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viernes, 20 de noviembre de 2015

Henri-Georges Clouzot (Niort, France, 20-11-1907 / París, France, 12-1-1977): In memoriam

CONTROVERTIDO, PESIMISTA, LÚCIDO... Y AUTOR

Hoy es aniversario natal del cineasta francés Henri-Georges Clouzot. Director, guionista de todos sus films y productor de algunos, dejó una obra no muy numerosa pero de gran calidad e interés, aún no revaluada como merece. En ella se rastrea una personalidad extraordinariamente fuerte y original. Siempre controvertido, Clouzot era un espíritu libre, que no aceptaba ninguna forma de censura. Dotado de talento perfeccionista, se le acusó de dilapidar presupuestos y de tiranizar a  los actores de sus films. Pese a las críticas de sus contemporáneos, fue un auteur, en toda la extensión de la palabra: Tuvo un estilo propio tanto temático como formal. Su cine se caracteriza por el frío análisis del mundo y sus criaturas, heredero de la tradición realista francesa, y su gusto por la más depurada y rigurosa de las dramaturgias, sin concesiones al sentimentalismo fácil. Su pesimismo sombrío se manifiesta siempre suavizado por el amor, último refugio de sus personajes y único valor que puede salvar al ser humano de la desesperación o la infamia. Los caracteres de sus films son casi siempre corrompidos, pusilánimes o miserables, pero no hay maniqueismo en su universo, ya que el bien y el mal, la verdad y la mentira coexisten en cada individuo y esa lucidez desesperanzada es, sin duda, la clave moral de Clouzot. Infravalorado como autor de suspenses policiacos o por el impacto que produce en el espectador la descripción de ambientes opresivos que acorralan a sus personajes, su estilo pasa por llevar al límite los contrastes, a fin de indagar en la angustia existencial y desvelar las contradicciones humanas. Su obra, mezcla de clasicismo y vanguardia, influída tanto por el cine negro estadounidense o el expresionismo alemán, como por  lecturas de novelas de misterio o de Kafka,  se erige finalmente en una de las más sugererentes del cine europeo de cualquier época.
El mayor de tres hijos del propietario de una librería, Henri-Georges Clouzot se trasladó con su familia a Brest tras la quiebra del negocio de su padre. A los 18 años marchó a París a estudiar ciencias políticas y mientras vivió allí desarrolló su talento para la escritura, trabajando como letrista de canciones, adaptador de guiones y director de diálogos de las dobles versiones idiomáticas en francés que se hacían de precedentes éxitos cinematográficos en alemán o inglés. Enviado a Berlín, quedó impresionado por las películas expresionistas de F. W. Murnau y Fritz Lang y, bajo su influencia, debutó como director con el cortometraje Le terreur des batignolles (1931). También vió varios desfiles nazis y quedó impactado por lo ajena que se mostraba Francia a lo que estaba ocurriendo en Alemania. En 1934, Clouzot fue expulsado de los Estudios UFA por su amistad con productores judíos. Diagnosticado de tuberculosis, se desplazó a los Alpes y luego a Suiza, donde permaneció casi cinco años ingresado en un sanatorio. Durante ese tiempo leyó constantemente y aprendió técnicas para mejorar sus guiones, al tiempo que observó la frágil naturaleza de sus compañeros hospitalizados. Cuando regresó a París, la Segunda Guerra Mundial había estallado, pero sus problemas de salud le libraron del servicio militar. El cine francés había cambiado como consecuencia de la huida de numerosos directores al extranjero y Clouzot encontró dificultades para subsistir. Entre 1940 y 1943 escribió cuatro obras teatrales. Ya con Francia ocupada por los alemanes se vió obligado a trabajar para ellos como guionista en la productora Continental Films. La primera película que dirigió fue El asesino vive en el 21 (1942), comedia de intriga con Pierre Fresnay y Suzy Delair, cuyo éxito propició la realización de El cuervo (1943), drama rural con Pierre Fresnay, que para bien y para mal, marcó de forma indeleble la parte inicial de su carrera. Partiendo de un hecho verídico (el envío de cartas anónimas a los habitantes de un pequeño pueblo y la agitación social que este hecho provoca), Clouzot desplegaba toda su capacidad para adentrarse en la psicología de los personajes, creando un perfecto mecanismo de intriga. Magnífica muestra del cine de suspense, este film (prohibido tras la guerra hasta 1947 y hoy un clásico) le supuso en cambio que el director se viera apartado de la profesión varios años por las acusaciones de colaboracionista con el régimen de Vichy y criticado por la prensa izquierdista por presentar al pueblo francés 'envilecido'.
Su vuelta sería por la puerta grande con En legítima defensa (1947), relato de un sórdido crimen, obra maestra del cine de intriga psicológica protagonizada por Louis Jouvet, en donde las conductas humanas son analizadas con lupa. Este largometraje devolvió a Clouzot a la primera línea como director. Sincero admirador del surrealismo, sobre el que tuvo ocasión de escribir durante su etapa como periodista, los elogios le serían devueltos por personalidades de la talla de Luis Buñuel tras el estreno de Manon (1949), historia de un amor que va más allá de la propia realidad hasta negar incluso la muerte. El film, que adaptaba a tiempos contemporáneos la novela "Manon Lescaut" del Abbé Prévost, con Serge Reggiani, Cécile Aubry y Michel Auclair, ganó el León de Oro en el Festival de Venecia. El encadenamiento de títulos importantes tendrá continuación con dos obras maestras: El salario del miedo (1953), soberbio thriller de aventuras con Charles Vanel, Yves Montand, Folco Lulli, Peter van Eyck y Véra Clouzot, donde se describía con amargos tonos la peripecia vital de cuatro hombres unidos por el transporte de un peligroso explosivo que amenaza sus vidas, a cambio de un sueldo miserable, film ganador del Oso de Oro en Berlín, la Palma de Oro en Cannes y el BAFTA a la mejor pelicula, y Las diabólicas (1955), intenso thriller de intriga y terror con Simone Signoret, Véra Clouzot, Paul Meurisse y Charles Vanel, que apuntalaría su fama de cineasta magníficamente dotado para adentrarse en las profundidades de la psicología humana, con el añadido de una batería de golpes de efecto que crearían escuela y que se encuentran en la base del más moderno thriller contemporáneo. De hecho, muchos de sus hallazgos no han logrado todavía ser superados. Estas películas lanzaron su nombre a escala internacional, incluyendo Estados Unidos, donde pasó a ser considerado como el Alfred Hitchcock francés.
El misterio Picasso (1956), documental sobre el pintor malagueño, suponía un respiro en la carrera de Clouzot, al tiempo que una profundización en su línea de trabajo consistente en explorar los más recónditos pliegues de la personalidad humana. En una nueva vuelta de tuerca sobre atmósferas turbias, crímenes sin esclarecer y comportamientos irracionales del individuo que tienen su explicación en lo más profundo de nuestra psicología, Los espías (1957), thriller kafkiano con Curd Jürgens y Peter Ustinov, acababa desembocando en un universo del absurdo donde la realidad se integra con perfecta naturalidad. La verdad (1960), drama judicial cuyo reparto estaba encabezado por Brigitte Bardot, marcó el punto de inflexión en su carrera: los tiempos estaban cambiando, la juventud demandaba historias cercanas a sus intereses y Clouzot era un realizador demasiado próximo a lo que se consideraba, sin mucho criterio ni conocimiento, como clasicismo frente a la emergente nouvelle vague. En todo caso, el film fue candidato al Oscar a la mejor película en lengua extranjera y resultó el más taquillero en toda la carrera de la Bardot.
Cada vez más apartado de la profesión, molesto por las opiniones contra él y su cine vertidas en Cahiers du cinéma, sufrió un golpe definitivo con "L'enfer", proyecto inacabado por la enfermedad de su protagonista Serge Reggiani, que treinta años más tarde retomaría Claude Chabrol con el mismo título, y donde pretendía reflejar hasta qué extremos pueden llevarnos enfermedades patológicas como los celos. Entre 1965 y 1967 Clouzot filmó cinco documentales para la televisión francesa con Herbert von Karajan dirigiendo piezas musicales clásicas. El rodaje de La prisionera (1968), compleja historia de amor con Laurent Terzieff y Elisabeth Wiener, también debió interrumpirse, en este caso por enfermedad del director, aunque el rodaje se pudo concluir, si bien su salud empeoró y diversos guiones escritos por él nunca se filmaron. En noviembre de 1976 hubo de ser intervenido a corazón abierto y en enero de 1977 falleció en su apartamento parisino mientras escuchaba "La condenación de Fausto" de Berlioz.
Henri-Georges Clouzot fue durante años pareja de la actriz Suzy Delair, a quien conoció en un cabaret parisino a finales de los años 30. Su primera esposa fue la actriz Véra Clouzot, con la que se casó en 1950, a quien hizo estrella de varias de sus mejores películas y de la que enviudó en 1960, al morir ella de un ataque cardiaco. Tras atravesar una profunda depresión, el cineasta encontró una segunda esposa en 1963, Inès de Gonzalez, con la que permaneció hasta su final.

