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viernes, 22 de julio de 2016

Tribute to Paul Schrader (Grand Rapids, Michigan, US, 22-7-1946)

MEA CULPA

El cineasta estadounidense Paul Schrader cumple hoy 70 años. Fatalista, obsesionado con el sexo, la violencia, la redención y sobre todo con la culpa, Paul Schrader será recordado siempre como el guionista de Taxi driver. Como director, dio rienda suelta a sus neurosis personales, y obtuvo incluso algún éxito comercial, en el caso de American gigolo. Sus más destacadas obras han sido mejor valoradas por la crítica y en festivales.
Paul Joseph Schrader recibió una educación calvinista, al parecer excesivamente estricta y ofuscada. Su madre, que pertenecía a la Iglesia Cristiana Reformada, un cisma del calvinismo holandés, llegó un día y le clavó varias veces una aguja en la mano. "Así es el infierno, pero sin parar", le dijo a continuación. Esta infancia tan particular se reflejaría posteriormente en toda su obra.
Quizás el amor al cine le viene de que cuando era pequeño no tenía permitido ver películas. "Todo lo que se consideraba un entretenimiento mundano estaba prohibido". Así las cosas, Paul Schrader no vio su primera película hasta que tenía 18 años. "Por fin pude ver El profesor chiflado, pero fue una desilusión, porque yo era un chico muy serio". Poco después descubrió la obra de autores atormentados y nórdicos como Ingmar Bergman o Carl Theodor Dreyer, con los que conectó mucho más. Le causaron una impresión tan profunda que decidió estudiar cine, graduándose en UCLA Film Studies. Posteriormente, se convirtió en crítico de cine del diario LA Weekly Press y para la revista Cinema Magazine. En 1972 escribió el influyente libro "El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer". 
Debutó como guionista cuando escribió con su hermano mayor, Leonard Schrader (fallecido en 2006), el libreto de Yakuza, que acabó en manos de Sydney Pollack. El equipo de escritores estaba inspirado, a juzgar por sus brillantes frases: "Cuando un japonés se viene abajo, cerrará la ventana y se matará; cuando un americano se viene abajo, abrirá la ventana y matará a otro". El film, con Robert Mitchum como ex combatiente que ayuda a un amigo japonés cuya hija ha sido secuestrada por la mafia, pasó a ser un film de culto, es decir que no tuvo demasiado éxito, pero cosechó numerosos incondicionales, sobre todo entre la gente de la industria, lo que dio un gran impulso a la carrera de Paul Schrader. De hecho, Yakuza (1974) le dio a conocer entre la generación de directores que empezaban a despuntar a finales de los 70. Uno de ellos, Brian De Palma, le ficha para Fascinación (1976), revisión libre de Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock.
Se casó en 1969 con Jeannine Claudia Oppewall, diseñadora de producción que posteriormente firmaría títulos como L.A. Confidential o Los puentes de Madison. Pero Schrader pronto pierde el interés y le es infiel. Finalmente, se pelea con su esposa y rompe con ella para irse con una amante con la que también discute, y que le abandona. Esta doble ruptura le hace entrar en una profunda crisis. "Había caído en un estado de psicosis maníaco depresiva. Al no poder dormir, pasé tres o cuatro semanas comiendo basura, viendo porno y deambulando por la noche en mi coche. Fue un período sacudido por el enfermizo deseo de suicidarme", declaró. "Finalmente sufrí una úlcera, lo que provocó que me obligaran a hospitalizarme. Sinceramente, pienso que eso me salvó la vida".
Para exorcizar sus demonios interiores, comienza a redactar el guión de Taxi driver, manteniendo siempre junto a la máquina de escribir un revólver cargado que le sirviera de inspiración. No tarda más de 10 días, pues tenía una gran necesidad de escribir aquella historia. "Quería expresar el síndrome absoluto de la soledad urbana", ha declarado. Abundan los elementos autobiográficos. "En la época en la que lo escribí estaba enamorado de las armas. Fui suicida, fui un fuerte bebedor, estaba obsesionado por la pornografía en la forma en que lo está una persona solitaria y todos esos elementos están en el guión". Cuando termina de redactar, Paul Schrader le entrega su obra a su agente y abandona la ciudad de Los Ángeles. Semejante bomba no pasó desapercibida para los productores Michael y Julia Philips. En un principio querían que lo llevara a la pantalla Brian De Palma, que estaba inmerso en otros proyectos, pero hizo de intermediario presentándoles al joven Martin Scorsese. Los Philips no están muy convencidos en un primer momento, pero ceden cuando ven Malas calles (1973), con la esperanza de que el realizador fiche como protagonista a Robert De Niro. Finalmente el film incorpora a De Niro como Travis Bickle, ex combatiente de Vietnam solitario e inestable que empieza a trabajar como taxista. Taxi driver (1976) gana la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y obtiene cuatro candidaturas al Oscar. Cabe reseñar que según su forma habitual de trabajar Scorsese realizó numerosos ensayos permitiendo que sus actores introdujeran algunas improvisaciones. El propio De Niro aportó el diálogo del célebre momento en el que saca su arma frente al espejo ("¿estás hablando conmigo?") que no estaba en el guión original.
