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miércoles, 9 de diciembre de 2015

John Cassavetes (New York, 9-12-1929 / Los Ángeles, 3-2-1989): In memoriam

ESPÍRITU INDEPENDIENTE

Hoy es aniversario natal del actor, guionista y director estadounidense John Cassavetes. Aunque trabajó como actor para Hollywood, su obra como cineasta se distingue por su independencia y experimentación. En ella trata los conflictos personales del ser humano y las relaciones que establece con los demás y con su entorno: problemas de identificación, de comunicación tanto individual como colectiva. Son historias que se escapan de lo convencional, personajes que viven sus crisis y que salen adelante de las mismas o acaban con su propia destrucción personal. Pionero del cine independiente, en sus películas se proponen apuntes arriesgados sobre el hombre y la sociedad, más allá de la simpleza de los planteamientos de Hollywood, con una mirada crítica y no exenta de tristeza. Formalmente su obra resulta muy personal y diferente a la que realizaron cualquiera de sus coetáneos y sus películas, escasamente comerciales, sufrieron diversos recortes y problemas de cara a la distribución, pero también obtuvieron importantes reconocimientos en festivales internacionales y han ejercido notable influencia en el cine independiente posterior.
Hijo de un hombre de negocios de origen griego, pasó sus primeros años con su familia en Grecia y regresó a los Estados Unidos a los siete años. Se inició en el mundo de la interpretación como alumno de la Academia Americana de Artes Dramáticas de Nueva York, donde estudió dirección escénica y declamación y se graduó en 1950. Actor de teatro en sus primeros años de actividad artística, en 1951 participó por vez primera como extra en una película. En 1954 se casó con la actriz Gena Rowlands, que trabajaría con él en diez ocasiones y con la que tendría tres hijos: Nick, Alexandra y Zoe, quienes heredarían la profesión de sus padres. Sus primeros éxitos como actor le llegaron de la pequeña pantalla, participando en diversos dramas televisivos en los que se especializó en la interpretación de jóvenes delincuentes. Esta experiencia  la trasladó al cine con los films The night holds terror (1955) de Andrew L. Stone, historia del secuestro de una familia por parte de un grupo de delincuentes de poca monta, Crimen en las calles (1956) de Don Siegel, con James Whitmore y Sal Mineo, y Donde la ciudad termina (1957) de Martin Ritt, con Sidney Poitier, y luego compartió protagonismo con Robert Taylor y Julie London en el western Más rápido que el viento (1958) de Robert Parrish.
A finales de la década de 1950 fue protagonista principal de la serie televisiva Johnny Staccato, que le reportó fama y el dinero suficiente para invertirlo en la producción de su primera realización cinematográfica, Shadows (1959), con la que iniciaba una curiosa carrera como director independiente y experimental. Esta película se rodó en 16 mm, con un exiguo presupuesto y con los alumnos de un seminario de interpretación que el propio Cassavetes estaba impartiendo. La película refleja, con dureza y sensibilidad, los problemas racistas que sufre, en la ciudad de Nueva York, una familia de color compuesta por tres hermanos: un cantante de un club nocturno (Hugh Hurd), un delincuente (Ben Carruthers) y una adolescente (Lelia Goldoni). Al retratar personajes cotidianos y sus conflictos con un realismo desgarrado poco visto hasta la fecha, se acercaba al ‘cinéma verité’. Ganador del Premio de la Crítica en Venecia, el film llamó la atención de los estudios de Hollywood. Contratado por Paramount, rodó para ese estudio tan sólo dos películas, de las que acabó bastante insatisfecho: Too late blues (1961), drama con Bobby Darin y Stella Stevens, que mostraba a un músico de jazz en decadencia por su afición al alcohol, y Angeles sin paraíso (1962), que abordaba el problema de los niños deficientes mentales y contaba con la participación de Burt Lancaster, Judy Garland y Gena Rowlands (que iniciaba de esta manera una asidua colaboración artística con su marido). Desavenencias con el productor Stanley Kramer, le obligaron a abandonar la dirección, y durante varios años Cassavetes no volvió a ser tentado por tareas de realizador, dedicándose a su labor como intérprete. En su trayectoria interpretativa intervino, entre otras, en Código del hampa (1964) de Don Siegel, thriller criminal con Lee Marvin y Angie Dickinson, Doce del patíbulo (1967) de Robert Aldrich, donde era uno de los doce convictos enviados a una difícil misión tras las líneas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial-, papel por el que fue nominado al Oscar al mejor actor secundario, y La semilla del diablo (1968) de Roman Polanski, drama de terror psicológico donde encarnaba a un actor que vende a su mujer (Mia Farrow) a una secta satánica para que el diablo pueda tener descendencia entre los hombres.
