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miércoles, 28 de octubre de 2015

Miguel Mihura (Madrid, España, 21-7-1905 / Ibídem, 28-10-1977): In memoriam

COMEDIÓGRAFO INGENIOSO, SATÍRICO E ICONOCLASTA

Hoy se cumplen 38 años del fallecimiento del escritor español Miguel Mihura. Comediógrafo y humorista, a él se debe la renovación del teatro cómico de la posguerra. Sus comedias muestran una voluntad de ruptura con el teatro precedente y su enfoque costumbrista, merced a su gran capacidad para crear tramas sorprendentes manejando con gran habilidad toda clase de recursos escénicos y demostrando un gran ingenio en sus diálogos. A su imaginación se añade su ternura y estilizado lenguaje, además de su combinación del humor trágico con el ridículo, que hacen que su obra sea completamente original y única en la historia del teatro español.
Miguel Mihura Santos era hijo del empresario y actor teatral Miguel Mihura Alvarez. Desde niño vivió en un ambiente que influiría considerablemente en su obra. Después de terminar sus estudios secundarios en el colegio de San Isidoro, abandonó su instrucción académica para dedicarse al dibujo humorístico en diversas publicaciones, como 'Muchas Gracias', 'Buen Humor' y 'Gutiérrez'. En esta etapa compartió viñetas y artículos con autores (todos ellos influenciados por Ramón Gómez de la Serna) como Antonio Lara 'Tono', Edgar Neville o Enrique Jardiel Poncela.
Su humor absurdo se manifiesta en su primera obra teatral, Tres sombreros de copa (1932), un texto que revoluciona el teatro español. Tanta es su audacia que no consigue publicarla hasta 1947 y estrenarla hasta 1952. El resto de su obra se mantendría por debajo del nivel de ésta, ya que Mihura se vería obligado a frenar su libertad creativa, su gran imaginación y su tono crítico.
A mediados de los años 30, Mihura comenzó a trabajar en el cine como guionista y dialoguista. Su labor más recordada en la industria cinematográfica fue la escritura de los diálogos en "Bienvenido Mr. Marshall" (1953) de Luis García Berlanga. También colaboró asiduamente con su hermano Jerónimo.
En los años 30 y hasta 1939 dirigió la revista 'La Ametralladora'. Durante la Guerra Civil se trasladó a San Sebastián, bajo el bando nacional. Finalizada la contienda en 1941, creó y también dirigió la mítica 'La Codorniz', en la que también escribían sus amigos Neville y Tono.
Junto a Joaquín Calvo Sotelo redactó la obra teatral ¡Viva lo imposible! o El contable de estrellas (1939), con Tono estrenó Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario (1943), y al lado de Alvaro de la Iglesia escribió El caso de la mujer asesinadita (1946). 
En 1952 por fin se estrenó Tres sombreros de copa, que sería galardonada con el Premio Nacional de Teatro. Posteriormente Mihura publicó Una mujer cualquiera (1953), El caso de la señora estupenda (1953), A media luz los tres (1953), El caso del señor vestido de violeta (1954), Tres citas con el destino (1954), Sublime decisión (1955), La canasta (1955), Mi adorado Juan (1956), Carlota (1957), Melocotón en almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959), obra por la que vuelve a lograr el Premio Nacional de Teatro, El chalet de madame Renard (1961), Las entretenidas (1962), La bella Dorotea (1963), Milagro en casa de los López (1964), Ninette y un señor de Murcia (1964), que ganó el premio Calderón de la Barca, Ninette, Modas de París (1966), La tetera (1965), La decente (1967) y Sólo el amor y la luna traen fortuna (1968). Tras esta obra Miguel Mihura abandonó el mundo de la literatura. Cuatro años después recibiría el premio Cortina de la Real Academia Española y en 1976 fue nombrado académico. Un año después falleció a la edad de 72.
Casi unánime, la crítica ha encontrado en sus obras una postura ambigua del autor, debatiéndose entre el deseo de responder a las exigencias estéticas del público burgués y sus propias exigencias de libertad creativa. Independientemente del abandono de su primitiva intransigencia, se le reconoce sin embargo el mérito de haber explorado nuevas fronteras teatrales. El propio Eugène Ionesco lo elogió como precursor del teatro del absurdo y por su combinación de elementos trágicos y ridículos, dentro de un talante irracional que a su juicio "puede desvelar, mucho mejor que el racionalismo formal o la dialéctica automática, las contradicciones y la estupidez del espíritu humano". Sin embargo, Mihura tiene una carga poética que no tienen los cultivadores ultrapirenaicos del género; a pesar de los disparates prodigados en el lenguaje, sus personajes conservan una extraordinaria dosis de humanidad. Ello es particularmente aplicable a Tres sombreros de copa, obra que, junto a "Historia de una escalera", de Antonio Buero Vallejo (estrenada en 1949) y "Escuadra hacia la muerte", de Alfonso Sastre (1953), marcan el cambio profundo que experimentó el teatro español de después de la contienda.


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