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sábado, 10 de diciembre de 2016

Celia Gámez - Me voy o no me voy

CELIA GÁMEZ (Buenos Aires, Argentina, 25-8-1905 / Ibíd, 10-12-1992): IN MEMORIAM

Hoy se cumplen veinticuatro años de la desaparición de la legendaria vedette argentina Celia Gámez, la indiscutible reina de la revista musical española durante cuatro décadas y gran estrella casi medio siglo. En su género no tuvo rival y ningún otro artista foráneo del espectáculo ha triunfado en España tanto ni por tanto tiempo como ella. Menuda y muy vivaz, sin ser una belleza despampanante ni poseer grandes cualidades vocales (aunque sí una voz nasal muy caracteristica e inconfundible), su inigualable carisma y arrolladora personalidad, además de sus dotes interpretativas, la hicieron triunfar igualmente en los tiempos de la Monarquía, la República o la Dictadura españolas, manteniéndose en los tres regímenes como diva intocable. Su originalidad a la vez que una extraordinaria capacidad de adaptación al país que la acogió fue decisiva para su elevación a la cumbre del éxito y la fama. Resulta sorprendente la manera en que supo captar los gustos del público, enraizarse en el alma popular española -sobre todo, madrileña- y hacer de ese espíritu el suyo propio. Por poner un ejemplo, nadie ha sabido cantar el chotis como ella. Apelada 'Nuestra Señora de los buenos muslos', en la mayoría de las muchas revistas musicales que estrenó pudo contar con los mejores músicos. libretistas, escenógrafos y figurinistas y en ellas no se escatimaron medios para ofrecer al público los espectáculos más lujosos, con esmeradas coreografías e inolvidables canciones que para ella escribieron grandes maestros como Francisco Alonso, Fernando Moraleda o Francis López. ¿Qué español no conoce cantables estrenados por ella como El Pichi, Los nardos, Mírame, Luna de España, El beso o Estudiantina portuguesa? Por su compañía desfilaron jóvenes valores que más tarde ocuparían los primeros puestos del teatro español, así Tony Leblanc, Fernando Fernán Gómez, Manolo Gómez Bur, José Luis Ozores, Pedro Osinaga, Concha Velasco, Vicky Lagos, Licia Calderón o las hermanas Irene y Raquel Daina. El legado de Celia Gámez a la cultura popular española, nunca suficientemente valorado, es inmenso. Con fama de despilfarradora, extravagante y devorahombres, supuesta amante de políticos y militares, nunca encontró la estabilidad sentimental ni tuvo hijos (algo que siempre lamentó) pese a casarse dos veces.
Una de los once hijos de un matrimonio de emigrantes malagueños en Buenos Aires, Celia Gámez Carrasco interrumpió sus estudios en el colegio religioso de Santa Catalina siendo una adolescente para trabajar como aprendiz de sombrerera y, contra la voluntad de su padre, capitán de la marina mercante, se incorporó como vicetiple a las representaciones de la revista Las corsarias (1919) en el bonaerense Teatro de la Comedia. Su oportunidad llegó cuando en cierta ocasión fue elegida para sustituir a la tiple principal enferma. Mientras empieza a triunfar, ve desfilar por los escenarios de su ciudad a figuras de la talla de Mistinguett, Maurice Chevalier y Josephine Baker y sueña con emularlas.
