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jueves, 4 de julio de 2019

Juan Gil-Albert - Lo innombrable

LA POSESIÓN DEL SER SIN EXIGENCIAS

En el veinticinco aniversario de su deceso, recordamos al poeta español Juan Gil-Albert con su poema Lo innombrable.



LO INNOMBRABLE

¿Por qué estoy hoy alegre?
Sin motivo ninguno
oigo ascender por mí las acechanzas
de un fuego azul.
¿Sólo por esto?
Hay, también, lo invisible.
Nunca se sabe bien quién late dentro
de nuestra pervivencia.
No es el amor, no estoy enamorado.
No es que tenga dinero ni esperanzas.
Ninguna novedad, ningún alivio
ha llamado a mi puerta.
Y sin embargo es cierto, Oh certidumbre.
¿A qué se deberá que esté hoy el aire
tan fresco y matinal?
¿Que el color de la vida se me ofrezca
lleno de persuasión? ¿A qué secreto?
¿O tal vez a qué causa imprevisible?
Porque secreto no.
Todo está dicho ya.
Todo más que sabido.
La juventud se fue como un aroma
que impregnó cuanto somos.
Como un frasco vacío y transparente:
ya no queda secreto.
Ya no queda de mí más que esta idea
desnuda de la dicha,
la posesión del ser sin exigencias,
este frasco vacío,
esta felicidad.
Algo tan quebradizo y duro en cambio
que más vale callar sobre su alcance.
Una sola palabra bastaría
a disiparlo entero.

(del libro "La meta-física", 1974)

martes, 1 de abril de 2014

Poema de Juan Gil-Albert (IV)

NOCTURNO

Noche de las estrellas te estremeces
con un fluido oscuro. En tus arpegios
de soledad escucho la hermosura
de la existencia. ¡Oh lumbres fugitivas
en cuyo seno mora irreparable
la verdad! Qué sombrías esperanzas
abres a quien te mira recostado
desde la dulce tierra y se incorpora
con un temor incierto a esas frondosas
penumbras celestiales. Brilla el rostro
de la nocturna esfera fascinando
como el de un animal entre las sombras
con sus ojos abiertos; brilla el sueño
de su caudal fluyendo lentamente
cual si nada existiera; en esa duda
no sé dónde poner mis ilusiones
y a quién brindar la dicha de sentirme,
tibio de vida en medio de los mundos,
hijo fiel del ardor y la pereza.
Esos silencios ruedan sumergidos
en ingentes distancias, esas flores
esparcen sus semillas vacilantes
en la bondad de un éter misterioso.
¡Ah delirante triunfo de esperanzas
con los soles despiertos! ígneo atruena
mi corazón roído por deseos
irrealizables, salta en sus prisiones
como un astro humillado que pidiera
que lo dejaran ser; pálido atiendo
su súplica vehemente cual un padre
oye qué desmedidas ambiciones
turban la paz del hijo. ¡Oh noche, oh fragua
de los altos desvelos, solitaria
cripta donde reposan sus racimos
hombres y estrellas!

(Juan Gil-Albert)


Poema de Juan Gil-Albert (III)

LOS MITOS

¿Queréis que entre el arrullo de mis brazos
tiemble el dormido corazón de Helena
como entre sus asiáticas murallas
y el vulnerable hijo de Peleo
otra vez en su lecho halle al amigo
por el que rugió hermoso? ¡Ay, quién pudiera
con su soplo alentar tales prodigios
y devolver la vida con su canto
a quienes se mostraron por la tierra
con tal deseo espléndido! Una aurora
puedo mecer en vuestros corazones
despertando la rosa en las mejillas
de aquellos hechos, dando a sus miradas
glaucos ojos y finas como liebres
piernas aventureras que recorran
con pasmo el verde mundo y, al regreso
de sus trabajos, bellos cual conquistas
de extraños soles, darles el acanto
como fresco cojín de sus placeres.

¿Mas debe el hombre transmitir el culto
de sus demencias? ¿Debe en sus delirios
arrancar de la nada los secretos
del caudaloso manantial antiguo
sobre el cual las voraces primaveras
desfilaron cual mármoles de sueño
su gentil pubertad? Aquellos seres,
aquellas enigmáticas hazañas,
aquel juego de dioses sometidos
a la gran seducción de nuestra muerte
y al efímero arder de nuestra carne,
sombras deslumbradoras eran antes
de sonar la verdad, pero unas voces
siguen viviendo ocultas en las blancas
médulas de los árboles, devueltas
a la naturaleza en que nacieron.