    

jueves, 19 de noviembre de 2015

¡Carmen! La Capitana (Documental biográfico de Carmen Amaya)

CARMEN AMAYA (Barcelona, España, 2-11-1918 / Bagur, Gerona, España, 19-11-1963): IN MEMORIAM

Hoy se cumplen 52 años del fallecimiento de la mítica bailaora española Carmen Amaya, la más grande leyenda del flamenco a escala universal de todos los tiempos. Desde que vino al mundo, oyendo el continuo murmullo del mar, llevó el arte flamenco, 'quejío' del alma gitana, en su sangre. Su incomparable fuerza, furia, embrujo y 'duende' en estado puro, desde muy pronto, se hicieron patentes para asombro de propios y extraños en cuantos escenarios pisó. A lo largo de su extraordinaria carrera, jalonada de memorables triunfos, su genio inigualable fue admirado por celebridades como Winston Churchill, la Reina Madre de Inglaterra, el Presidente Franklin D. Roosevelt. Arturo Toscanini, Leopold Stokowski, Charles Chaplin, Greta Garbo, Fred Astaire, Orson Welles, Marlon Brando, Luis Buñuel o Jean Cocteau. Aplaudida por tantos públicos, halagada por tantos éxitos, continuó siendo fiel a sus orígenes con la mayor sencillez hasta su temprana muerte a los 45 años.
Carmen Amaya Amaya nació en una barraca de madera junto al mar en el Somorrrostro barcelonés, un mísero barrio de chabolas habitado por gitanos. Sus padres eran el guitarrista José Amaya El Chino y Micaela Amaya. La hermana de la madre, Juana Amaya, conocida como La Faraona, fue, en cambio, muy conocida por su porte estatuario y su talento para el baile. La pequeña Carmencita Amaya compartió, desde mitad de los años veinte, los escenarios barceloneses junto a su padre y su tía. En 1929 comenzó su proyección internacional, pues fue contratada junto a su tía Juana y su prima María para actuar en París, en el espectáculo París-Madrid de la cupletista Raquel Meller. Aprovechando su estancia en París, el director de cine Benito Perojo también se fijó en el Trío Amaya para ambientar a lo flamenco unas secuencias de su película La bodega (1929). A su vuelta a Barcelona, los Amaya continuaron actuando por todos los escenarios posibles. Con motivo de la inauguración de la Semana Andaluza en la Exposición Nacional de Barcelona de 1930 visitada por el Rey Alfonso XIII, toda la familia fue retratada para un reportaje gráfico que apareció en la portada del suplemento Notas Gráficas de La Vanguardia.  
La llegada de la II República supuso un cambio a mejor en las condiciones de vida de toda su familia, los periodistas ya hablaban de ella, su caché subía y consiguieron abandonar la barraca de la playa para trasladarse a un piso en la calle de las Tapias, en el Barrio Chino. A partir de 1934, sus actuaciones y éxitos se suceden, ya conocida como La Capitana. El despegue definitivo, a nivel nacional, se produjo a partir de que el director José Luis Sáenz de Heredia la contrató como artista invitada en la película La hija de Juan Simón (1935). Instalada con su familia en Madrid, actuó en multitud de salas, como el Teatro de la Zarzuela, con Conchita Piquer y Miguel de Molina, y en otras localidades españolas, como Sevilla, San Sebastián o Valladolid. Su primer papel como protagonista en el cine se lo proporcionó Francisco Elías para María de la O (1936), meses antes de dejar España, al comienzo de la Guerra Civil.
En 1936, salió de Lisboa, con parte de su familia, rumbo a Buenos Aires, donde sus bailes causaron tal sensación, sobre todo en el Teatro Maravillas, que prorrogó sus actuaciones durante un año consecutivo. El éxito en Argentina le llevó a actuar por toda la geografía americana: Uruguay, Chile, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, República Dominicana, Cuba y, también, México. Durante su estancia en Cuba rodaron el pequeño cortometraje El embrujo del fandango (1939) del que un par de escenas del guitarrista Sabicas y Carmen fueron 'incrustadas' en la película Martingala (1940) de Fernando Mignoni.
Desembarcaron en Nueva York en diciembre de 1940 y, de la mano del empresario y mánager de estrellas Sol Hurok, debutaron en el cabaret Beachcomber el 17 de enero de 1941. Aquí empezó el periodo dorado en la trayectoria artística de Carmen Amaya. La revista LIFE le dedicó su portada y un amplio reportaje. Dejó el cabaret y debutó, a lo grande, en el Carnegie Hall de Nueva York en enero de 1942. Fue invitada para bailar en el President’s Birthday Ball, la fiesta benéfica que se hacía cada cumpleaños del Presidente F.D. Roosevelt, en 1943, que envió el avión presidencial para recogerla. En ese mismo año estrenó su versión de "El amor brujo" ante 20.000 espectadores en el inmenso Hollywood Bowl de Los Ángeles y aprovechó para grabar sus bailes en las películas Knickerbocker Holiday (1944), Follow the boys (1944) y See my lawyer (1945). Su fama ya no tiene fronteras. En México rodó la película Los amores de un torero (1945) de José Díaz Morales, junto a Joaquín Rodríguez 'Cagancho', y siguió actuando por Cuba, Brasil, Venezuela, Uruguay y Argentina.
Volvió a España en 1947, después de once años de ausencia, como una artista consagrada mundialmente. Estrenó su espectáculo "Embrujo Español" en el Teatro Madrid de Madrid y luego lo siguió representando en diferentes localidades españolas, como Valladolid, Zamora o Sevilla. En Barcelona, lo estrenó el 18 de diciembre de ese mismo año y la prensa le dedicó especial atención, con enjundiosos artículos de Sebastià Guasch y Néstor Luján para la prestigiosa revista Destino.
Sus espectáculos ahora se representan en los mejores teatros de las principales ciudades de cada país. En París, actuó en el prestigioso Théatre des Champs Elysées y en Londres, en el Prince’s Theater. En su nueva gira por Argentina en 1950, llenó el Teatro Astral de Buenos Aires y el Avenida de Rosario. En 1951, actuó en Sevilla, en Biarritz, en Madrid, en Barcelona, en Lisboa. En este mismo año, y de la mano del guitarrista Mario Escudero, conocerá al que sería su marido, Juan Antonio Agüero. Se casaron el 19 de octubre de 1951 en Barcelona, en la iglesia de Santa Mónica, al final de las Ramblas. Fue una ceremonia sencilla, fiel a su estilo, a primera hora de la mañana, con unos pocos amigos íntimos y familiares allegados. El brevísimo noviazgo (de apenas 15 días) no fue óbice para que fueran un matrimonio entregado el uno para el otro hasta el final.  A partir de entonces y, probablemente influida por el carácter inquieto y viajero de Juan Antonio Agüero, la compañía de Carmen Amaya desplegó su arte por todos los rincones del planeta. Es difícil seguirlos en sus innumerables viajes: España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, Chile, México, Venezuela, Perú, México, etc.
Su vuelta a Nueva York, de nuevo en el Carnegie Hall, provocó la enaltecida crítica del experto en danza John Martin para The New York Times, el 1 de octubre de 1955. En 1956 y 1957 grabó en Nueva York con Sabicas a la guitarra los álbumes "Queen of the gypsies" y "Flamenco!" ensalzados por la prensa. Volvió a actuar en diferentes películas como Quand te tues-tu? (1953) del director francés Émile Couzinet, Dringue, Castrito y la lámpara de Aladino (1954) de Luis José Moglia, rodada en Argentina, y Música en la noche (1958) de Tito Davison, rodada en México. 
En 1959, gracias a la intervención de su amigo y periodista Josep Maria Massip durante el gobierno del alcalde Porcioles, Barcelona le rindió un emotivo homenaje con la inauguración de una fuente con su nombre en el Paseo Marítimo el 17 de febrero. Ella, emocionada, y generosa como siempre con todos los suyos, canceló sus compromisos y trasladó a su compañía desde París a Barcelona para ofrecer un único recital benéfico en el Palau de la Música para construir el nuevo Hospital-Asilo de San Rafael. Al final del concierto, se le impuso la Medalla de Oro concedida por el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Durante sus últimos años de vida siguió actuando sin desmayo, otra vez en los Estados Unidos, en México, Venezuela, Puerto Rico, Uruguay y Francia. En España, encadenó diversas giras por Palma de Mallorca y la Costa Brava, donde finalmente compró una bonita masía, el Mas Pinc de Begur (Gerona) en la que poder descansar en los breves interludios de sus extenuantes giras mundiales.
Carmen padeció toda su vida una afección renal congénita. En los últimos años, su salud se había deteriorado muy rápidamente. El Dr. Puigvert, primera autoridad mundial en el campo de la urología, la atendía desde hacía algún tiempo. Su diagnóstico fue muy claro: debía dejar inmediatamente de bailar. Carmen no tenía curación posible, en aquella época no se conocían los trasplantes, pero podía alargar su vida. No le hizo caso, no podía hacérselo porque el baile era su vida ("Si no bailo, me muero" decía). Rodó la que sería su última película, Los tarantos (1963) de Francisco Rovira Beleta, ya muy enferma. Carmen no la pudo ver estrenar, pero ha quedado como su gran testamento cinematográfico. Una actuación llena de emoción, dramatismo y bailes inolvidables. La artista quiso pasar sus últimos días en su masía de Begur. Allí le pidieron que bailara una vez más en una actuación benéfica para recaudar fondos para la iluminación del viejo castillo del pueblo. Ella, que nunca tuvo un no, bailó, y lo hizo como siempre: con toda su alma. No pudo acabar la actuación. Aquella vez fue la última que se la vio bailar. A las nueve de la mañana del 19 de noviembre su corazón dejó de latir. Juan Antonio, su marido, acariciaba su mano con ternura. La noticia de su muerte corrió por todo el mundo, llenando de tristeza y desolación a todos los que la conocieron. Aquel día los teatros cerraron en señal de luto, los cines donde se proyectaba Los tarantos hicieron lo mismo, y los gitanos del Somorrostro, fieles a esa tradición que les hace bailar en los bautizos, en las bodas y en los entierros, lloraron, cantaron y bailaron toda la noche. Al amanecer, mirando al mar, dejaron en el suelo las guitarras y las castañuelas orladas de negro. Acabado el entierro, Juan Antonio Agüero se encerró en el sótano de la casa. Sólo le acompañaban su vieja guitarra y una caja de whisky. Se pasó una semana entera sin salir de allí. Nunca más volvió a tocar en público. Unos años después, cuando ya habían empezado a olvidarse de ella, su viudo se llevó los restos de Carmen al panteón familiar en Santander.

