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jueves, 19 de noviembre de 2015

¡Carmen! La Capitana (Documental biográfico de Carmen Amaya)

CARMEN AMAYA (Barcelona, España, 2-11-1918 / Bagur, Gerona, España, 19-11-1963): IN MEMORIAM

Hoy se cumplen 52 años del fallecimiento de la mítica bailaora española Carmen Amaya, la más grande leyenda del flamenco a escala universal de todos los tiempos. Desde que vino al mundo, oyendo el continuo murmullo del mar, llevó el arte flamenco, 'quejío' del alma gitana, en su sangre. Su incomparable fuerza, furia, embrujo y 'duende' en estado puro, desde muy pronto, se hicieron patentes para asombro de propios y extraños en cuantos escenarios pisó. A lo largo de su extraordinaria carrera, jalonada de memorables triunfos, su genio inigualable fue admirado por celebridades como Winston Churchill, la Reina Madre de Inglaterra, el Presidente Franklin D. Roosevelt. Arturo Toscanini, Leopold Stokowski, Charles Chaplin, Greta Garbo, Fred Astaire, Orson Welles, Marlon Brando, Luis Buñuel o Jean Cocteau. Aplaudida por tantos públicos, halagada por tantos éxitos, continuó siendo fiel a sus orígenes con la mayor sencillez hasta su temprana muerte a los 45 años.
Carmen Amaya Amaya nació en una barraca de madera junto al mar en el Somorrrostro barcelonés, un mísero barrio de chabolas habitado por gitanos. Sus padres eran el guitarrista José Amaya El Chino y Micaela Amaya. La hermana de la madre, Juana Amaya, conocida como La Faraona, fue, en cambio, muy conocida por su porte estatuario y su talento para el baile. La pequeña Carmencita Amaya compartió, desde mitad de los años veinte, los escenarios barceloneses junto a su padre y su tía. En 1929 comenzó su proyección internacional, pues fue contratada junto a su tía Juana y su prima María para actuar en París, en el espectáculo París-Madrid de la cupletista Raquel Meller. Aprovechando su estancia en París, el director de cine Benito Perojo también se fijó en el Trío Amaya para ambientar a lo flamenco unas secuencias de su película La bodega (1929). A su vuelta a Barcelona, los Amaya continuaron actuando por todos los escenarios posibles. Con motivo de la inauguración de la Semana Andaluza en la Exposición Nacional de Barcelona de 1930 visitada por el Rey Alfonso XIII, toda la familia fue retratada para un reportaje gráfico que apareció en la portada del suplemento Notas Gráficas de La Vanguardia.  
La llegada de la II República supuso un cambio a mejor en las condiciones de vida de toda su familia, los periodistas ya hablaban de ella, su caché subía y consiguieron abandonar la barraca de la playa para trasladarse a un piso en la calle de las Tapias, en el Barrio Chino. A partir de 1934, sus actuaciones y éxitos se suceden, ya conocida como La Capitana. El despegue definitivo, a nivel nacional, se produjo a partir de que el director José Luis Sáenz de Heredia la contrató como artista invitada en la película La hija de Juan Simón (1935). Instalada con su familia en Madrid, actuó en multitud de salas, como el Teatro de la Zarzuela, con Conchita Piquer y Miguel de Molina, y en otras localidades españolas, como Sevilla, San Sebastián o Valladolid. Su primer papel como protagonista en el cine se lo proporcionó Francisco Elías para María de la O (1936), meses antes de dejar España, al comienzo de la Guerra Civil.
En 1936, salió de Lisboa, con parte de su familia, rumbo a Buenos Aires, donde sus bailes causaron tal sensación, sobre todo en el Teatro Maravillas, que prorrogó sus actuaciones durante un año consecutivo. El éxito en Argentina le llevó a actuar por toda la geografía americana: Uruguay, Chile, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, República Dominicana, Cuba y, también, México. Durante su estancia en Cuba rodaron el pequeño cortometraje El embrujo del fandango (1939) del que un par de escenas del guitarrista Sabicas y Carmen fueron 'incrustadas' en la película Martingala (1940) de Fernando Mignoni.