Y expiarán allí su eterno encanto,
transmitiendo al silencio sus gemidos
profundos, como de élitros que suenan,
ese informe clamor que a quien lo escucha
convierte en criatura inconsolable.

(Juan Gil-Albert)



Poema de Juan Gil-Albert (II)

POEMA AL OCIO

A veces cuando escucho de la sangre
este claro rumor, cuando a mis labios
fluye el ocio su oscura cabellera
como por una brisa sacudida
por los mismos latidos de mi pecho
y en esa tan divina intrascendencia
un ser real, viviente, entre mis brazos
paréceme tener, como en los ríos
las tendidas laderas cuando sienten
pasar una presencia inagotable,
háblole como amigo de la dicha
mensajero de paso por la tierra
que ha doblado sus alas y descansa
su pulmón de ventura en torno nuestro:
fluye amoroso campo de la vida,
fluye amor tu tesoro manifiesto,
fluid, fluid, hermosas estaciones,
los racimos, los frutos y las nieblas
tras de las que se ocultan en otoño
los frescos manantiales de la gracia.

Fluye tiempo tu canto melodioso
con tus breves espinas en los dedos,
y tú melancolía y tú tristeza,
cual pájaros oscuros que trinando
hablan de Dios, fluid de la espesura,
mientras duerme el mancebo aquí en mi cuerpo
su poderosa noche. Fluya en tanto
la prohibida selva que lo mece
y haga visible el viento la pureza
de mis instintos dueños ya del orbe.

El está en mí, me tiene coronado
con su lánguida estela de laureles
y oye dormido el paso de la vida
en un humano corazón dichoso.

Silencioso rebelde entre murallas,
rápido es su temblor y su cansancio;
pronto levantará su cabellera
taciturna de hastío, y lentamente
volará hacia las nubes y en cenizas
anegará mis labios, como un vino
de hiel se torna un dios cuando no ama.

Paraíso perdido entre sus brazos
que cual alas me nimban, id fluyendo
deleites de los ojos, primaveras
de errante paso antiguo, latitudes
de lejanas nostalgias y columnas
dulcemente quebradas por el viento:
levantad la cabeza como flores
mientras lícito goce nos depara
el fatigado dueño de las cosas.

(Juan Gil-Albert)


Poema de Juan Gil-Albert (I)

FRÍO EN EL ALMA

Frío en el alma,
dulce en la mano el tacto veleidoso
y un no saber aún tras tantos años
de haber vivido aquí qué es lo que incumbe
a mi espectro, a mi ser, a mi persona.
Qué es lo que estoy haciendo en este mundo
que no sea pasar, desvirtuarme,
tratar de sondear en mi conciencia;
qué tengo yo que ver con ese espejo
lleno de luz, de flores, de distancia
que me lo dice todo
sin aclararme nada,
sin ofrecerme apoyo más valioso
que el reflejarme a mí, la luz, las flores,
y esa distancia tersa, impenetrable
en la que estoy sumido y que soy yo.

Juan Gil-Albert (De Obra Poética Completa, 1981)


Juan Gil-Albert (Alcoy, Alicante, España, 1-4-1904 / Valencia, España, 4-7-1994): In memoriam

LA TRAMA INEXTRICABLE

Se cumplen hoy 110 años del nacimiento del excelso escritor, poeta y ensayista español Juan de Mata Gil Simón, que adoptó el nombre de Juan Gil-Albert. Hombre de extrema sensibilidad epicúrea hacia la belleza, exquisita cultura clásica y homosexual influido por Oscar Wilde, lo que supuso una losa para la difusión de su obra. Como tantos otros grandes talentos de su época fue víctima de la Guerra Civil española, cuyo fin le llevó a parar a un campo de refugiados en Francia y de ahí a un exilio en México y Argentina, del que retornó ocho años después, viviendo un solitario exilio interior en Valencia, ignorado por los vencedores y mal visto por los vencidos. Su obra establece un nexo entre la generación del 27 y la del 36. El reconocimiento oficial en su país natal fue muy tardío y no le llegó hasta 1982.