Como eco de la gloria de su leyenda, he aquí lo que algunos personajes famosos dijeron de Carmen Amaya:

Arturo Toscanini: "Jamás había visto en mi vida una bailarina con tanto fuego, ritmo y tan terrible y maravillosa personalidad".
Leopold Stokowski: "Tiene el diablo en el cuerpo".
Jean Cocteau: "Carmen Amaya es el granizo sobre el vidrio de una ventana, el grito de la golondrina, un cigarro fumado por una mujer soñadora, una tempestad de aplausos… Desde los ballets rusos de Sergei Diaghliev no habíamos vuelto a encontrarnos con esa clase de citas de amor en un teatro".
Charles Chaplin: "Es un volcán alumbrado por soberbios resplandores de música española".
Fred Astaire: "De Carmen hay mucho que ver, mucho que admirar… y mucho que aprender".
Greta Garbo: "Es una artista, y si parece poco, una artista única, porque es inimitable".
Orson Welles: "Es la más artista de las bailarinas, y la más genial de las artistas".



Con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento, RTVE emitió este magnífico y emocionante documental sobre la inolvidable bailaora flamenca dirigido por Marcel Li Parés en 2013.
 





miércoles, 18 de noviembre de 2015

Fred Astaire - Something's gotta give

JOHNNY MERCER (Savannah, Georgia, US, 18-11-1909 / Los Angeles, California, US, 25-6-1976): IN MEMORIAM

Hoy es aniversario natal del letrista y compositor estadounidense Johnny Mercer, autor de muchas canciones populares entre los años 30 y los 60 en colaboración con otros músicos (Hoagy Carmichael, Richard A. Whiting, Harry Warren, Harold Arlen, Victor Schertzinger, Jerome Kern, Henry Mancini, etc) y también en solitario. La mayoría de ellas fueron destinadas a espectáculos de Broadway o a películas de Hollywood. Diecinueve veces nominado al Oscar, lo ganó en cuatro como letrista de las canciones On the Atchison, Topeka and the Santa Fe ("The Harvey girls", 1946, música de Harry Warren), In the cool, cool, cool of the evening ("Aquí viene el novio",1951, música de Hoagy Carmichael), Moon river ("Desayuno con diamantes", 1961, música de Henry Mancini) y Days of wine and roses ("Días de vino y rosas", 1962, música de Henry Mancini)



Recordamos su figura con Something's gotta give, composición propia escrita para el musical "Papá piernas largas" (1955), dirigido por Jean Negulesco y protagonizado por Fred Astaire y Leslie Caron, que en el video se puede escuchar en la voz del primero de éstos.

martes, 17 de noviembre de 2015

Vintage delights (LII)

 Greta Garbo

"The jazz singer" premiere

 Marlon Brando & Vivien Leigh at the set of  "A streetcar named desire"

Jerry Lewis

Irene Dunne

 The Marx Brothers

Omar Sharif

Warren Beatty

Virna Lisi

Gloria Swanson

Bette Davis

 Paul Newman and Joanne Woodward at home in Beverly Hills, 1958

Marlene Dietrich

Carole Lombard

Mack Sennett's Bathing Beauties

Alan Ladd

Ella Raines

Our gang

James Dean

Arnold Schwarzenegger

Jane Fonda, publicity pose for "Barbarella" (1968)

