creación. El Creador no puede desear ser destructor". Y dijo Dios: "Cierto, pero puedo destruir al mismo tiempo que mantengo mi creación, pero de un modo que no pueda seros revelado ni siquiera comiendo del fruto del Árbol, pues aún eres un hombre y eres por tanto menos que Dios. A Adán y a Yedid les quitaré el don de la inmortalidad, pues ambos moriréis cuando lleguéis a tener esta apariencia que tengo yo ahora. Os haréis viejos y quedaréis tendidos en tierra sin vida, presas de las bestias feroces y de las aves del cielo, que aprenderán a alimentarse de carroña. Pero aunque Adán y Yedid hayan de morir, la raza del hombre pervivirá, y pervivirá a través del apareamiento de Adán y Yedid". Y Yedid preguntó curioso: "¿Cómo será eso, Señor?".
El Señor no contestó con palabras sino por obra de su mano, pues tocó a Yedid y Yedid se transformó. Dejó de ser semejante a Adán, su compañero, se le henchieron los pechos y se le ensancharon el vientre y las caderas, y el cetro orgulloso se redujo a la nada, así como las dos esferas gemelas de su virilidad, y gritó Yedid y se cubrió los lomos y exclamó: "He sido destruído, me han hendido en dos", y Adán oyó su voz medrosa, y no era ya la voz que él conocía, era una voz más aguda, más parecida a los gorjeos de las aves del cielo que a los rugidos de las bestias del bosque. Y dijo el Señor Dios: "A partir de este instante, no eres ya hombre sino mujer, y tu nombre ya no será Yedid sino Hawwah, que significa vida, pues de tus lomos surgirá la vida y así pervivirá la progenie del hombre. Pues allá donde mi mano te ha tocado, brotará leche de pasión, y donde mi mano te hendió, surgirá nueva vida, pues la leche de tus abrazos sustentará la semilla de la generación, y de tus pechos manarán las aguas que sustentan, mas no consideres milagro esta transformación sino un castigo. Pues tu amor será maldición, y con dolor parirás. Y ahora, salid ambos de aquí y tomad la carga de la vida que se convierte en muerte y abandonad el jardín de la inmortalidad. Y sabed que a los animales de la tierra y las aves del cielo y los peces de las profundidades de las aguas les tocará también vuestra maldición, pues la inmortalidad será a partir de ahora atributo del cielo, del espíritu, y el cuerpo se corromperá y volverá al polvo con el que fue formado".
Y así, Adán y Hawwah se fueron afligidos y la maldición pesa aún sobre las generaciones del hombre, salvo para los elegidos. Pues los elegidos reproducen en sus vidas la inocencia de Adán y de Yedid, y sus abrazos renuevan los gozos del Edén.
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