A finales de 1925 llega a España acompañada de su padre, al parecer para cobrar una herencia en Málaga. Viajando en tren de Barcelona a Madrid, una marquesa la escucha cantar unos tangos y la recomienda para participar en un espectáculo benéfico navideño por ella organizado en el Teatro Pavón de Madrid, donde es presentada por el tenor Miguel Fleta y están presentes los Reyes de España y el Presidente del gobierno, el General Primo de Rivera. De ahí le surge un contrato para actuar en el Teatro Romea (al que regularmente asistía Alfonso XIII), donde interpreta tangos, realizando a continuación su primera gira por ciudades españolas del norte y Portugal. A su regreso a Madrid trabaja en el Teatro Infanta Isabel y en 1926 coincide en un espectáculo con Carlos Gardel. En 1927 se produce su lanzamiento definitivo cuando, al ser contratada como vedette en el Teatro Eslava en el estreno simultáneo de dos obras cortas (Las burladoras del amor, con música de José Padilla y El carnet de Eslava, con música del maestro Cases). En la última estrenó el tango A media luz, que gustó tanto al Rey que poco después invitó a la artista al Palacio del Pardo y le concedió la nacionalidad española (dicen que el encuentro propició una relación oculta del monarca con ella). La consagración de Celia llegó casi inmediatamente con el estreno en el Eslava de Las castigadoras, con música del maestro Francisco Alonso. La Gámez triunfa en toda regla y el chotis Las taquimecas se hace enormemente popular. Luego, en 1929 estrenaría Las lloronas, El antojo, La Martingala o Por si las moscas. De esta última, también con música de Alonso, alcanzó gran popularidad el chotis La Manuela, al igual que otro famosísimo chotis, La Lola de Las cariñosas (1930), de Alonso y Belda. Asímismo en 1930 la vedette encadena éxitos con La Bomba, El ceñidor de Diana, Las pantorrillas, Las guapas o ¡Me acuesto a las ocho! (1931), pero, por esa época no sólo hace gala de gran dominio del casticismo madrileño o la sicalipsis, sino que también realiza grabaciones de los ritmos de moda: el charlestón (Madre, cómpreme un negro), el one-step (Si vas a París, papá), o el tango (Milagrosa Virgencita, Hacéme caso a mí, Una plegaria, Mamita o Mi caballo murió).
En abril de 1931 se proclama la República en España y meses después, el 12 de noviembre, estrena en el Pavón la revista que constituiría el éxito más apoteósico de toda su carrera, Las Leandras, de González del Castillo y Muñoz Román, con música de Francisco Alonso. Asistieron el Presidente Manuel Azaña, miembros del gobierno y parlamentarios. Celia estuvo inconmensurable y el triunfo fue impresionante, los vítores del público obligaron a bisar muchos de sus números y la representación se prolongó más allá de las dos de la madrugada. Canciones como el chotis del Pichi, el pasacalle Los nardos, o el dúo-habanera Llévame a la verbena de San Antonio devinieron absolutamente emblemáticas del alma de Madrid, así como tambien alcanzaron enorme popularidad otras como la Java de las viudas o la Canción canaria. En las Cortes españolas, al día siguiente, se suprime el debate parlamentario, pues no se habla de otra cosa que del mítico estreno, hito irrepetible en la historia del teatro musical español. Muchas veces repuesta a lo largo de su carrera, esta revista llegó a alcanzar las cuatro mil representaciones.
Después, desde finales de 1932, alternó, en sesiones de tarde y noche funciones de Las Leandras con Las tentaciones, de Jacinto Guerrero. El maestro Alonso escribió para Celia otra revista de éxito rotundo, Las de Villadiego, estrenada en el Pavón en 1933, y de la que se hizo muy popular el chotis La Colasa. Un año después, a fin de atraer al público femenino a sus espectáculos, estrena en el Teatro Victoria una revista con aire más cercano a las operetas que ha presenciado en París, El baile del Savoy, adaptación de una obra foránea con gran fastuosidad en su puesta en escena, buen gusto y considerable reducción de la picardía que caracterizó sus revistas anteriores. En ella Celia introdujo la figura del 'galán cantante', así como los 'boys' en la escena española y lució las primeras medias de cristal que se vieron en la península ibérica. Sin que el fervor del público disminuya en absoluto, continúa en esa linea con Los inseparables (1934), Peppina (1935), Las siete en punto (1935) o Ki-Ki (1936). 
El estallido de la Guerra Civil española en julio de 1936 la sorprendió de gira por el norte de la península. En noviembre la estrella embarca hacia Buenos Aires con la intención de volver. En Argentina repone sobre los escenarios Las Leandras y rueda las películas "Murió el sargento Laprida" (1937) de Tito Davison y "El diablo con faldas" de Ivo Pelay, regresando a España en 1938 antes del fin de la contienda e instalándose en la zona controlada por el ejército franquista. A comienzos de 1939, ansiosa de reanudar su actividad teatral, se enrola en una modesta compañía de zarzuela y opereta, apareciendo en reestrenos de La duquesa del Tabarín, El conde de Luxemburgo, La casta Susana, La viuda alegre y La del manojo de rosas, en gira por ciudades del norte de España, debutando con la primera de ellas en el Teatro Apolo de Valencia en mayo, recién finalizada la contienda. Tras la toma de Madrid, grabó para congraciarse con el bando vencedor el chotis "Ya hemos pasao", de Cotarelo/Fernández (como réplica a la consigna republicana "No pasarán"), cuya letra se burlaba de las milicias derrotadas y ensalzaba el Madrid falangista "de yugo y flechas"; algo que muchos no le perdonarían nunca cuando, poco después de la muerte de Franco, en 1976 se estrenó en España la anteriormente censurada película documental "Canciones para después de una guerra" (1971) de Basilio Martín Patino, que difundió ampliamente el controvertido cantable.