Fred Astaire

Bing Crosby

Elizabeth Taylor


lunes, 16 de noviembre de 2015

Elvira Ríos - Flores negras

ELVIRA RÍOS (Ciudad de México, 16-11-1913 / Ibídem, 13-1-1987): IN MEMORIAM

Hoy es aniversario natal de Elvira Ríos, la primera cantante mexicana que adquirió categoría internacional en la época de oro del bolero romántico, actuando en países latinoamericanos como Argentina o Chile. Tuvo un gusto muy particular para cantar y su estilo de decir sus canciones hizo que llegara a ser una de las intérpretes más importantes de los años de la radio en México.
Elvira Ríos fue una auténtica pionera que rompió tabúes y abrio caminos para las cantantes de su tiempo. Fue la primera en atreverse a cantar boleros cuando este género estaba considerado como de los arrabales y de personas no recomendables. La sociedad conservadora de entonces pensaba que los boleros eran sólo para hombres asiduos de cantinas, bares, antros y tugurios, porque hablaban de bajas pasiones, malas mujeres, infidelidad, traición y de lo más bajo en que se puede caer a consecuencia de un mal amor. Por ello era inconcebible que una mujer osara cantar sobre asuntos que las buenas conciencias consideraban contrarios a la moral y las buenas costumbres.
Elvira Gallegos Cerda (su nombre real) fue descubierta por Agustín Lara cuando trabajaba en un café nocturno de la Ciudad de México. Impresionado por su voz grave y profunda de contralto, el compositor se ofreció a apoyarla y componer para ella algunas canciones, recomendándola asímismo en la emisora nacional XEW. A la sazón no había otra cantante capaz de entonar con tanta emoción y dramatismo, por lo que Elvira Ríos alcanzó gran popularidad. De carácter extraño, difícil, explosivo y temperamental, tuvo dos apodos: La Voz de Humo y La Emocional.
En su voz se hicieron clásicos temas de los mejores compositores como Noche de ronda, Amor de mis amores, Ausencia, Concha Nácar, Limosna, Triste camino, Porque ya no me quieres, Janitzio (Agustín Lara), Noche de luna, Calla, tristeza, Muy quedito, Temor, Llévame (Gonzalo Curiel), Desesperadamente, Amor, amor, amor, La cita (Gabriel Ruiz), Ya no me quieres, Cuando vuelva a tu lado (María Grever), Mi carta, Somos (Mario Clavell), etc.
También intervino sin acreditar en películas de Hollywood como "La diligencia" (1939) de John Ford y "La jungla en armas" (1939) de Henry Hathaway, y protagonizó en Argentina "Ven, mi corazón te llama" (1942) y "El tango vuelve a París" (1948), ambas de Manuel Romero.
Vivió algún tiempo en París y más de diez años en los Estados Unidos, donde fue artista de la NBC y se presentó en los lugares más renombrados, como el Rockefeller Center de Nueva York. Cuando volvió a México, fue requerida de nuevo por la XEW. A lo largo de su carrera grabó unas 400 canciones, recogidas en 35 álbumes, interpretando fielmente la emoción romántica de su tiempo. Alejada de los escenarios en 1979, falleció casi en el olvido a los 73 años.



Flores negras fue el bolero con el que despegó en México la carrera del compositor cubano Sergio de Karlo (1911-2010). Registrado en 1935 y estrenado por Pedro Vargas con enorme éxito, tuvo cuantiosas versiones, incluídas las de Bing Crosby o Eydie Gorme con Los Panchos. La de Elvira Ríos es exquisitamente modélica.
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domingo, 15 de noviembre de 2015

Richmal Crompton (Bury, Lancashire, UK, 15-11-1890 / Chislehurst, London, UK, 11-1-1969): In memoriam

LA CREADORA DE WILLIAM BROWN

Hoy se conmemora el 125 aniversario del nacimiento de la escritora británica Richmal Crompton, autora de la serie de  narraciones que tienen como protagonista a William Brown (Guillermo para los hispanoparlantes), un travieso niño de once años. En sus sucesivas entregas hizo gala de una fina comprensión de la psicología infantil, que sin duda es deudora de los años en que trabajó como maestra de escuela. La prolongada serie es uno de los clásicos de la literatura para niños.
Hija de un clérigo y profesor de Gramática, Richmal Crompton Lamburn estudió en la Universidad de Londres para convertirse en maestra, graduándose con honores en lenguas clásicas en 1914. También tomó parte en el movimiento sufragista femenino. Cuando llevaba nueve años ejerciendo su profesión contrajo una poliomielitis que la condenó a arrastrar su pierna derecha y a valerse de un bastón durante el resto de sus días. Por ello, abandonó la docencia y comenzó a escribir. Más adelante sufrió un cáncer de pecho que requirió una mastectomía. Nunca se casó ni tuvo hijos, aunque sí sobrinos y sobrinos-nietos.
Su principal aportación literaria la constituyeron los libros sobre William Brown, personaje símbolo de la innata rebelión del espíritu infantil, con sus perpetuos calcetines caídos, su gorra de visera a rayas y sus zapatos embarrados. Le secundan sus amigos Henry, Douglas y Ginger, llamados a sí mismos Los Proscritos, y el perro Jumble, especialistas en meterse en todo tipo de líos y sembrar un hilarante caos a su alrededor. William y sus amigos viven en un pueblo de la campiña inglesa, en un ambiente burgués rural, de buenas familias, de amas de casa metidas a benefactoras de la Humanidad, de reverendos anglicanos y de meriendas vespertinas, ajenos al ambiente adulto que les rodea pero, inevitablemente, inmersos en él. De ahí sus trastadas, auténticos ataques, a veces furibundos, contra ese universo. Desterrados en un mundo de mayores, de costumbres rígidas y convencionales, la banda liderada por William, por ley de vida, tratarán de oponerse a su manera, unas veces de modo voluntario y consciente, otras de modo involuntario e inconsciente. Las diferencias generacionales son, pues, sus enemigos eternos y la principal fuente de desencuentros, equívocos y momentos jocosos de la mayoría de los relatos. Sin olvidar tampoco los enfrentamientos con los niños repipis, encarnados por Hubert Lane y compañía. Sus amigos no cuestionan su liderazgo, pero en su familia, sólo su madre parece comprender parcialmente a William; no así sus hermanos mayores Ethel y Robert, mientras que su padre se manifiesta apenas condescendiente. Aun con terrible gramática, a Wiliam le gusta escribir, así como el arte dramático, tocar la armónica, el fútbol, el críquet, los ratones blancos y los caramelos de menta envueltos en celofán.
Crompton dio comienzo a la serie con Just William (Travesuras de Guillermo), libro publicado en 1922 que, curiosamente, inició pensando más en un público adulto que en un público infantil, con la intención de ofrecer una imagen, entre afectuosa, irónica y asombrada, del candoroso e incomprensible mundo infantil visto por una afable tía soltera. Sin embargo, su simpático personaje de anarquizante ingenuidad, para el que se inspiró en su sobrino Tommy, pronto se convirtió en un favorito de la literatura infantil y se mantuvo inalterable en sus eternos once años a través de casi cinco décadas en la vida de su creadora y en los treinta y ocho títulos restantes que comprenden el total de la serie (el último publicado postumamente en 1970). La saga contiene una muy apreciable y detallada visión costumbrista de la época, sutilmente descrita con satírico humor inglés. Sólo en el Reino Unido los libros de William Brown vendieron más de doce millones de ejemplares y fueron adaptados para películas, obras teatrales y series de radio y televisión. Las deliciosas ilustraciones de Thomas Henry contibuyeron a su éxito. Traducidos a nueve idiomas, se distribuyeron por todo el mundo. En España fueron ampliamente comercializados en los años 50 por la Editorial Molino, con características tapas duras. Escritores como Fernando Savater o Javier Marías han confesado su deuda literaria con la colección.
La autora escribió también otros libros para niños y más de cuarenta meritorias novelas para adultos, pero su difusión no fue comparable a la de sus narraciones sobre William. Falleció en su casa en un suburbio londinense a los 78 años.