Desde entonces, Schrader mantuvo una estrecha relación de amistad con Scorsese, con el que volvió a colaborar en la excelente Toro salvaje (1980), y posteriormente en las no tan inspiradas La última tentación de Cristo (1988) y Al límite (1999), durante cuyo rodaje hubo tanta tensión entre realizador y guionista, que actualmente ambos apenas tienen relación. "Eramos bastante parecidos: de la misma edad, el mismo físico, los dos asmáticos, cinéfagos, propensos a sobrepensarlo todo… Marty era católico, urbanita y de ascendientes italianos. Yo, sin embargo, un calvinista de pueblo con antepasados holandeses. Creo que éramos lo suficientemente diferentes como para que surgiera algo interesante de nuestro trabajo juntos. Ahora las cosas han cambiado: nos vemos una vez al año, vivimos en planetas diferentes… Y el de Marty es mucho mayor".
El éxito de Taxi driver le permite a Paul Schrader lanzarse a la realización, con Blue collar (1978), drama criminal donde repite un actor de aquélla, Harvey Keitel, acompañado por Richard Pryor y Yaphet Kotto, que a pesar de las dificultades de trato con el director, consiguieron unas memorables interpretaciones, como tres trabajadores de una cadena de montaje que cometen un robo para solucionar sus problemas económicos.
A lo largo de su filmografía, Schrader ha dado rienda suelta a sus obsesiones temáticas, como el negocio del sexo y las perversiones en Hardcore, un mundo oculto (1979), con George C. Scott y Peter Boyle, el arrepentimiento, las apariencias y el deseo de cambiar en American gigolo (1980), su mejor película, con Richard Gere y Lauren Hutton, o la insatisfacción en las relaciones sexuales en El beso de la pantera (1982), desmejorado remake de La mujer pantera (1942) de Jacques Tourner. Gira en torno al suicidio  Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985) biopic protagonizado por Ken Ogata y producido por Francis Ford Coppola y George Lucas sobre el controvertido escritor japonés Yukio Mishima, un hombre afligido, autodestructivo, lleno de fantasmas, que encaja muy bien en la galería de personajes de Schrader. Escribió también el guión de La costa de los mosquitos (1986), que fue llevado al cine por Peter Weir.
En 1983, Paul Schrader rehizo su vida con la actriz Mary Beth Hurt. Con ella ha tenido dos hijos, lo que le ha dado cierta estabilidad. En los 90, Schrader rueda algún film de altura, como Posibilidad de escape (1992), con un hombre de cuarenta años (Willem Dafoe) que trabaja para una traficante de drogas (Susan Sarandon) y es acusado de asesinato. Destaca especialmente Aflicción (1997) un film muy suyo, con Nick Nolte realizando un gran trabajo como un ayudante de sheriff divorciado, que se descontrola, bebe, se droga y acaba ocasionando que su hija vuelva con su madre, lo que le hará iniciar un camino de violencia y degradación. El veterano James Coburn destaca como padre maltratador, papel que le supuso un Oscar. En este drama también intervenían Sissy Spacek y Willem Dafoe.
Pero en los últimos tiempos, Paul Schrader no levanta cabeza, como si hubiera perdido cualquier necesidad de hacer cine. Le despiden de El exorcista: el comienzo (2005), pues rueda un film muy discursivo, con complejos monólogos existenciales, así que los productores le sustituyen por Renny Harlin, para que añada sustos. No acaba de funcionar The walker (2007), con Woody Harrelson como escort de mujeres de políticos y que, cómo no, se verá implicado en un crimen. El film tiene algún hallazgo, como su crítica a la perpetuación de la clase política. En la pretenciosa Adam resucitado (2008), un sobreactuado Jeff Goldblum interpreta a un desequilibrado que ingresa en un sanatorio mental, donde ayuda al director a tratar a un niño recién llegado, al tiempo que rememora su doloroso pasado. Sus últimas películas estrenadas tampoco han gozado del favor de la crítica: The Canyons, proyecto financiado por crowdfunding, en torno al mundo de Hollywood en la actualidad, escrito por Brett Easton Ellis y protagonizado por Lindsay Lohan y James Deen, Caza terrorista (2014), thriller psicológico con Nicolas Cage, y Dog eat dog (2016), drama de acción con Nicolas Cage y Willem Dafoe, presentado en el Festival de Cannes.

(Reseña procedente, con modificaciones, de la página decine21)


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