En el desolado panorama de la posguerra española, la Gámez, de nuevo en Madrid, repone en el Eslava a comienzos de 1940, en medio de una gran expectación, El baile del Savoy, a la que incorpora la famosa marcha brasileña Mama eu quero. En las décadas sucesivas la estrella deberá hacer frente a la rígida censura del régimen y moderar atuendos de ella y sus coristas, así como evitar procacidades  en el texto de sus espectáculos. Su primer gran estreno, en el Teatro Eslava, fue La Cenicienta del Palace (1940), con música de Fernando Moraleda y canciones tan populares como Vivir o La marchiña. En septiembre la presenta en Barcelona y allí también reestrena La duquesa del Tabarín y Peppina. A finales de año regresa a Madrid para protagonizar la película "Rápteme usted" de Julio de Fleischner. En marzo de 1941 estrena en el Eslava otra revista de gran éxito, Yola, con libreto de Sáenz de Heredia y Vázquez Ochando y música de Quintero e Iruste, incluyendo números archipopulares como Mírame o la Marcha de la cacería, función que superaría las quinientas representaciones a teatro lleno. En el mismo teatro, en noviembre de 1942 estrena Si Fausto fuera Faustina, un nuevo trabajo de Sáenz de Heredia y Vázquez Ochando, esta vez con música de Quintero y Moraleda, que supuso otro gran éxito (un crítico calificó a Celia de "demonio escénico"), con canciones tan pegadizas como la marchiña ¿Qué le vas a hacer?, el fox-trot Un millón o el fox lento Contigo iré. También en el Eslava, fue muy bien recibida Rumbo a pique (1943), opereta con música de Ruiz de Luna, sobresaliendo entre sus números la polkachina Yo soy Turandot. En el Tívoli de Barcelona repone La Cenicienta del Palace, Si Fausto fuera Faustina y Rumbo a pique, y en el Principal de Valencia, Yola y las dos últimas. En julio de 1944 se casa con el odontólogo José Manuel Goenaga en multitudinaria (y algo esperpéntica) boda en la iglesia de los Jerónimos, contando como padrino con el General Millán Astray, quien ante el acoso popular a la pareja clamó "¡A mí la Legión!". Previsiblemente el matrimonio duró poco y Celia solicitaría nueve años después la separación legal (tampoco duraría un posterior segundo matrimonio por lo civil en París con el periodista Francisco Lucientes).
Apenas tres meses antes de su boda madrileña había estrenado Fin de semana, con libreto de Ramos de Castro y música de Jorge Halpern, en el Reina Victoria de Madrid, a la que seguirán en el Teatro Alcázar otras dos revistas con música de Moraleda: Hoy como ayer (1945), de la que destaca el popularísimo pasodoble Luna de España y el son Cachumbambé, y Gran Revista (1946), con canciones tan conocidas como el pasodoble La florista sevillana o el chotis Manoletín. En el mismo teatro estrena en 1946 Vacaciones forzosas, con música de Iruste y García Morcillo, y en 1947 repone Yola y estrena La estrella de Egipto, de nuevo con música de Moraleda, autor del celebérimo pasodoble El beso, que se escuchará por la radio en todos los rincones de España. El Teatro Alcázar verá en 1948 la reposición de ésta última y el reestreno de Las Leandras, y el Teatro de la Zarzuela en 1949 las reposiciones de Gran Revista y Yola, volviendo ese año al Alcázar la reposición de  La Cenicienta del Palace y el estreno de Las siete llaves de Isi Fabra. El mismo escenario fue testigo en 1950 del segundo mayor éxito teatral de la Gámez, La hechicera en palacio, espectacular opereta con libreto de Rigel y Ramos de Castro y música de Padilla y Ferri, con canciones tan populares como el pasodoble La novia de España o el fado-marchiña Estudiantina portuguesa, que toda España coreó y aún no ha dejado de cantarse. Este espectáculo se repuso sucesivamente hasta 1953, alternado con giras de la artista por todo el país desde el año anterior. En febrero de 1954 en el Lope de Vega se estrena Dólares, con música de los maestros Rosillo y Moraleda, autores de inspiradas canciones como los boleros Veo la