 

sábado, 14 de noviembre de 2015

Roberto Alagna - La Marseillaise

A LA FRANCIA HERIDA

No tengo por costumbre ocuparme de política o religión en mi blog. A diario, mis contenidos se atienen a mi personal inspiración estética o a las efemérides artísticas que me interesan. Hoy, sin embargo, apenas transcurridas veinticuatro horas de los horrendos atentados yihadistas de anoche en París, me impongo expresar brevemente una reflexión aquí inusual.
Habitualmente no practico ninguna religión y, aun respetando los credos ajenos, tiendo a desconfiar de quienes lo hacen ostentosamente, particularmente de los fanáticos de las religiones teístas, muchos de los cuales no predican con el ejemplo (ya se sabe, el conocido "a Dios rogando y con el mazo dando"). Me repugna y aterra la idea de utilizar la fé religiosa como arma arrojadiza o el nombre de cualquier deidad para justificar la violencia extrema y eliminar a quienes profesan distintos hábitos o creencias.
No soy francés, pero sí europeo y me enorgullezco de haber nacido y habitar en un país que forma parte del continente que es cuna y origen de la civilización más avanzada del mundo, cuya cultura reconozco como propia. No puedo sino rechazar visceralmente el salvajismo oscurantista y la barbarie abominable de quienes la amenazan y agreden brutalmente invocando ciegas convicciones religiosas. La trágica masacre de ayer es sólo su última y terrible prueba y toda Europa sangra en el centro de París, herida en su corazón.
Ojalá no vuelva a repetirse nunca tamaña atrocidad y las autoridades competentes encuentren el medio de evitar tan evidente riesgo adoptando las necesarias medidas preventivas a tal fin y garantizen a los ciudadanos la convivencia en paz y libertad. 
A modo de modesto pero sentido homenaje, dedico esta publicación a las víctimas inocentes de la ominosa crueldad irracional que ningún dios justo toleraría.



En un entorno casi operístico, el tenor francés Roberto Alagna interpreta de forma vibrante el himno nacional de Francia, escrito en 1792 por Rouget de Lisle.

Veronica Lake (Brooklyn, New York, US, 14-11-1922 / Burlington, Vermont, US, 7-7-1973); In memoriam

EFÍMERO SEX SYMBOL

Hoy es aniversario natal de la actriz estadounidense Veronica Lake. Estrella emblemática en el Hollywood de los años 40, fue una muy popular pin-up para los soldados americanos combatientes en la Segunda Guerra Mundial. Belleza rubia y de ojos azules, su lustrosa melena, dispuesta en el peinado 'peek-a-boo', que le ocultaba parte del rostro, causó sensación. Su aspecto fue tan masivamente imitado por las mujeres de la retaguardia, que al incrementarse los accidentes laborales en las fábricas de armamento, el gobierno americano pidió a las trabajadoras que se peinasen de un modo más seguro. La actriz también cambió su estilo y recorrió el país vendiendo bonos de guerra, pero tras la contienda su efimera fama comenzó su inexorable declive.
Nacida Constance Frances Marie Ockelman (su nombre real), a los nueve años perdió a su padre en una  trágica explosión, y su madre se volvió a casar, estableciéndose la familia en Miami, Florida, mientras la pequeña fue enviada a un colegio en Canadá del que acabó expulsada. Según su progenitora, Constance tuvo una infancia problemática y fue diagnosticada de esquizofrenia. En 1938 se mudaron a Los Angeles y allí, la joven comenzó a tomar lecciones de arte dramático y un año después debutó en el cine como extra sin acreditar, apareciendo después en pequeños papeles con el nombre de Constance Keane (el apellido de su padrastro).
Contratada por Paramount, el estudio cambió su nombre a Veronica Lake y se propuso lanzarla con un papel de reparto en el drama militar Vuelo de águilas (1941) de Mitchell Leisen, logrando a continuación su primera protagonista en Los viajes de Sullivan (1941) de Preston Sturges, brillante comedia satírica junto a Joel McCrea, que el tiempo convertiría en el film más importante de su carrera. Su siguiente título fue El cuervo (1942) de Frank Tuttle, noir con Robert Preston, Laird Cregar y Alan Ladd, actor al que sería emparejada por ser Veronica la única actriz joven del estudio de estatura inferior a él, apareciendo ambos en otras películas del mismo género como: La llave de cristal (1942) de Stuart Heisler, donde también intervenía Brian Donlevy, La dalia azul (1946) de George Marshall, que incluía a William Bendix, o Saigon (1948). Al margen de sus títulos con Ladd, la rubia estrella intervino asímismo en Me casé con una bruja (1942) de René Clair, comedia con Fredric March, Sangre en Filipinas (1943) de Mark Sandrich, estimable drama bélico con Claudette Colbert y Paulette Goddard, Detengan a esa rubia (1945) de George Marshall, comedia con Eddie Bracken, Pensión histórica (1946) de John Berry, drama con Sonny Tufts y Joan Caulfield, o La mujer de fuego (1947) de André De Toth, western con Joel McCrea. Dado el decreciente éxito de sus films, Paramount decidió en 1948 no renovar su contrato y después Lake sólo protagonizó Furia del trópico (1949), drama con Richard Widmark y Linda Darnell, y Misión peligrosa (1951) de Steve Sekely, drama de época con Zachary Scott y Arturo de Córdova.
Veronica Lake contrajo matrimonio en cuatro ocasiones. Su primer marido fue el director artístico John S. Detlie, con quien se casó en 1940; la pareja tuvo una hija en 1941 y un hijo en 1943, nacido prematuramente y fallecido una semana después, lo que precipitó el divorcio meses más tarde. En 1944 se casó con el director André De Toth, unión de la que nacieron un hijo y una hija y que finalizaría en divorcio en 1952. La actriz, que había adquirido reputación de ser problemática en los rodajes, al verse, de repente y con sólo 28 años, sin trabajo, en bancarrota, con dos matrimonios fracasados y tres hijos, hastiada de Hollywood y al borde de una crisis nerviosa, dejó a su marido y pilotó sola el avión que ella le había regalado (y para cuyo manejo había obtenido licencia en 1946) para abandonar Los Angeles y marcharse a Nueva York. Posteriormente se llevó a sus hijos con ella e intentó con poca fortuna restablecer allí su carrera en el teatro y la televisión. Hizo teatro de repertorio en Inglaterra y de vuelta en su país, se casó con el compositor Joseph A. McCarthy en 1955. Dos meses después de la boda, Lake sufrió un colapso nervioso en Detroit, donde trabajaba en una obra teatral. Tras su tercer divorcio en 1959, fue arrestada varias veces en la ciudad de Nueva York por embriaguez pública y conducta desordenada. En 1962 un reportero la encontró trabajando de camarera en un hotel de Manhattan. Cuando la noticia se extendió, algunos de sus fans le enviaron dinero para ayudarla, que ella devolvió por 'cuestión de orgullo'. El hecho, no obstante dio pie a que la antigua estrella reapareciese en algunos espectáculos televisivos o en escenarios off-Broadway. Incluso volvió al cine en dos producciones de bajo presupuesto en 1966 y 1967, fue Blanche DuBois en una producción teatral inglesa de "Un tranvía llamado deseo" en 1969, con críticas favorables, y ese mismo año publicó su autobiografía en el Reino Unido, en la que confesó que fue su madre quien la empujó a convertirse en estrella, algo que ella nunca deseó. Luego se desplazó a Ipswich, una ciudad al sudeste de Inglaterra, donde conoció al capitán Robert Carleton-Munro, su cuarto y último marido, con quien se casó en 1972 para divorciarse al año siguiente y volver a los Estados Unidos. Un año más tarde Verónica Lake falleció de hepatitis aguda, consecuencia de sus años de alcoholismo, e insuficiencia renal. Tenía 50 años.


