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domingo, 23 de julio de 2017

Arletty (Courbevoie, France, 15-5-1898 / Paris, France, 23-7-1992): In memoriam

MUSA DEL REALISMO POÉTICO FRANCÉS

Hoy se cumplen veinticinco años del fallecimiento de la actriz francesa Arletty. Personalidad única, accedió al cine desde las candilejas gracias a su buena planta y desparpajo. Fue una gran estrella de la cinematografía gala desde finales de los años 30 hasta dos décadas después personificando ciertas características de la 'mujer francesa' por antonomasia con simpática desenvoltura y desarmante naturalidad. Musa del llamado realismo poético, debe su celebridad fundamentalmente a las películas que rodó dirigida por Marcel Carné, sobre todo la deslumbrante Los niños del paraíso, que marcó el punto culminante de su carrera y donde, además de su imponente presencia que iluminaba la pantalla, exhibió un maravilloso sentido del humor, un ingenio extraordinario y un aire típico de la clase obrera parisina.
Léonie Marie Julie Bathiat nació en el seno de una familia de clase obrera; su padre era tornero de tranvías y su madre lavandera. Por sufrir problemas respiratorios, a los cuatro años fue enviada al cuidado de unos parientes paternos en Clermont-Ferrand. Hasta 1910 estudió en una institución privada y después se propuso convertirse en secretaria y aprendió mecanografía. La guerra de 1914 acabó en el campo de batalla con la vida de su primer amor, a quien llamaba 'Ciel' a causa del color de sus ojos. Su padre, promovido a jefe de tracción, falleció aplastado por un tranvía a finales de 1916 y consecuentemente, ella, su madre y su hermano fueron desalojados de la vivienda correspondiente a los empleados de los tranvías de París. En 1917 se dejó seducir por un joven banquero suizo y se fue a vivir con él. Lo dejó por un marchante de pinturas, quien la recomendó al director del Théâtre des Capucines. Posó para pintores y fotógrafos y por un tiempo fue maniquí de Poiret, un famoso costurero. En esa época adoptó el seudónimo de Arlette, tomado de una novela de Maupassant, que más adelante transformaría en Arletty para actuar en comedias, operetas y espectáculos de music-hall a partir de los años 20.
A la edad de 32 debutó en el cine y siguió alternando su trabajo en los escenarios con su incipiente carrera cinematográfica, en la que figuraron títulos como El padrino ideal (1933) de André Berthomieu, El admirable vanidoso (1934) de Jean Tarride, Guerra de valses (1933) de Ludwig Berger y Raoul Ploquin, o Pensión Mimosas (1934) de Jacques Feyder, su primera película importante. Estos y otros muchos films donde apareció solían ser el equivalente en pantalla de lo que ella interpretaba en los escenarios. Conforme se le fueron confiando papeles más relevantes, destacó por su dinamismo e ingenio, creando caracteres populares a veces truculentos, pero nunca vulgares, lo que le valió el apelativo de 'emperatriz de los arrabales', homenaje sincero a una especie de nobleza altanera y libertad soberana que confirió a sus personajes. En Las perlas de la corona (1937) de Sacha Guitry encarnó a la reina de Abisinia, pero fue Hotel del Norte (1938) de Marcel Carné, drama con Annabella, Jean-Pierre Aumont y Louis Jouvet donde personificaba a una desgarrada prostituta, el film que la encumbró cuando ya contaba 40 años. Carné, el director más importante con quien trabajó y para quien rodaría otras excelentes películas que constituyen lo mejor de su filmografía, volvió a contar con ella en Al despertar el día (1939), drama con Jean Gabin, Jules Berry y Jacqueline Laurent, donde entroniza la figura de la mujer libre, sujeta sólo a la voluntad de su pasión, en pie de igualdad con sus amantes masculinos. A partir de ahí se instaló definitivamente en su personaje específico: el de una mujer fuerte y autónoma, que no cree en Dios ni en el diablo, y aún menos en los hombres, pero que se encontraba encadenada a sus historias y dramas por su insaciable necesidad de amor, puro o pasional. Sin embargo, guardaba en su corazón un romanticismo que la hacía entregarse a quien le gustaba, sin reticencias ni falsa vergüenza.