vida por tus ojos y No quiero creerte, el pasodoble Málaga o la serenata Las donjuanes. Entre sus triunfos posteriores figuran El águila de fuego (en el teatro Maravillas de 1956 a 1958), fantasía musical con libreto de Rigel y Ramos de Castro y música de Francis López, de la que sobresalen el bolero El águila de fuego, el vals Vivir, vivir, vivir, el baiao Las vespas, o el casticísimo pasacalle ¡Viva Madrid!; Su Excelencia la Embajadora (en el Teatro Alcázar de 1958 a 1959), opereta con libreto de Rigel y Arozamena y música de Francis López, con números como la marcha Yo soy la Embajadora, el calypso ¡Vaya calor!, el bolero Un beso, el vals No sé que siento, el pasodoble ¡Ay, te quiero! o la canción Me voy o no me voy, que hicieron las delicias del público; La Estrella trae cola, antología de sus éxitos estrenada en el Teatro de la Zarzuela en 1960; y Colomba, comedia musical con libreto de Arozamena y Tejedor y música de Moreno Torroba y Moraleda, estrenada en el Teatro Alcázar en 1961.
Los años 60 marcan el comienzo del declive del género, pero aun así la Gámez continuó su actividad estrenando en el Teatro de la Zarzuela Buenos días, amor (1963) y reponiendo El baile del Savoy y Yola (1964), así como una versión 'moderna' de Las Leandras retitulada Mami, llévame al colegio en el Teatro Martín, mismo escenario para Aquí la verdad desnuda (1965) y A las 10 en la cama estés (1966). Sus últimos estrenos fueron La miniviuda y Es mejor en otoño en el Marquina (1967-1968), Fiesta en el Calderón (1970) y El último de Filipinas en el Alcázar (1972). En esos años rodó las películas "Las Leandras" (1969) de Eugenio Martín, con Rocío Dúrcal y "Mi hijo no es lo que parece" (1974) de Angelino Fons, adaptación de la revista "Acelgas con champán... y mucha música", con  Esperanza Roy y Jorge Lago. También grabó en disco versiones 'modernizadas' de algunos de sus grandes éxitos y canciones de revistas no estrenadas por ella como el chotis ¡Ay, Cipriano!, o los pasodobles En la noche de boda y Horchartera valenciana.
En 1976, con los estertores del régimen franquista, y fallecida su hermana y compañera Amelia, optó por trasladarse a Buenos Aires para estar cerca de sus otros familiares. Allá, su última aparición en la pantalla grande se produjo en la película "El bromista" (1981) de Mario David. En 1984 la revista Semana la hace regresar a España para publicar sus memorias y Sara Montiel la contrata para su espectáculo "Nostalgía", para el que también contaría con Olga Guillot y Josephine Baker en el Teatro La Latina. En ese mismo escenario se le ofrece en diciembre un emotivo homenaje en el que Lina Morgan, Esperanza Roy y Concha Velasco  interpretan con ella la famosa Estudiantina portuguesa ataviadas como las coristas de La hechicera en palacio treinta y cuatro años antes. Después la veterana artista regresa a Argentina definitivamente y sólo vuelve a España por última vez en 1988 para participar en el programa de Televisión Española "Más estrellas que en el cielo", del escritor Terenci Moix.
Sus últimos años fueron penosos: además de problemas económicos, sufrió depresión y una doble operación de cadera, su mente se deterioró por el mal de Alzheimer hasta el punto que no recordaba ya su exitosa carrera y la gran estrella que había sido. Su familia la internó en el geriátrico San Jorge de Buenos Aires, donde falleció poco después de insuficiencia cardiaca a los 87 años. Sus restos yacen en el cementerio de la Chacarita. Con su desaparición se extinguió la última luz de un género que jamás habría sido el mismo sin ella y hoy ya sólo es recuerdo de pasados e irrepetibles esplendores.



En la película "Mi hijo no es lo que parece" (1974) de Angelino Fons, una Celia Gámez casi septuagenaria interpretaba Me voy o no me voy, canción de Rigel/Arozamena/López procedente de la opereta Su Excelencia la Embajadora, estrenada por ella en 1958.

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