Tony Richardson (Shipley, Yorkshire, UK, 5-6-1928 / Los Angeles, California, US, 14-11-1991): In memoriam

LÍDER DEL FREE CINEMA

Hoy se cumplen veinticuatro años del fallecimiento del director y productor británico Tony Richardson. Destacado director teatral y abanderado en sus comienzos del Free Cinema, corriente en la que realizó sus mejores aportaciones, alcanzó un éxito inusitado con Tom Jones, ganadora de Oscars a la mejor película y director, y después su carrera se mantuvo en un prolongado descenso que ni su posterior establecimiento en los Estados Unidos consiguió detener.
Nacido en una familia de clase media, Cecil Antonio Richardson estudió en la Universidad de Oxford, donde dirigió un buen número de obras teatrales clásicas, y después trabajó como productor de la BBC desde 1952 a 1955, año en que debutó como director en la televisión. Fue, junto a Lindsay Anderson, Gavin Lambert y el checo Karel Reisz uno de los fundadores de la revista de cine Séquense y entre sus principales intenciones figuraba la puesta en práctica del manifiesto inaugural del grupo, publicado en 1957. Desde 1956 dirige el Royal Court Theatre de Londres, donde dio a conocer dos obras de John Osborne (a la sazón líder de los Angry Young Men) que sacudieron el establishment teatral británico criticando la cultura de posguerra y que posteriormente trasladaría a la pantalla: "Mirando hacia atrás con ira" y "El animador" (en la que dirigió a Laurence Olivier).
En 1958 funda Woodfall Film Productions con Osborne, para llevar a la pantalla este nuevo punto de vista teatral. Entre los defensores de la nueva tendencia figuraban los críticos de las revistas Séquense y Sight and sound. Ello sería el incio del llamado Free Cinema, movimiento paralelo a la Nouvelle Vague francesa, y significó la renovación del cine de la Gran Bretaña y el principio de su evolución posterior. Las dos primeras películas fueron precisamente Mirando hacia atrás con ira (1958), con Richard Burton, Claire Bloom y Mary Ure, y El animador (1960), con Laurence Olivier y Joan Plowright, dramas realistas ambos que obtuvieron buenas críticas pero no atrajeron demasiado público. El primer éxito comercial de la compañía fue "Sábado noche, domingo mañana" (1960) de Karel Reisz. La siguiente película de Richardson fue la producción americana de Darryl F. Zanuck Réquiem por una mujer (1961), adaptación de una novela de William Faulkner, con Lee Remick, Yves Montand y Bradford Dillman. A continuación, de nuevo en su país, rodó dos obras claves del Free Cinema: Un sabor a miel (1961), según el drama de Shelagh Delaney que un año antes había dirigido en teatro, con Rita Tushingham, Dora Bryan, Robert Stephens y Murray Melvin, film que ganó cuatro premios BAFTA, y La soledad del corredor de fondo (1962), drama basado en un relato corto de Alan Sillitoe, con Michael Redgrave y Tom Courtenay, considerada la mejor obra de su realizador y un gran clásico del cine europeo. De estas películas, rodadas con contundencia pero escasos medios, pasó al éxito desmesurado de Tom Jones (1963), desenfadada comedia picaresca de aventuras basada en una novela de Henry Fielding, con Albert Finney y Susannah York, que ganó cuatro Oscars (incluyendo los de mejor película y director), además del Globo de Oro y el BAFTA a la mejor película, entre otros muchos premios. Rompedora en su época, hoy dificilmente se comprende su valoración por la Academia por encima de obras como "América, América" de Kazan o "Cleopatra" de Mankiewicz", con las que compitió aquel año. En todo caso marcó el punto álgido de su triunfo como realizador, algo a lo que nunca más llegó a aproximarse.
Mucha menor repercusión obtuvieron Los seres queridos (1965), adaptación de una satírica obra de Evelyn Waugh, con Robert Morse, Mademoiselle (1966), según una historia de Jean Genet, con Jeanne Moreau y Ettore Manni, El marinero de Gibraltar (1967), traslación a la pantalla de una novela de Marguerite Duras, con Jeanne Moreau, Ian Bannen, Vanessa Redgrave, Hugh Griffith y Orson Welles, títulos en los que ya se alejó de los presupuestos realistas del Free Cinema. La última carga (1968), costosa sátira antimilitarista que parodiaba la Guerra de Crimea de mitad del siglo XIX, con un distinguido reparto encabezado por Trevor Howard, Vanessa Redgrave y John Gielgud, resultó un sonoro fracaso y tampoco funcionaron Risa en la oscuridad (1969), adaptación de una novela de Vladimir Nabokov, con Nicol Williamson, Anna Karina y Jean-Claude Drouot, Hamlet (1969), adaptación de la obra de Shakespeare, con Nicol Williamson y Marianne Faithfull, o Ned Kelly (1970), biopic sobre el decimonónico bandido australiano incorporado por Mick Jagger.
Todos estos descalabros indujeron a Richardson a volver a la dirección teatral y, tras un lapso de tres años, continuar su carrera con títulos como Un equilibrio delicado (1973), adaptación de la obra de Edward Albee, con Katharine Hepburn, Paul Scofield, Lee Remick, Kate Reid, Joseph Cotten y Betsy Blair, de limitada difusión, Joseph Andrews (1977), llevando por segunda vez a la pantalla una novela de Henry Fielding, con Ann-Margret, Peter Firth y Michael Hordern, muy lejos de la acogida de su precedente, La frontera (1982), drama sobre inmigración protagonizado por Jack Nicholson, o El hotel New Hampshire (1984), comedia con Jodie Foster, Beau Bridges, Rob Lowe y Nastassja Kinski. Perdido el favor del público y la crítica, que le calificaba de academicista, Richardson se refugió en la televisión durante un largo periodo hasta su vuelta con Las cosas que nunca mueren (1994), drama ambientado en una base militar americana en 1962 y una de sus mejores obras, con Jessica Lange y Tommy Lee Jones, que, pese a haberse completado su rodaje en 1991, no se estrenó hasta tres años después debido a la bancarrota de su productora, Orion Pictures. Lamentablemente su director no vivió para ver el éxito de su última película, el único desde Tom Jones
El director estuvo casado entre 1962 y 1967 con la actriz Vanessa Redgrave, con quien tuvo a sus hijas, las también actrices Natasha Richardson (1963–2009) y Joely Richardson (1965). Dejó a Redgrave por Jeanne Moreau, con quien no llegó a casarse, y en 1972 tuvo una relación con Grizelda Grimond, de la que nació su hija Katharine Grimond (1973). Tony Richardson era bisexual, aunque no lo reconoció hasta que contrajo el sida, enfermedad de la que falleció a los 63 años.

 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, UK, 13-11-1850 / Vailima, Samoa, 3-12-1894): In memoriam

EL CONTADOR DE HISTORIAS

Hace hoy 165 años vino al mundo el escritor británico Robert Louis Stevenson. Popular e influyente autor de novelas, poesía y ensayos, su obra figura entre las más traducidas del mundo y sus narraciones se han convertido en clásicos universales de la literatura infantil y juvenil. Su vida aventurera definió su proceder literario, en especial sus viajes por países exóticos que culminaron en la isla de Samoa, en donde residió los últimos años de su vida hasta su temprana muerte a causa de una hemorragia cerebral a los 44 años. Cantor del coraje y la alegría, dejó una vasta obra llena de encanto, con títulos inolvidables.

