lunes, 8 de diciembre de 2014

Concha Piquer - Ojos verdes

CONCHITA PIQUER (Valencia, 8-12-1906 / Madrid 12-12-1990): IN MEMORIAM

Aniversario natal de la cantante y actriz española Concha Piquer. Considerada la máxima expresión de la copla o canción española, destacó como tonadillera por su gran emotividad y expresividad interpretativa, cantando los textos con una dicción nítida, una entonación ajustada y una dosificación pasional milimétrica. Lo mejor de su repertorio vino de manos del mítico trío de compositores Quintero, León y Quiroga. Aunque en la posguerra española ella fuera una diva mimada por el régimen gobernante en España, los roles de mujer fatal, pícara o liberada que aparecían en sus canciones no estaban muy de acuerdo con el orden moral que preconizaba el gobierno surgido de la Guerra Civil que derrocó a la República y que, sin embargo, no dudó en apropiarse de su obra e imagen con el objetivo de promocionarse en el exterior a través de una figura de proyección internacional como era Concha Piquer. Como ninguna otra artista de su tiempo, ella triunfaba en escenarios españoles y latinoamericanos. De ahí que, durante décadas, se asociase el género de la copla, del cual la Piquer fue el rostro más visible, con el franquismo, consideración que hasta el día de hoy se ha ido desvaneciendo. Españoles de cualquier ideología aún se emocionan al escuchar su voz y sus canciones.
Concepción Piquer López nació en Valencia en el nº 23 de la calle de Ruaya, en el barrio de Sagunto  (la que hoy es su casa-museo). Hija de un matrimonio humilde, su padre (que murió de cirrosis siendo ella niña) era albañil y su madre, costurera. Sus cuatro hermanos mayores murieron prematuramente y sólo conoció a su hermana menor, Anitín, que se convertiría en su acompañante, secretaria y persona de máxima confianza en su carrera profesional. Conchita Piquer siguió estudios de canto con el maestro Laguna y con sólo once años debutó en el Teatro Sequeros de Valencia, donde tuvo que usar el traje de primera comunión porque era el mejor que tenía. Conchita era casi analfabeta y sólo hablaba valenciano. Tras diversas actuaciones en otros teatros valencianos como Apolo y Kursaal, sus dotes artísticas llamaron la atención del compositor Manuel Penella, que la contrató para acompañar la representación en Nueva York de su ópera El gato montés, que había estrenado con éxito en 1916 en Valencia. En el estreno neoyorquino (13 de septiembre de 1922), una Conchita Piquer de quince años cantó en el entreacto el tema de Penella El florero y se llevó una gran salva de aplausos, habiendo de bisar varias veces el número. Fue el inicio de una estancia de cinco años en tierras americanas. Allí Conchita aprendió a hablar inglés casi con la misma celeridad que castellano y grabó sus primeros discos de pizarra a 78 r.p.m. con la compañía Columbia Records e hizo su primera incursión en el cine: en 1923, con 17 años, fue grabada cantando en un cortometraje de once minutos que dirigió Lee DeForest, cuatro años antes del primer film sonoro oficial de la historia, El cantor de jazz (1927). Actuó en México, Cuba, Perú y recorrió muchos estados norteamericanos. Su madre, que había viajado con ella, tuvo que volver a España para cuidar de su hija menor enferma. En Nueva York, Conchita debutó en el Teatro Winter Garden de Broadway, donde triunfó durante casi dos años consecutivos. Asímismo compartió escenarios musicales junto a grandes figuras estadounidenses de la época como Al Jolson, Eddie Cantor, Marie Dressler o Jeanette MacDonald. 
De regreso a España en 1926, decidida a convertirse en una gran estrella, cantó en el Teatro Romea de Madrid con un novedoso programa que incluía cuplés, canciones de Broadway e imitaciones de Al Jolson y Eddie Cantor con la cara pintada de negro. Después protagonizó El negro que tenía el alma blanca (1927), rodada en París a las órdenes de Benito Perojo, que obtuvo un éxito arrollador. A partir de ahí, su mentor, el maestro Penella compuso para ella las primeras canciones del género típicamente español que, sustituyendo al más vulgar y afrancesado cuplé ya en decadencia, sería denominado como la copla. Con Benito Perojo rodaría también La bodega (1929), su primera película sonora, que tras su triunfal estreno en París se exportó a dieciseis países. Por esa época conoce a dos hombres fundamentales en su vida y carrera: el torero Antonio Márquez (llamado el Belmonte rubio), surgiendo entre