domingo, 7 de diciembre de 2014

Joan Bennett (Palisades, New Jersey, US, 27-2-1910 / Scarsdale, New York, US, 7-12-1990): In memoriam

MÁS QUE UNA FEMME FATALE

Hoy hace 24 años que falleció la actriz estadounidense Joan Bennett. Intérprete de éxito durante dos décadas y media del Hollywood clásico, aun infravalorada en su día, ha dejado a la posteridad varios títulos que forman parte importante de la historia del cine.

Semblanza biográfica a partir de la página El Criticón:

Joan Geraldine Bennett nació en el seno de una familia dedicada a la interpretación, siendo sus padres los actores Richard Bennett y Adrianne Morrison, y sus hermanas mayores la actriz Constance Bennett y la actriz y bailarina Barbara Bennett. La primera aparición de Joan en el cine silente fue a los 6 años en "The valley of decision" (1916), drama que su padre adaptó a la pantalla y en el que intervino toda la familia Bennett. En 1926 Joan se casó con John Marion Fox, de quien se divorció en 1928, cuatro meses después del nacimiento de su hija. En ese año la actriz debutó en Broadway. Tras intervenir como extra o en papeles secundarios en distintas producciones de Hollywood, Joan logró su primer personaje destacado a la edad de diecinueve años, cuando apareció en la película El Capitán Drummond (1929) de F. Richard Jones, que protagonizó Ronald Colman. Siguieron títulos como Disraeli (1929) de Alfred E. Green, con George Arliss, La fiera del mar (1930) de Lloyd Bacon, con John Barrymore, Esposas de médicos (1931) de Frank Borzage, con Warner Baxter, Quería un millonario (1932) de John G. Blystone, con Spencer Tracy, El beso redentor (1932) de Raoul Walsh, con Charles Farrell, Mi chica y yo (1932) de Raoul Walsh, con Spencer Tracy, Las cuatro hermanitas (1933) de George Cukor, con Katharine Hepburn y Paul Lukas, Mississippi (1935) de A. Edward Sutherland, con Bing Crosby y W.C. Fields, Mundos privados (1935) de Gregory La Cava, con Claudette Colbert, Charles Boyer y Joel McCrea, El hombre que saltó la banca en Montecarlo (1935) de Stephen Roberts, con Ronald Colman, Cásate conmigo... si puedes (1936) de Richard Wallace, con Cary Grant, o Cómicos en París (1938) de Mitchell Leisen, con Jack Benny, títulos que afianzaron su nombre en Hollywood. La apariencia de Joan durante su primera década en el cine era la de chica ingenua, una rubia platino que decidió cambiar su color de pelo a raíz de su intervención en La fugitiva de los trópicos (1938) de Tay Garnett, junto a Fredric March, cuando en mitad del film y por razones de guión tuvo que teñir su blonda cabellera. A partir de ese momento Joan se convirtió en la belleza morena que cautivó a los espectadores de medio mundo con sus malévolas artimañas de femme fatale. Entre 1932 y 1937 estuvo casada con el guionista y productor Gene Markey, padre de su segunda hija. En 1940 se casó por tercera vez, en este caso con el importante productor Walter Wanger, matrimonio del que nacieron sus hijas tercera y cuarta.
Tras participar en otros films de diversos géneros, Joan protagonizó junto a Louis Hayward dos películas de aventuras, La máscara de hierro (1939) de James Whale y El hijo de Montecristo (1940) de Rowland V. Lee. Pero fue gracias a su protagonismo en cuatro títulos dirigidos por el maestro del cine negro Fritz Lang por lo que más se la recuerda hoy en día: El hombre atrapado (1941), con Walter Pidgeon, La mujer del cuadro (1944) y Perversidad (1945), ambas con Edward G. Robinson, y Secreto tras la puerta (1948), con Michael Redgrave. También fue requerida por otros directores de origen europeo en su período americano, como Zoltan Korda en Pasión en la selva (1947), aventura keniata con Gregory Peck y Robert Preston, Jean Renoir en La mujer en la playa (1947), drama con Robert Ryan y Charles Bickford, o Max Ophuls en Almas desnudas (1949), intenso melodrama con James Mason, otra de sus mejores películas.
La década de los 40 había sido espléndida para Joan y así comenzó la siguiente, en la que su versatilidad le permitió también aparecer en otros géneros como la comedia en El padre de la novia (1950), o su continuación El padre es abuelo (1951), las dos dirigidas por Vincente Minnelli, con Spencer Tracy en el papel de su marido y Elizabeth Taylor en el de su hija. Pero en 1951 un desafortunado incidente que protagonizó su por entonces marido, el productor Walter Wanger, dió al traste con la buena racha de Bennett. En un ataque de celos, Wanger disparó dos veces contra Jennings Lang, el agente de su esposa desde doce años atrás, que resultó herido en el muslo derecho y en la ingle. La policía encontró la pistola en el coche de Joan y Wanger fue encarcelado. Este publicitado escándalo perjudicó notablemente la carrera de la actriz, quien desde ese momento vio como su profesión cinematográfica se tambaleaba, dedicándose a actuar en el teatro. No obstante, la pareja no se divorciaría hasta 1965. 
Tras un parón de tres años regresó al cine, pero participó en muy pocos títulos, los más destacados No somos ángeles (1955) de Michael Curtiz, con Humphrey Bogart, y Siempre hay un mañana (1956) de Douglas Sirk, con Barbara Stanwyck y Fred MacMurray. Refugiada en la televisión, realizó su última aparición en la gran pantalla en el giallo italiano Suspiria (1977) de Dario Argento. Joan aún se casó una cuarta vez en 1978 con el publicista y crítico de cine David Wilde, que la sobrevivió tras su muerte a los 80 años de un ataque al corazón.


1 comentario:

  1. No sabía de Joan Bennett y esta semblanza que nos trae Javi me la recuerda en algunas de sus películas, particularmente “La mujer del cuadro” con Eduard G. Robinson. Interesante la vida y obra de ella.

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