Reseña biográfica procedente de la página El poder de la palabra:

Robert Louis Balfour Stevenson nació el 13 de noviembre de 1850 en Edimburgo. Hijo de un ingeniero, estudió también esta profesión y, más tarde leyes, en la universidad de su ciudad natal. Desde su niñez, sin embargo, siempre había sentido una especial inclinación hacia la literatura. Ello le influyó, más adelante, para dedicarse a las letras, y fue perfeccionando su estilo de tal modo que en pocos años se situó entre los escritores más destacados de su tiempo. Enfermo de tuberculosis, se vio obligado a viajar continuamente en busca de climas apropiados a su delicado estado de salud. Sus primeros libros son descripciones de algunos de estos viajes. Así, Viaje tierra adentro (1878) cuenta un recorrido en canoa a través de Francia y Bélgica que había realizado en 1876, y Viajes en burro por las Cevannes (1879) los avatares de un viaje a pie por las montañas del sur de Francia, en 1878. Uno de sus viajes posteriores le llevó, en un barco de emigrantes, a California (1879-1880), donde, en 1880, se casó con la divorciada estadounidense Frances Osbourne, diez años mayor que él. La popularidad de Stevenson se basó fundamentalmente en los emocionantes argumentos de sus novelas fantásticas y de aventuras. La isla del tesoro (1883), una trepidante historia acerca de la búsqueda de un tesoro enterrado, presenta el bien bajo la forma evidente de un chico, Jim, que debe descubrir por sí mismo la cara del bien y del mal entre sus bondadosos amigos, el mal aparentemente personificado en los piratas Pew y Long John Silver. En la alegoría moral en forma de historia de misterio El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde (1886), los dos extremos, el bien y el mal, se unen en una sola persona, el médico Henry Jeckyll, que descubre una sustancia química capaz de transformarlo, primero a voluntad y después incontroladamente, en el monstruo Hyde. La acción de Las aventuras de David Balfour y Weirde (1886), comienza con el robo de una herencia, la del joven David Balfour, el cual, tras ello, se une a la banda del orgulloso luchador escocés Alan Breck. Entre sus novelas de aventuras destacan La flecha negra (1888) y El señor de Ballantree (1889). La inconclusa Weir of Herminston (1896), está considerada como su obra maestra, pues los fragmentos que han llegado hasta nosotros contienen algunos de los más bellos pasajes de la prosa escocesa moderna.
Escritor versátil, Stevenson poseía talento suficiente como para abordar con maestría distintos géneros literarios. Demostró ser un gran ensayista en Virginibus puerisque (1881), Estudios familiares de hombres y libros (1882) y Memorias y retratos (1887). También fueron bien recibidos por la crítica sus libros de viajes autobiográficos, como La casa solitaria (1883), que contiene las impresiones del autor acerca de su estancia en un campamento minero en California, A través de las llanuras (1892) e Islas del sur (1896). El volumen Jardín de verso para niños (1885) contiene algunos de los mejores poemas de Stevenson. Entre los demás libros de poemas que publicó destaca De vuelta al mar (1887). Por otro lado, Narraciones maravillosas (1882) y El diablo de la botella y otros cuentos (1893) recogen sus relatos breves. También colaboró, con su hijo adoptivo, el escritor estadounidense Lloyd Osbourne, en la redacción de las novelas La caja equivocada (1889) y La resaca (1892).
Un crucero de placer por el sur del Pacífico en 1889 le llevó a las islas Samoa, donde él y su esposa permanecieron hasta 1894, en un último esfuerzo por recuperar la salud del escritor. Los nativos le llamaron Tusitala (el que cuenta historias). Allí murió a finales de ese mismo año, el 3 de diciembre, y fue enterrado en la cima de una montaña, cerca de Valima, su hogar samoano.


jueves, 12 de noviembre de 2015

Richard Quine (Detroit, Michigan, US, 12-11-1920 / Los Angeles, California, US, 10-6-1989): In memoriam

ELEGANCIA, SENTIMIENTO... E INFORTUNIO

Tal día como hoy hace 95 años nació el cineasta estadounidense Richard Quine. Actor de teatro y cine, guionista, director y productor en diferentes fases de su carrera, se distinguió especialmente por su faceta de brillante realizador, sobre todo de comedias que armonizaban sofisticada elegancia y sentimentalismo. Descubridor y perdido enamorado de Kim Novak, a quien dirigió en cuatro películas, su éxito cinematográfico se mantuvo desde la mitad de la década de los años 50 hasta mediada la siguiente, para proseguir su trayectoria en inexorable declive. Quine no pudo o no supo adaptarse al 'nuevo Hollywood'. Su suicidio no impidió que dejase varios clásicos a la posteridad.
Hijo adoptivo de una pareja de actores de vaudeville, Richard Quine se trasladó con su familia a Los Angeles a la edad de seis años, debutando como actor teatral a los once. En 1933 comenzó su carrera como actor cinematográfico, apareciendo en la pantalla en buen número de películas hasta 1950. Tras codirigir Leather gloves (1948) con William Asher, entre 1951 y 1953 dirigió siete películas de bajo presupuesto, casi todas para los estudios Columbia, entre las que destacan Marino al agua (1953), musical con Mickey Rooney, y La sirena de Bagdad (1953), comedia de aventuras con Paul Henreid y Patricia Medina. Sus primeros éxitos fueron La senda equivocada (1954), noir con Mickey Rooney y Dianne Foster, cuyo guión coescribió con Blake Edwards, y La casa número 322 (1954), noir con Fred MacMurray y Philip Carey que tuvo la virtud de suponer el lanzamiento de Kim Novak, actriz desconocida hasta entonces y destinada a ser su musa y sempiterna amada sin esperanza. Después rodó los musicales Tres amores en París (1955), con Tony Curtis y Gloria DeHaven, y Mi hermana Elena (1955), con Janet Leigh, Jack Lemmon y Betty Garrett, donde Bob Fosse ejerció de actor, bailarín y coreógrafo, y las comedias Un cadillac de oro macizo (1956), con Judy Holliday y Paul Douglas, Llenos de vida (1956), con Judy Holliday y Richard Conte, y Operación gran baile (1957), con Jack Lemmon, Ernie Kovacs, Kathryn Grant, Arthur O'Connell y Mickey Rooney. 
Me enamoré de una bruja (1958), magnífica comedia romántica con James Stewart, Kim Novak, Jack Lemmon y Ernie Kovacs, supuso el espaldarazo decisivo a su carrera como director de primera fila, continuada con La indómita y el millonario (1959), comedia con Doris Day, Jack Lemmon y Ernie Kovacs, Un extraño en mi vida (1960), suculento melodrama romántico con Kirk Douglas, Kim Novak, Ernie Kovacs y Barbara Rush, El mundo de Suzie Wong (1960), drama romántico con William Holden y Nancy Kwan, La misteriosa dama de negro (1962), estupenda comedia de intriga con Kim Novak, Jack Lemmon y Fred Astaire, Encuentro en París (1964), comedia romántica con William Holden y Audrey Hepburn, La pícara soltera (1964), ingeniosa comedia con Tony Curtis, Natalie Wood, Henry Fonda, Lauren Bacall y Mel Ferrer, y Cómo matar a la propia esposa (1965), divertida comedia negra con Jack Lemmon y Virna Lisi.
A partir de Synanon (1965), drama sobre las nefastas consecuencias de la adicción a las drogas, con Edmond O'Brien, Chuck Connors y Stella Stevens, Intriga en el gran hotel (1967), adaptación de una novela de Arthur Hailey, con Rod Taylor, Catherine Spaak, Karl Malden, Melvyn Douglas, Richard Conte, Michael Rennie, Kevin McCarthy y Merle Oberon, y ¡Oh papá, pobre papá, mamá te ha metido en el armario, y a mí me da tanta pena! (1967), comedia con Rosalind Russell, Robert Morse y Barbara Harris, su carrera cae en picado y no consigue remontar con films como Talento por amor (1969), western cómico con Richard Widmark, Topol, Geneviève Page y Cesar Romero, o El infierno del whisky (1970), drama criminal ambientado en los años de la Ley Seca, con Patrick McGoohan, Richard Widmark y Alan Alda. Refugiado en la televisión, vuelve al cine para dirigir W (1974), thriller con Twiggy, Dirk Benedict y Michael Witney, y El estrafalario prisionero de Zenda (1979), cómica adaptación de la novela de Anthony Hope, con Peter Sellers.
Quine tuvo cuatro esposas: la actriz Susan Peters (1943-1948), a la que un infortunado accidente con un rifle durante una cacería de patos dejó paralizada de cintura para abajo poco después de un año de la boda; con ella adoptó a un niño de diez meses en 1946, lo que no impidió el divorcio de la pareja dos años más tarde; Barbara Bushman (1951-1960), con quien tuvo dos hijos, matrimonio deshecho por mor de la pasión del director hacia Kim Novak, quien rechazó casarse con él; la actriz Fran Jeffries (1965-1968), de la que solicitó el divorcio por "extrema crueldad"; y Diana Balfour (1977-1989), que sería su viuda. Enfermo, deprimido y desesperado ante la falta de oportunidades profesionales, Richard Quine se suicidó de un disparo a la edad de 68 años.



