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domingo, 29 de enero de 2017

W. C. Fields (Darby, Pennsylvania, US, 29-1-1880 / Pasadena, California, US, 25-12-1946): In memoriam

EL CÓMICO EXCÉNTRICO

Hoy es aniversario natal del actor y comediante estadounidense W. C. Fields. Tras un largo aprendizaje del oficio en el vaudeville, triunfó en escenarios de todo el mundo y de ahí pasó al cine. Partiendo de su minuciosa observación de medios rurales o suburbanos, creó un original personaje muy reconocible, con humor absurdo o libertario y atuendo característico: un individuo oprimido por la vida cotidiana que planea una estrepitosa revancha, un misántropo que odia a los niños y a los perros, y a pesar de todo resulta simpático y muy divertido. Son característicos suyos una prominente nariz redondeada y un vocabulario grandilocuente, arrastrando las palabras. Se dijo de él que era el más grande humorista americano desde Mark Twain. Muy popular en los últimos años del cine silente y durante toda la década de los años 30 y primeros 40, la reposición de su obra, actualmente muy revalorizada, ha conducido a su consideración como uno de los grandes cómicos de su época, después de Chaplin, Keaton y Lloyd.
William Claude Dukenfield fue el  mayor de los cinco hijos de una familia de clase trabajadora. Su padre era un vendedor ambulante (y alcohólico) a quien de niño (sólo fue a la escuela cuatro años) ayudaba a vender verduras desde un carromato, hasta que un día se pelearon y el pequeño William, a la sazón con trece años, se fugó de casa (como tenía por costumbre esporádicamente desde los nueve). Buscó empleos como repartidor de hielo, mozo de almacén u otros donde duraba poco tiempo, pues prefería vagabundear y relacionarse con personajes marginales. Vivió sin techo, robaba comida y ropa, recibiendo palizas a menudo y pasando noches en prisión. De adolescente se aficionó a los juegos malabares, exhibiendo sus habilidades en espectáculos teatrales a partir de los diecisiete años. Con el nombre de W. C. Fields en 1898 entró a formar parte de una compañía de vaudeville, con la que marchó de gira. A sus malabarismos fue añadiendo con éxito creciente rasgos humorísticos y llegó a ser cabeza de cartel en espectáculos con los que recorrió Norteamérica, Europa, Australia y Sudáfrica. Por entonces se hacía llamar "El malabarista excéntrico" y se le consideraba el mejor del mundo en su especialidad. En 1905 debutó en una comedia musical en Broadway y después continuó sus giras de vaudeville durante otros diez años. Como cómico malabarista llegó a actuar en un espectáculo con Sarah Bernhardt en 1913 en el Palace de Nueva York y después en Inglaterra en una gala en el Buckingham Palace para el Rey y la Reina. También lo hizo en el  Folies-Bergère parisino junto a Maurice Chevalier y un joven Charles Chaplin. Dos años después actuó en las Ziegfeld Follies haciendo las delicias del público con sus gags y trucos, realizando además sus primeras incursiones cinematográficas en varios cortos. Entre 1916 y 1922 continuó apareciendo en esos espectáculos de Florenz Ziegfeld, ya sólo en números cómicos, y luego fue uno de los protagonistas de la comedia musical "Poppy" (1923) estrenada en el Apollo Theater neoyorquino. Solía presentarse con sombrero de copa, chaqué y bastón. Siempre lamentó las deficiencias de su educación y fue un lector voraz que acumulaba montones de libros. Las novelas de Dickens le inspiraron especialmente.
Su carrera en el cine comenzó con un papel secundario en la película Janice Meredith (1924) de E. Mason Hopper, una comedia romántica de época producida por William Randolph Hearst para su amante Marion Davies. Después protagonizó junto a Carol Dempster la comedia Sally, la hija del circo (1925) de D. W. Griffith, adaptación a la pantalla de "Poppy", su éxito teatral dos años anterior, y otras como Crimen y castigo (1925) de D. W. Griffith, comedia (hoy perdida) con Carol Dempster y James Kirkwood, El boticario rural (1926), comedia con Louise Brooks, Loco de atar (1927) de Gregory La Cava, comedia con Mary Brian,  Dos viejos verdes (1927) de John Waters, comedia con Chester Conklin, o El pícaro de la suerte (1928) de Charles Reisner, comedia con Chester Conklin. Fue por esta época que se aficionó al alcohol, pues cuando era malabarista no podia permitirse beber, ya que para ese trabajo era imprescindible una gran precisión.