ambos un apasionado amor, y el compositor Antonio Quiroga, que le proporciona las primeras partituras de canciones de las muchas que en el futuro escribiría para ella. En 1933 se fue a vivir con Antonio Márquez, a pesar de que el diestro ya estaba casado, para escándalo de la sociedad de la época. Conoció luego de una actuación en Sevilla a Rafael de León, poeta y letrista a cuya decisiva influencia se debe su orientación definitiva hacia la copla española y que sería siempre su amigo y colaborador. De vuelta de una gira de más de un año por Argentina y otros países sudamericanos, rueda Yo canto para ti (1935) de Fernando Roldán, hoy perdida. El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 la sorprende en Sevilla, donde permanece durante toda la contienda. Recién acabada ésta, Floríán Rey la requiere para protagonizar La Dolores (1940), su película más exitosa. A continuación funda la compañía Arte Folklórico Andaluz Escenificado auspiciada por su marido, ya retirado del toreo y convertido en su representante. En la posguerra contarán con el dramaturgo y compositor Antonio Quintero, el letrista Rafael de León y el pianista y compositor Manuel Quiroga, que formarían el famoso triunvirato Quintero, León y Quiroga, que produjo una larga serie de espectáculos y canciones de gran éxito, popularizadas por Conchita Piquer y otros intérpretes de la época. La exigencia cualitativa de tales espectáculos, con los que recorrió una y otra vez España y Latinoamérica era muy alta. En una de esas giras nacería en Buenos Aires su única hija, que andando el tiempo sería también cantante: Conchita Márquez Piquer, que vino al mundo el último día del año 1945. La tonadillera realizó giras muy largas, y tenía la costumbre de viajar con muchos baúles de ropa, objetos personales y utensilios domésticos, porque solía alquilar una casa en los lugares donde actuaba. Este hecho hizo que se acuñara la popular expresión “viajas más que el baúl de la Piquer”. Sus ultimas películas fueron Filigrana (1949) de Luis Marquina y Me casé con una estrella (1951) de Luis César Amadori. Su retirada de los escenarios se produjo a comienzos de 1958, cuando en una actuación en el Teatro Victoria de Isla Cristina (Huelva), una afonía hizo que le fallara la voz. Brava y temperamental como siempre, la Piquer decidió drasticamente poner fin a su carrera a los 52 años. A partir de entonces dejó de ser Conchita y comenzó a ser llamada Doña Concha.
Hay quien discute si Concha Piquer fue o no la mejor voz de la copla; lo que no se puede discutir es que ella tuvo el mejor repertorio, del que aquí se muestran cuarenta títulos cronológicamente ordenados: En tierra extraña, Triniá, La Parrala, La Maredeueta, Ojos verdes, No te mires en el río, Doña Sol, A la lima y al limón, Coplas de Pedro Romero, Tatuaje, La Lirio, Eugenia de Montijo, Dime que me quieres, Almudena, No me llames Dolores, Romance de la otra, Me casó mi madre, Concha Piquer, Canta morena, Cría cuervos, La guapa guapa, ¿Pa quién será?, Romance de la Reina Mercedes, Lola Puñales, A tu vera, Arrieros somos, Con divisa verde y oro, A ciegas, La niña de Puerta Oscura, Salero de España, Rondalla de celos, La Ruiseñora, Cárcel de oro, Amante de abril y mayo, Romance de valentía, Candelaria la del puerto, Mañana sale, No me quieras tanto, Con un pañolito blanco, Cinco farolas.
En noviembre de 1988, el año de su octogésimo aniversario, falleció el hombre de su vida, Antonio Márquez, y Conchita le siguió dos años después. El 12 de diciembre de 1990 murió mientras dormía a consecuencia de un fallo cardiaco. Contaba 83 años. A pesar de que llevaba retirada de la canción algo más de treinta años, la Gran Vía madrileña, lugar donde tenía su casa, en la que había vivido desde 1933, se colapsó por la gran multitud de público que acudió a tributarle un último homenaje. Aún hoy el recuerdo de Concha Piquer perdura en la memoria colectiva del pueblo español y sus canciones siguen siendo escuchadas. El singular estilo de Concha Piquer ha creado escuela e influído en muchas posteriores generaciones de intérpretes de la copla.



Ojos verdes, una copla de Valverde, León y Quiroga escrita poco antes de la Guerra Civil, fue grabada por Conchita Piquer en mayo de 1940 y con el tiempo se convirtió en una de las canciones con que más se la identifica. Con letra diferente fue utilizada nueve años después en la película "Filigrana".

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