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domingo, 7 de mayo de 2017

Berliner Philharmoniker, Claudio Abbado (conductor) - Hungarian Dance nº 5, Johannes Brahms

JOHANNES BRAHMS (Hamburg, German Empire, 7-5-1833 / Austro-Hungarian Empire, Vienna, 3-4-1897): IN MEMORIAM

Hoy es aniversario natal del compositor y pianista alemán Johannes Brahms, el más clásico de los creadores musicales germánicos y uno de los más importantes, junto a Beethoven y Bach (las tres míticas 'B' iniciales de la historia de la música). En una época en que la división entre partidarios y detractores de Richard Wagner llegó a su grado más alto, la figura de Brahms encarnó para muchos de sus contemporáneos el ideal de una música continuadora de la tradición clásica y de la primera generación romántica, opuesta a los excesos y megalomanía wagnerianos. En Viena consolidó su personal estilo, que, desde unos iniciales planteamientos influidos por la lectura de los grandes de la literatura romántica alemana y cercanos a la estética de Schumann, derivó hacia un posicionamiento que buscaba sus modelos en la tradición de los clásicos vieneses y en la pureza y austeridad de Bach. Donde se advierte más claramente su inspiración romántica es en sus numerosas colecciones de lieder. El resto de su producción es de una gran mesura y nobleza de expresión, eludiendo siempre cualquier confesión personal. Su obra abarca todo tipo de música menos ópera. Perfeccionista y autocrítico, reelaboró en muchas ocasiones sus piezas antes de darles una forma final y las transcribió para distintas combinaciones de instrumentos.
Johannes Brahms nació en el seno de una modesta familia en la que el padre, su primer instructor musical, tocaba el contrabajo en el teatro de su ciudad. Músico precoz, el pequeño Johannes empezó pronto a acompañar a su progenitor al violín y no tardó en estudiar teoría musical y piano, primero con Otto Cossel (desde 1840) y más tarde con Eduard Marxsen (de 1845 a 1848), un gran profesor que supo ver en su joven alumno un talento excepcional, que influyó notablemente en él y le proporcionó una rigurosa formación técnica basada en los clásicos, inculcándole también la pasión por el trabajo disciplinado, algo que Brahms conservó toda su vida. A diferencia de algunos de sus contemporáneos que explotaron la idea del artista llevado del arrebato de la inspiración o del genio, Brahms dio siempre prioridad especial a la disciplina, el orden y la templanza.
Excelente pianista, se presentó en público en 1848 en su ciudad natal con gran éxito, pese a que, más que la interpretación, su verdadera vocación era la composición. En el arduo camino que siguió hasta alcanzar tal meta, Marxsen constituyó un primer eslabón, pero el segundo y quizá más importante fue Robert Schumann, a quien fue presentado en 1853 durante una gira de conciertos como acompañante del violinista húngaro Eduard Reményi. Tras una corta estancia en Weimar, ciudad en la que conoció a Franz Liszt, se trasladó a Düsseldorf, donde entabló contacto con Schumann, quien quedó sorprendido ante las innegables dotes del joven artista. La amistad entre ambos se mantendría hasta la muerte de Schumann en 1856. De carácter reservado, con problemas para relacionarse con las mujeres, Brahms estuvo enamorado de la pianista Clara Schumann, una relación que se intensificó al enviudar ella, aunque nunca llegaron a casarse.
Su primera gran obra presentada al público fue el Concierto nº 1 para piano y orquesta en re menor, que fue ejecutado por él mismo en Leipzig en el año 1859. En 1863 se instaló en Viena y allí lo nombraron director de la Academia de Canto, aunque abandonó el puesto un año después y se dedicó por completo a la composición. En 1868 logró fama en toda Europa por el estreno de su Requiem alemán, llamado así por que el texto está tomado de la traducción alemana que hizo Lutero de la Biblia, en vez de de utilizar el texto en latín, como usualmente se hacía. De ese año es también su célebre Canción de cuna (Wiegenlied) y el siguiente completó sus 21 Danzas Húngaras. En 1871 fue nombrado en Viena director de la Sociedad de los Amigos de la Música, otro puesto al que renunciaría en 1874.
Hasta 1873 Brahms había escrito sobre todo música para piano (lo haría toda su vida), el instrumento que mejor dominaba, y para coro y orquesta. Ese año compuso las Variaciones sobre un tema de Haydn en versión orquestada. Esta obra demostró su maestría en la composición de música para orquesta y fue el comienzo de sus grandes obras, que se cuentan entre lo mejor de la composición musical de todos los tiempos. Entre sus obras maestras destacan la majestuosa Sinfonía nº 1 en do menor (1876), la suave y dulce Sinfonía nº 2 en re mayor (1877), la Obertura del Festival académico (1880), que contiene canciones de estudiantes alemanes, la sombría Obertura Trágica (1880), la poética Sinfonía nº 3 en fa mayor (1883) y la Sinfonía nº 4 en mi menor (1885), con su emocionante y brillante final. Todas estas obras muestran una estructura muy compleja, heredada de la tradición vienesa clásica. Al contrario que sus coetáneos, Brahms rechazó el uso superfluo de nuevos efectos armónicos y cromatismos. Se esforzó más bien por componer música de gran coherencia interna, utilizando los efectos nuevos sólo para subrayar los matices estructurales internos. Así pues, sus mejores obras no contienen añadidos innecesarios; cada tema, figura y modulación están anunciados en los pasajes precedentes.
Otras obras importantes, además de las anteriormente mencionadas, son la Canción del destino (1871), versión musical de un poema de Hölderlin, para coro y orquesta, el Concierto para violín en re mayor (1878), obra obligada en el repertorio violinístico contemporáneo, tres cuartetos de cuerda, cinco tríos, un quinteto para clarinete, varias composiciones de cámara combinando distintos instrumentos y más de ciento cincuenta canciones.
Johannes Brahms falleció a los 63 años, víctima de un cáncer de hígado.



Las Danzas Húngaras (1869) conforman un grupo de 21 y figuran entre las obras más populares de Brahms. Originalmente las compuso para piano a cuatro manos, y luego arregló diez de ellas para piano solo y algunas otras (números 1, 3 y 10) para orquesta. Otros compositores han orquestado las demás. La más conocida es la Danza Húngara nº 5 en fa sostenido menor (sol menor en la versión orquestal).

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