Estos trabajos le proporcionaron la suficiente solidez económica para emprender, con Faces (1968), otra nueva etapa como director independiente. En esta película pretendía reflejar la vida estadounidense en los barrios residenciales de clase acomodada. Sus principales personajes eran un matrimonio en crisis (Lynn Marlin y John Marley), una prostituta (de nuevo Gena Rowlands) y un gigoló (Seymour Cassel, otro actor habitual de Cassavetes), a través de los cuales el director, con un estilo muy personal -entre la ficción y el documental- y la calculada improvisación de los actores, hablaba de la soledad, los problemas de pareja, las frustraciones sexuales y la mediocridad de la clase burguesa. Cassavetes fue candidato al Oscar por su guión original. Después dirigió Maridos (1970), que mostraba a un grupo humano afectado por la muerte de un amigo; fue el primer film que, además de escribir y dirigir, coprotagonizó, junto a Ben Gazzara y Peter Falk, actores frecuentes en sus rodajes. Insistió en el análisis de las relaciones amorosas en Así habla el amor (1971), comedia dramática sobre la complicada relación entre dos personajes procedentes de niveles sociales y culturales diferentes: la empleada de un museo (Gena Rowlands) y el trabajador de unos aparcamientos (Seymour Cassel). Con Una mujer bajo la influencia (1974), recuperaba el particularísimo estilo desarrollado en Faces para contar los problemas psicológicos de una madre de clase baja (otra vez Gena Rowlands, en esta ocasión en el papel de esposa de Peter Falk). Por esta película Cassavetes y Rowlands obtuvieron sendas nominaciones al Oscar como mejores director y actriz protagonista. Menos repercusión tuvo El asesinato de un corredor de apuestas chino (1976), thriller centrado en el propietario de un club nocturno, donde el protagonismo corría a cargo de Ben Gazzara. Noche de estreno (1977), apasionante exploración del alma humana en el mundo del teatro, con Gena Rowlands, Ben Gazzara y el propio Cassavetes, es una de sus obras más apreciadas por la crítica a pesar que no fue distribuída hasta 1991, dos años después de la muerte de su autor. En Gloria (1980), su film más conocido, una mujer solitaria (Gena Rowlands) se ve obligada a proteger la vida de un niño perseguido por la Mafia, a costa de coraje y valentía, rasgos que hasta entonces ella desconocía poseer. Corrientes de amor (1984) trata de la ausencia de amor en las personas y cómo éstas reaccionan ante esa situación. El cineasta profundiza en el interior de sus personajes abandonando cualquier recurso accesorio que no revierta en la intensidad de la historia, muy creíble gracias a la calidad de sus intérpretes principales (Gena Rowlands y John Cassavetes). Su última obra fue Un hombre en apuros (1986), comedia con Peter Falk y Alan Arkin, cuya dirección asumió por hacer un favor a su buen amigo Falk. Precisamente éste hizo un perfecto resumen de los intereses cinematográficos de Cassavetes: "Cada una de sus película trata siempre de lo mismo. Alguien dijo 'El hombre es Dios en ruinas', y John veía las ruinas con una claridad que usted y yo no podríamos soportar".
Además de intervenir como actor en varias de sus propias películas, Cassavetes también lo hizo en títulos ajenos como Las Vegas 1970 (1969) de Giuliano Montaldo, Capone (1975) de Steve Carver, Pánico en el estadio (1976) de Larry Peerce, Objetivo: Patton (1978) de John Hough, La furia (1978) de Brian De Palma, Mi vida es mía (1981) de John Badham, El íncubo (1982) de John Hough, o Tempestad (1982) de Paul Mazursky.
Largamente aficionado a la bebida, una cirrosis acabó con su vida a los 59 años.

 

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