Evoquemos su memoria con esta semblanza de su figura en la página Biografías y vidas:

« Poeta minoritario y de expresión depurada, su obra es una suma de intelectualismo clasicista y paganismo mediterráneo. Se dio a conocer a los veintiún años con dos libros en prosa, "La fascinación de lo irreal" y "Vibración de estío", ambos publicados en 1927. Estos textos primerizos, situados en la estela del modernismo, revelan su admiración por Ramón del Valle-Inclán y Gabriel Miró, a quienes consideraba sus maestros.
A partir de aquí evolucionó hacia una estética vanguardista, como lo demuestran las nuevas prosas de "Cómo pudieron ser" (1929), sobre algunos de los más célebres retratos del Museo del Prado, y "Crónicas para servir al estudio de nuestro tiempo" (1932), de expresión atrevida, fresca e imaginativa. Sin embargo, el volumen de versos que inaugura su trayectoria poética, "Misteriosa presencia" (1936), está compuesto por 36 sonetos gongorinos de contenido erótico escritos según un canon absolutamente clasicista.
Al mismo tiempo apareció "Candente horror" (1936), en el que el autor exploraba otros cauces formales, en este caso surrealistas, para abordar temas inspirados por una actitud política comprometida con el antifascismo. En estos años conoció a Luis Cernuda y Federico García Lorca y colaboró en la fundación de la revista Hora de España, que entre 1936 y 1938 fue el órgano de los escritores republicanos.
Resultado de su toma de conciencia social fue el volumen de poemas "Son nombres ignorados" (1938), donde la contemplación de la naturaleza contrasta con la experiencia de la guerra y da lugar a un testimonio lúcido y dramático del conflicto. Exiliado en México, participó en diversas empresas editoriales de los emigrados y publicó "Las ilusiones" (1945), que supone una vuelta al clasicismo. Este libro, escrito en endecasílabos, posee una tonalidad elegíaca que entronca con el espíritu y la forma de los himnos grecolatinos: el poeta desengañado busca renovarse a través de la evocación de la Antigüedad, sus cultos y sus mitos paganos.
De regreso a España (1947), Gil-Albert se dispuso a proseguir su labor literaria en soledad cultivando un culteranismo intimista en el que conviven en fértil reunión los elementos líricos, estéticos y moralizantes. A este período corresponden los sonetos de "Concertar es amor" (1951), que recorren el universo interior con alusiones a la familia, el amor y la religión, sin que falten las referencias simplemente anecdóticas. Su obra alcanzó un tardío pero definitivo reconocimiento con la publicación de la antología "Fuentes de la constancia" (1972), libro al que siguieron "La metafísica" (1974), "Homenajes e in promptus" (1976) y "Variaciones sobre un tema inextinguible" (1981).
A su labor como memorialista corresponden algunos de sus mejores títulos: "Los días están contados" (1974), "Crónica general" (1974) y "Memorabilia" (1975). La evocación a menudo se remansa en reflexiones o se vuelve imperceptiblemente fábula, de forma que en su caso es impreciso el límite de los géneros. Dentro del ensayo destacaremos "Heraclés" (1975), exposición en cierto modo afín al "Corydon" de Gide sobre la homosexualidad, "Drama patrio" (1977) y un extenso dietario bajo el título de "Breviarium vitae" (1979).
Su mejor novela es sin duda "Valentín (Homenaje a Shakespeare)" (1974), confesión amorosa en la cárcel de Richard tras haber estrangulado en escena, durante una representación de Otelo, a Valentín. Otros títulos narrativos son "Razonamiento inagotable" (1979), "Los arcángeles" (1981) y "Retrato oval" (1977). En sus últimos años procuró mantenerse alejado de los ambientes políticos a causa de su avanzada edad, pero también debido a cierta decepción por la situación española; aún así, en 1986 fue nombrado presidente del Consejo de Cultura de la Generalitat Valenciana. Su último libro, "Tobeyo o el amor" (1989), es un homenaje al país donde se exilió al terminar la guerra civil española: México. Póstumamente, en 1996, apareció la recopilación "Primera obra poética 1936-1938"

Retrato de Juan Gil-Albert, óleo del pintor valenciano Enrique Climent

Retrato de Juan Gil-Albert, oleo del pintor extremeño Obdulio Fuertes, 1984