Luego de protagonizar películas como Fric-Frac (1939) de Claude Autant-Lara y Maurice Lehmann, comedia con Fernandel y Michel Simon, o Madame Sans-Gêne (1941) de Roger Richebé, comedia histórica con Aimé Clariond y Albert Dieudonné, rodó, de nuevo a las órdenes de Marcel Carné, Los visitantes de la noche (1942), fábula medieval con Marie Déa, Fernand Ledoux, Alain Cuny y Jules Berry donde era una figura seductora y ambigua que sembraba la confusión en el corazón de los hombres y desencadenaba un drama al intentar evitar los irresistibles efectos de su maléfico poder. Fue éste el film francés más importante rodado (en Niza) y estrenado durante la Ocupación alemana, en plena II Guerra Mundial. Entre 1943 y 1944, Carné rodó asimismo en Niza la que habría de ser su obra maestra y la considerada  mejor película de la historia del cine francés: Los niños del paraíso (1945), lujosa superproducción en forma de drama romántico con Jean-Louis Barrault, Pierre Brasseur, Pierre Renoir, Marcel Herrand, Louis Salou y María Casarès. El personaje de Arletty era Garance, una seductora actriz que representaba la verdad desnuda, sin guardar las formas pero sin impudor, mientras su corazón latía en secreto por el cómico Baptiste. Fue éste el mejor papel de su carrera y por el que cobró uno de los más altos salarios de la época. Estrenado el film tras la liberación de Francia, confirmó a Arletty como la primera estrella de su país. Sin embargo, tras el fin de la guerra, fue juzgada por colaboracionista. Había sido amante de un alto oficial alemán. "Soy una mujer", dijo al juez. La condenaron a varios meses de prisión (por lo que entonces se llamaba "colaboración horizontal"), a un destierro de dos años y medio en provincias en arresto domiciliario y la prohibición de trabajar en tres años. Ni siquiera pudo asistir al estreno de Los niños del paraíso. Posteriormente, su carrera se mantuvo en un discreto ostracismo profesional.
Luego de pasar por un par de films inacabados, volvió al teatro en 1949 interpretando a Blanche DuBois en el estreno francés de "Un tranvía llamado deseo" de Tennessee Williams bajo la dirección de Jean Cocteau. Entre sus películas posteriores figuran Pasión prohibida (1949) de Bernard-Roland, thriller con Maria Montez, Erich von Stroheim y Pierre Brasseur, Los peligros de París (1951) de Roger Richebé, drama con Georges Marchal y Nicole Courcel, El gran juego (1954) de Robert Siodmak, drama con Gina Lollobrigida, Jean-Claude Pascal y Raymond Pellegrin, El aire de París (1954) de Marcel Carné, drama boxístico con  Jean Gabin, Roland Lesaffre y Marie Daëms, Un domingo maravilloso (1958) de Marc Allégret, comedia dramática con Bourvil y Danielle Darrieux, Bello amor (1958) de Henri Verneuil, comedia dramática con Michèle Morgan y Charles Boyer, El día más largo (1962) de Ken Annakin, Andrew Marton y Bernhard Wicki, superproducción bélica con multiestelar reparto internacional, o Vida de Roma (1963) de Denys de La Patellière, comedia con Charles Aznavour.
En 1962 sufrió un accidente a consecuencia del cual quedó prácticamente ciega. Su última película la rodó en la oscuridad, guiándose por la voz de sus compañeros. Después se retiró y sólo prestaría su voz a varios documentales. Desde 1928 fue compañera de Jean-Pierre Dubost, en una larga relación que, con altos y bajos, se prolongó hasta la muerte de él en 1966. La vida de Arletty, que nunca se casó ni tuvo hijos, se alargó hasta los 94 años. Pocas estrellas francesas han sido tan añoradas como ella.


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