Sculptures of Auguste Rodin

AUGUSTE RODIN (París, Francia, 12-11-1840 / Meudon, Francia, 17-11-1917): IN MEMORIAM

Tal día como hoy hace 175 años vino al mundo el escultor francés Auguste Rodin. Considerado uno de los escultores más importantes del siglo XIX y principios del XX, su obra marca la cima del movimiento romántico y abarca toda la gama de posibilidades plásticas, desde la espontaneidad de los movimientos hasta el patetismo heroico. Rodin evidenció la creación de la forma partiendo del caos como proceso dramático. Se le valora como el primer escultor moderno. 
Hijo de un oficial de policía, René François Auguste Rodin estudió en la Escuela de Artes Decorativas, donde se reveló como modelador y por su cuenta en el Museo del Louvre. En tres ocasiones fue rechazado para ingresar en la Escuela de Bellas Artes y hubo de trabajar para ayudar a sostener a su familia aceptando otros oficios a la vez que colaboraba con decoradores y escultores comerciales.
Se enroló en el Ejército durante la guerra Franco-prusiana, pero fue dispensado del servicio a causa de su miopía. Entre 1864 y 1872 trabajó como ornamentador y para otros escultores durante bastante tiempo, colaborando asímismo en la realización de una escultura arquitectónica para la Bolsa de Bruselas. En 1875, se trasladó a Italia, donde se sintió fascinado por el movimiento y la acción muscular en las obras de escultores del Renacimiento como Donatello y Miguel Angel. Dos años más tarde es aceptado en el Salón de París, donde presenta El vencedor (luego La edad de bronce), que afianza su nombre.
Rodin sostenía que la belleza en el arte consiste en una representación fidedigna del estado interior, y para lograr este fin a menudo distorsionaba sutilmente la anatomía. Su escultura, en bronce y mármol, se divide en dos estilos, el más característico revela una dureza deliberada en la forma y un laborioso modelado de la textura; el otro está marcado por una superficie pulida y la delicadeza de la forma. Rodin produjo algunas esculturas importantes entre 1858 y 1875, incluyendo entre ellas especialmente Hombre con la nariz rota. Sin embargo, su reconocimiento llegó en 1877 con la exhibición en el Salón parisino del desnudo masculino La era de bronce, su primera gran obra. Este trabajo levantó controversia dado su extremado realismo y provocó la acusación de que Rodin había hecho moldes de yeso a partir de modelos vivos. La exhibición en 1880 de su desnudo San Juan Bautista (1978), que resaltaba las cualidades humanas del sujeto, acrecentó su reputación. El mismo año comenzó a trabajar en Las puertas del infierno, encargo del gobierno francés, una monumental puerta de bronce esculpido para el Museo de Artes Decorativas de París. La puerta representaba principalmente escenas del Infierno, la primera parte de la Divina Comedia de Dante. En la parte superior, tres desnudos masculinos forman el grupo de Las sombras, que personifican la victoria de la muerte y, presidiendo el conjunto, en el centro del dintel, aparece sentada la figura de Dante, que acabaría evolucionando en su famoso Pensador. El denominador común de todo el abigarrado conjunto de figuras es la visión trágica de la condición humana, sus pasiones, deseos y tormentos. Aunque Rodin no completó Las puertas del infierno y el edificio para el que estaba destinada nunca llegó a construirse, creó modelos y estudios de muchos de sus componentes escultóricos, siendo todos ellos aclamados como obras independientes. Entre estos trabajos se encuentran El pensador (1882), figura masculina reflexiva que, influída de forma determinante por Miguel Angel, parece librar una batalla interior, manifiesta en la tensión de todo su cuerpo de cabeza a pies, Adán (1882), Eva (1882), Ugolino y sus hijos (1882), La eterna primavera (1884) o El beso (1886), representación de una pareja de amantes besándose en un conjunto escultórico donde premeditadamente no se marca con claridad el límite de las figuras con el fondo que las acompaña. Como obra independiente, se ha convertido en símbolo universal del deseo y la pasión. En 1889 terminó Los burgueses de Calais, monumental grupo en bronce de contenido dramatismo en el que se representan personajes históricos con gran diferenciación psicológica. Rodin también produjo numerosos retratos en los que se revelan los estados emocionales de los sujetos, entre ellos, los monumentos públicos de cuerpo entero de los escritores franceses Victor Hugo (1996) y Honoré de Balzac (1898).
En 1892 Rodin fue nombrado Oficial de la Legión de Honor, en 1903, Comandante, y en 1910 Gran Oficial de la misma. Diez años antes, en 1900, una gran exposición de su obra en el Salón de la Sociedad Nacional había consagrado la fama internacional del escultor. Sus creaciones constituyen el inicio y el final de la escultura impresionista (1), pero sobre todo marcó un principio escultórico y revolucionario que ejercería una influencia determinante en los escultores posteriores y en numerosos artistas modernos.
Desde 1883 Auguste Rodin mantuvo durante quince años una pasional y tumultuosa relación con la escultora Camille Claudel, que engendró dos hijos no reconocidos por el escultor. Finalmente, a los 76 años, tras cincuenta y tres de convivencia, se casó con Rose Beuret, quien murió dos semanas despues de la boda. Entregado a su actividad hasta el fin de sus días, Rodin falleció a los 77 años en su casa a las afueras de París a consecuencia de una gripe. En 1919 se inauguró el Museo Rodin en París.

(1) A finales del siglo XIX, el Impresionismo, que era un movimiento fundamentalmente pictórico, ejerció una profunda influencia en la escultura. Aunque no parecía la más idónea para traducir las vibraciones atmosféricas, algunos escultores introdujeron las sensaciones lumínicas a través de la renovación de las técnicas, explotando las posibilidades del material y estudiando los efectos de lo inacabado, técnica que ya había iniciado Miguel Ángel. Se proponen renovar los ideales de la escultura, alejándola de los modelos clásicos y de las inclinaciones exageradas del Naturalismo.
Clasificar a Rodin simplemente como impresionista no sería justo, ya que traspasó sus límites poniendo su arte al servicio de un programa simbolista. La escultura era un instrumento para su personal interpretación de la naturaleza. Funde la técnica impresionista, que con la rugosidad de las superficies y la multiplicación de planos, obtiene efectos de luz y de vida profunda de las figuras.


Auguste Rodin, 1898.