Desembarcaron en Nueva York en diciembre de 1940 y, de la mano del empresario y mánager de estrellas Sol Hurok, debutaron en el cabaret Beachcomber el 17 de enero de 1941. Aquí empezó el periodo dorado en la trayectoria artística de Carmen Amaya. La revista LIFE le dedicó su portada y un amplio reportaje. Dejó el cabaret y debutó, a lo grande, en el Carnegie Hall de Nueva York en enero de 1942. Fue invitada para bailar en el President’s Birthday Ball, la fiesta benéfica que se hacía cada cumpleaños del Presidente F.D. Roosevelt, en 1943, que envió el avión presidencial para recogerla. En ese mismo año estrenó su versión de "El amor brujo" ante 20.000 espectadores en el inmenso Hollywood Bowl de Los Ángeles y aprovechó para grabar sus bailes en las películas Knickerbocker Holiday (1944), Follow the boys (1944) y, See my lawyer (1945). Su fama ya no tiene fronteras. En México rodó la película Los amores de un torero (1945) de José Díaz Morales, junto a Joaquín Rodríguez 'Cagancho', y siguió actuando por Cuba, Brasil, Venezuela, Uruguay y Argentina.
Volvió a España en 1947, después de once años de ausencia, como una artista consagrada mundialmente. Estrenó su espectáculo "Embrujo Español" en el Teatro Madrid de Madrid y luego lo siguió representando en diferentes localidades españolas, como Valladolid, Zamora o Sevilla. En Barcelona, lo estrenó el 18 de diciembre de ese mismo año y la prensa le dedicó especial atención, con enjundiosos artículos de Sebastià Guasch y Néstor Luján para la prestigiosa revista Destino.
Sus espectáculos ahora se representan en los mejores teatros de las principales ciudades de cada país. En París, actuó en el prestigioso Théatre des Champs Elysées y en Londres, en el Prince’s Theater. En su nueva gira por Argentina en 1950, llenó el Teatro Astral de Buenos Aires y el Avenida de Rosario. En 1951, actuó en Sevilla, en Biarritz, en Madrid, en Barcelona, en Lisboa. En este mismo año, y de la mano del guitarrista Mario Escudero, conocerá al que sería su marido, Juan Antonio Agüero. Se casaron el 19 de octubre de 1951 en Barcelona, en la iglesia de Santa Mónica, al final de las Ramblas. Fue una ceremonia sencilla, fiel a su estilo, a primera hora de la mañana, con unos pocos amigos íntimos y familiares allegados. El brevísimo noviazgo (de apenas 15 días) no fue óbice para que fueran un matrimonio entregado el uno para el otro hasta el final.  A partir de entonces y, probablemente influida por el carácter inquieto y viajero de Juan Antonio Agüero, la compañía de Carmen Amaya desplegó su arte por todos los rincones del planeta. Es difícil seguirlos en sus innumerables viajes: España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, Chile, México, Venezuela, Perú, México, etc.
Su vuelta a Nueva York, de nuevo en el Carnegie Hall, provocó la enaltecida crítica del experto en danza John Martin para The New York Times, el 1 de octubre de 1955. En 1956 y 1957 grabó en Nueva York con Sabicas a la guitarra los álbumes "Queen of the gypsies" y "Flamenco!" ensalzados por la prensa. Volvió a actuar en diferentes películas como Quand te tues-tu? (1953) del director francés Émile Couzinet, Dringue, Castrito y la lámpara de Aladino (1954) de Luis José Moglia, rodada en Argentina, y Música en la noche (1958) de Tito Davison, rodada en México. 