La llegada del cine sonoro reveló su lánguida voz, capaz de mil variaciones de volumen, y sus increibles juegos de palabras. Fields ya tenía su personaje totalmente asentado, que mostró en títulos como Su Majestad el amor (1931) de William Dieterle, musical con protagonismo de Marilyn Miller, y en los siguientes, después de ser contratado por Paramount, entre ellos A todo gas (1932) de Edward F. Cline, comedia con Jack Oakie y Ben Turpin, Si yo tuviera un millón (1932), comedia de episodios y varios directores, apareciendo Fields en uno de ellos dirigido por Norman Z. McLeod, Casa internacional (1933) de A. Edward Sutherland, comedia con Peggy Hopkins Joyce, Rudy Vallee y Stuart Erwin, Un par de tíos (1933) de Francis Martin, comedia con Alison Skipworth, Alicia en el país de las maravillas (1933) de Norman Z. McLeod, adaptación de la novela de Lewis Carroll donde interpretó a Humpty Dumpty, con Charlotte Henry, Viaje de placer (1934) de Leo McCarey, comedia donde compartió créditos con Charles Ruggles, Mary Boland, George Burns y Gracie Allen, Cómicos de la legua (1934) de William Beaudine, comedia circense con Baby LeRoy, It's a gift (1934) de Norman Z. McLeod, comedia con Baby LeRoy, una de las más valoradas por la crítica, David Copperfield (1935) de George Cukor, produccion M.G.M. según la novela de Dickens donde encarnó a Mr. Micawber, con Freddie Bartholomew, El cantor del río (1935) de A. Edward Sutherland, comedia musical con Bing Crosby y Joan Bennett, El trapecista volador (1935) de Clyde Bruckman, comedia con Mary Brian y Kathleen Howard, o Poppy (1936) de A. Edward Sutherland, nueva adaptación de la pieza teatral que estrenó trece años atrás, con Rochelle Hudson, donde volvía a personificar al  estafador, charlatán y vendedor de aceite de serpiente Eustace McGargle, completamente dedicado a su amada hija Poppy.
Hacia 1936 su prolongado alcoholismo había deteriorado seriamente su salud hasta el punto de provocarle delirium tremens e incapacitarle para seguir trabajando en películas. Aun así consiguió trabajar en la radio junto al famoso ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy. Con popularidad renovada y muy bien pagado, fue contratado por Universal, estudio para el que rodó varias de sus siguientes películas, entre ellas, Mi pequeño gorrión (1940) de Edward F. Cline, comedia con Mae West, Detective a la fuerza (1940) de Edward F. Cline, comedia con Una Merkel y Cora Witherspoon, o El pelele no tiene suerte (1941) de Edward F. Cline, comedia con Gloria Jean, el último film que protagonizó, aunque todavía hizo colaboraciones en títulos como Seis destinos (1942) de Julien Duvivier, Sueños de gloria (1944) de A. Edward Sutherland o Noche de estrellas (1945) de Andrew L. Stone.
W. C. Fields estuvo casado desde 1900 hasta su muerte en 1946 con Harriet Hughes, con la que tuvo un hijo en 1904 y de la que pronto se separó. Luego tuvo como amante a Bessie Poole, con quien tuvo otro hijo, y, desde 1932, estuvo unido a la actriz Carlotta Monti. Tras pasar hospitalizado sus últimos veintidós meses de vida, su fallecimiento se produjo a los 66 años a consecuencia de una hemorragia estomacal el día de Navidad, una fecha que detestaba. En sus momentos finales, su compañera salió y apuntó una manguera al techo, para que Fields oyera por última vez simulado su sonido favorito, la lluvia cayendo.
Genio del monólogo nasal, de las florituras verbales excesivas y otras incongruencias anacrónicas, se expresaba con aforismos fulminantes: "Las mujeres me producen tanto efecto como un elefante; me gusta mirarlas, pero no las quiero en casa" o "Los niños me encantan, hervidos o fritos". Muy influyente en humoristas posteriores, ha dejado el recuerdo de un rebelde surrealista, de un panfletario subversivo, de un cínico impenitente, cuyas pesquisas reflejan lo fantástico poético más puro. Woody Allen lo ponderó, en una entrevista del año 2000 para el New York Times, como uno de los seis más auténticos y geniales cómicos de la historia del cine, junto con Charlie Chaplin, Buster Keaton, Groucho y Harpo Marx, y Peter Sellers.

 

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