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miércoles, 8 de junio de 2016

José Martínez Ruiz 'Azorín' (Monóvar, Alicante, España, 8-7-1873 / Madrid, España, 2-3-1967): In memoriam

EL PERIODISTA LITERATO

Hoy es aniversario natal del escritor español José Martínez Ruiz 'Azorín'. Ensayista, novelista, dramaturgo y crítico, fue uno de los autores que, a comienzos del siglo XX, lucharon por el renacimiento de la literatura española. Fue el propio Azorín quien bautizó a este grupo con el nombre de Generación del 98, como se lo conoce en la actualidad, movimiento que él definió, conceptualizó y defendió. El tema dominante de sus escritos es la eternidad y la continuidad, simbolizadas en las costumbres ancestrales de los campesinos. Introdujo un estilo nuevo y vigoroso en la prosa española y obtuvo el reconocimiento de la crítica principalmente por sus ensayos.
Primogénito de nueve hermanos, José Martínez Ruiz era hijo de un abogado y político conservador (que llegó a ser alcalde de su pueblo) y de una terrateniente local. Ambos progenitores eran personas religiosas y cultas. José fue un niño solitario al que gustaba mucho la lectura. Estudió en el Internado de los Padres Escolapios en Yecla, Murcia, donde permaneció ocho años. El alejamiento de su madre y el estricto ambiente de estudio no dejó buenos recuerdos en el niño, tal y como él mismo relataría, muchos años después, en Memorias inmemoriales (1946).
Cursa la carrera de Derecho en Valencia, pero, en lugar de estudiar, se dedica a asistir a tertulias de café, interesándose por la literatura y la política. Centra su interés en las lecturas sobre el krausismo, un movimiento orientado a la renovación de la vida nacional a través de la enseñanza, y el anarquismo. Los primeros textos que escribe son artículos que publica bajo los diversos seudónimos en periódicos de la región levantina. Redacta también reseñas de crítica teatral, centrando su interés en las obras de marcada crítica social. En sus años universitarios hace traducciones del francés, de obras de teatro y de escritos anarquistas. Con el bagaje político que va acumulando, publica en 1895 dos ensayos sobre las principales teorías anarquistas: Notas sociales y Anarquistas literarios. Al igual que para Valle-Inclán, Benavente o Baroja, la carrera universitaria tuvo algo de imposición familiar, con lo que sus estudios quedan apartados ante el mayor interés por los ambientes literarios y el deseo de influir en la sociedad. Nunca llegó a finalizar la carrera, a pesar de presentarse a exámenes en varias universidades.
En 1896 viaja a Madrid con una recomendación de un periodista establecido, Luis Bonafoux, que le permite incorporarse como colaborador fijo del diario El País, empleo que perderá al año siguiente. Decide entonces colaborar con distintos medios de prensa de ideología republicana. Publica artículos muy polémicos, de ideología ácrata, que le brindan una cierta reputación. Son años de vida bohemia en los que conoce a Ramiro de Maeztu y a Pío Baroja con los que constituye el autodenominado Grupo de los Tres, nombre con el que publican conjutamente un artículo en la revista Juventud. Junto a éstos comparte una viva admiración por la obra de Nietzsche, así como por doctrinas de carácter revolucionario. Durante esos años viajó intensamente por tierras de la meseta castellana, con el propósito de conocer tanto su paisaje como la situación social de sus gentes, que entonces era de extrema miseria. A esa época pertenecen libros como Soledades (1898), Pécuchet, demagogo (1898), La sociología criminal (1899), Los Hidalgos (1900) o El alma castellana (1901).
Una primera trilogía narrativa de carácter autobiográfico, compuesta por los volúmenes La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), constituye un extenso proceso de reflexión personal que lo llevó a cambiar radicalmente sus posiciones ideológicas. Desilusionado por su entorno, sus propias conclusiones lo llevaron a adoptar un ideario conservador al enfrentarse con algunos de los mitos finiseculares. A partir de 1904, después de haber utilizado varios seudónimos, firmará sus escritos como 'Azorín'. En ese momento, su prosa despunta ya con fuerza por una extraordinaria valoración del objeto descrito en sus mínimos detalles, así como por su claridad y precisión expositivas, frase breve y riqueza de léxico. Todo ello, en su tiempo, hizo que su obra supusiera una auténtica revolución estética, si se la compara con el grueso de la producción decimonónica. Para Azorín el objeto primordial del artista no ha de ser otro que la percepción de lo "sustantivo de la vida". En consecuencia, pues, con este propósito de su particular técnica narrativa, lo decisivo no está en "los grandes hombres, los magnos acontecimientos, las ruidosas pasiones", sino en "lo minúsculo, lo atómico". Técnica impresionista, pues, que aspira a ofrecer la esencia espiritual de las cosas mediante descripciones líricas en las que predomine la emoción delicada y atenta. Impregnándose de estos valores, su escritura se verá asaltada constantemente por la obsesión del tiempo, la serena contemplación del paisaje, de la historia, y una renovada sensibilidad ante los clásicos. En esta línea, aparecerán Los pueblos (1905), La ruta de Don Quijote (1905), España. Hombres y paisajes (1909), Castilla (1912), Clásicos y modernos (1913), Al margen de los clásicos (1915) y Una hora de España (1924). En varios de ellos recoge impresiones sobre sus viajes por tierras españolas, anteriormente publicadas en periódicos como ABC.
Entre 1907 y 1919 fue diputado del Partido Conservador en cinco legislaturas, ocupando también el cargo de Subsecretario -segundo responsable, inmediatamente detrás del ministro- en el Ministerio de Instrucción Pública en 1917 y 1919. En 1908 se casa con Julia Guinda Urzanqui, con la que no tendrá hijos. Su éxito profesional y su nueva situación familiar fueron acompañados de un giro radical en su ideario y actividad política. Escribe regularmente en el periódico monárquico ABC, con el que colaborará durante el resto de su vida, poniéndose a las órdenes de los dos líderes conservadores a quien tanto había criticado: Antonio Maura y Juan de la Cierva. En 1913 es rechazada su candidatura a la Academia de la Lengua, decisión que motivó que se le hiciera un homenaje de desagravio en Aranjuez, Madrid, al que asistieron, entre otros, José Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez y Pío Baroja (hasta 1924 no será admitido en la Real Academia). Entre 1914 y 1917 fue asímismo crítico literario en el periódico barcelonés La Vanguardia.
Los años de la Dictadura de Primo de Rivera supusieron el final de su carrera política, ya que Azorín se negó a colaborar con el nuevo régimen y se dedicó al periodismo de viajes y a la redacción de ensayos sobre personajes clásicos de la literatura como Don Juan (1922) o Doña Inés (1925). Al igual que los hermanos Machado, durante la Dictadura también escribió obras de teatro, un género para el que había una gran demanda. En un breve periodo de dos años concibió Old Spain (1926), Brandy, mucho brandy (1927) y La comedia del arte (1927). A diferencia de las obras de los Machado, las produciones de Azorín no gozaron del favor del público. Obras posteriores como Lo invisible (1928), conjunto de tres piezas breves precedidas de un prólogo escénico, o el auto sacramental Angelita (1930) no supondrían sino intentos frustrados de renovar el género teatral español. Por otra parte, produjo textos de narrativa vanguardista influidos por el estilo del poeta Rainer Maria Rilke, así Félix Vargas (1928), Superrealismo (1929) y Pueblo (1939).
Durante la Segunda República se mantuvo alejado de la política activa y continuó colaborando con el diario ABC. El comienzo de la Guerra Civil de 1936 le sorprende en Madrid, desde donde escapa a Francia. Se instala en París con su esposa y allí pasará la mayor parte de los tres años siguientes. Más tarde narrará esta experiencia en su libro Españoles en París (1939). Finalizada la contienda vuelve a Madrid y retoma su colaboración con el periódico ABC. Después de un rechazo inicial, por parte de los falangistas que no le perdonan sus oscilaciones políticas, consigue que las autoridades franquistas le vayan incluyendo en el grupo de intelectuales del régimen, acercamiento que se acabaría traduciendo en varios premios y condecoraciones, como la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1946). Durante esta etapa escribió profundas reflexiones sobre España, que plasma en títulos como Pensando en España (1940) y Sintiendo a España (1942). Asímismo da forma a sus preocupaciones literarias en la novela El escritor (1941). Su obra de vejez siguió presidida por los temas que dominan su visión del mundo: la irrealidad de la vida, el ámbito del arte, la nostalgia por el pasado de España.
En sus últimos años se dedicó intensamente a ver películas de cine, un arte al que dedicó numerosos artículos de prensa. Falleció en 1967 a la edad de 93 años.

(Semblanza a partir de reseñas procedentes de las páginas Modernismo 98 y 14, Biografías y Vidas y El poder de la palabra)



 

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