En 1959, gracias a la intervención de su amigo y periodista Josep Maria Massip durante el gobierno del alcalde Porcioles, Barcelona le rindió un emotivo homenaje con la inauguración de una fuente con su nombre en el Paseo Marítimo el 17 de febrero. Ella, emocionada, y generosa como siempre con todos los suyos, canceló sus compromisos y trasladó a su compañía desde París a Barcelona para ofrecer un único recital benéfico en el Palau de la Música para construir el nuevo Hospital-Asilo de San Rafael. Al final del concierto, se le impuso la Medalla de Oro concedida por el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Durante sus últimos años de vida siguió actuando sin desmayo, otra vez en los Estados Unidos, en México, Venezuela, Puerto Rico, Uruguay y Francia. En España, encadenó diversas giras por Palma de Mallorca y la Costa Brava, donde finalmente compró una bonita masía, el Mas Pinc de Begur (Gerona) en la que poder descansar en los breves interludios de sus extenuantes giras mundiales.
Carmen padeció toda su vida  una afección renal congénita. En los últimos años, su salud se había deteriorado muy rápidamente. El Dr. Puigvert, primera autoridad mundial en el campo de la urología, la atendía desde hacía algún tiempo. Su diagnóstico fue muy claro: debía dejar inmediatamente de bailar. Carmen no tenía curación posible, en aquella época no se conocían los trasplantes, pero podía alargar su vida. No le hizo caso, no podía hacérselo porque el baile era su vida ("Si no bailo, me muero" decía). Rodó la que sería su última película, Los tarantos (1963) de Francisco Rovira Beleta, ya muy enferma. Carmen no la pudo ver estrenar, pero ha quedado como su gran testamento cinematográfico. Una actuación llena de emoción, dramatismo y bailes inolvidables. La artista quiso pasar sus últimos días en su masía de Begur. Allí le pidieron que bailara una vez más en una actuación benéfica para recaudar fondos para la iluminación del viejo castillo del pueblo. Ella, que nunca tuvo un no, bailó, y lo hizo como siempre: con toda su alma. No pudo acabar la actuación. Aquella vez fue la última que se la vio bailar. A las nueve de la mañana del 19 de noviembre su corazón dejó de latir. Juan Antonio, su marido, acariciaba su mano con ternura. La noticia de su muerte corrió por todo el mundo, llenando de tristeza y desolación a todos los que la conocieron. Aquel día los teatros cerraron en señal de luto, los cines donde se proyectaba Los tarantos hicieron lo mismo, y los gitanos del Somorrostro, fieles a esa tradición que les hace bailar en los bautizos, en las bodas y en los entierros, lloraron, cantaron y bailaron toda la noche. Al amanecer, mirando al mar, dejaron en el suelo las guitarras y las castañuelas orladas de negro. Acabado el entierro, Juan Antonio Agüero se encerró en el sótano de la casa. Sólo le acompañaban su vieja guitarra y una caja de whisky. Se pasó una semana entera sin salir de allí. Nunca más volvió a tocar en público. Unos años después, cuando ya habían empezado a olvidarse de ella, su viudo se llevó los restos de Carmen al panteón familiar en Santander.

Como eco de la gloria de su leyenda, he aquí lo que algunos personajes famosos dijeron de Carmen Amaya:

Arturo Toscanini: "Jamás había visto en mi vida una bailarina con tanto fuego, ritmo y tan terrible y maravillosa personalidad".
Leopold Stokowski: "Tiene el diablo en el cuerpo".
Jean Cocteau: "Carmen Amaya es el granizo sobre el vidrio de una ventana, el grito de la golondrina, un cigarro fumado por una mujer soñadora, una tempestad de aplausos… Desde los ballets rusos de Sergei Diaghliev no habíamos vuelto a encontrarnos con esa clase de citas de amor en un teatro".
Charles Chaplin: "Es un volcán alumbrado por soberbios resplandores de música española".
Fred Astaire: "De Carmen hay mucho que ver, mucho que admirar… y mucho que aprender".
Greta Garbo: "Es una artista, y si parece poco, una artista única, porque es inimitable".
Orson Welles: "Es la más artista de las bailarinas, y la más genial de las artistas".



Con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento, RTVE emitió este magnífico y emocionante documental sobre la inolvidable bailaora flamenca dirigido por Marcel Li Parés en 2013.

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