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jueves, 2 de abril de 2015

Émile Zola (París, Francia, 2-4-1840 / París, 29-9-1902): In memoriam

PADRE DEL NATURALISMO

Tal día como hoy hace 175 años vino al mundo el escritor francés Émile Zola, fundador del movimiento naturalista. Inspirado por los experimentos científicos sobre la herencia y el entorno, propugnó una novelística que ahondara en todos los aspectos de la vida humana y documentase los males sociales, asignando a esta nueva escuela de ficción literaria el nombre de Naturalismo. En su afán de describir la realidad con rigor y objetividad, sus escritos se caracterizaron por su crudeza y su estilo directo y sin rodeos. Zola está considerado una de las figuras más importantes de la literatura francesa de todos los tiempos.

Reseña a partir de las páginas Biografías y Vidas y El poder de la palabra:

Hijo de Francesco Zola, ingeniero emigrante italiano, y de Émilie Aubert, proveniente de la pequeña burguesía francesa, pasó su infancia en Aix-en-Provence y estudió en el colegio Bourbon. Fue compañero de Paul Cézanne, con quien mantendría una sólida amistad. Al morir su padre en 1847 su familia sufrió grandes dificultades económicas y el pequeño Émile se trasladó a París junto a su madre. Continuó sus estudios en el instituto Saint-Louis y tomó contacto con la literatura romántica, especialmente con la narrativa de Victor Hugo y la poesía de Alfred De Musset, su favorito. Tras fracasar en su examen de graduación, en 1859 consiguió un empleo administrativo en una oficina de Aduanas y en 1862 empezó a trabajar para el departamento de publicidad de la editorial Hachette. Se interesó por la poesía y el teatro, y colaboró para periódicos como Le Figaro, Le Petit Journal y Le Salut Public.
Sus primeros libros publicados fueron un conjunto de relatos titulados Cuentos a Ninon (1864), y una novela autobiográfica con influencia del romanticismo, La confesión de Claude (1865). Escribió dos obras de teatro que no fueron representadas, La fea (1865) y Magdalena (1865), y en 1866 fue despedido de Hachette. Comenzó a trabajar como cronista literario y artístico en el periódico L'Événement, y publicó los trabajos de crítica pictórica Mis odios (1866) y Mi salón (1866), donde hizo una enérgica defensa de Manet, cuestionado en esa época por los sectores académicos. A partir de ese momento se dedicó por completo a escribir, se alejó paulatinamente del romanticismo y sintió afinidad con el movimiento realista y el positivismo. Aplicó su experiencia periodística en Los misterios de Marsella (1867), una novela folletinesca, y publicó su primera novela importante, Thérese Raquin (1867), detallado estudio psicológico del asesinato y la pasión con el que ganó cierto prestigio en el ambiente literario. Con la novela Madeleine Férat (1868) fue consolidando su estilo. En 1870 se casó con Alexandrine Mélay y en 1888 tomó como amante a Jeanne Rozerot, con la que tendría dos hijos.
La lectura de Introducción a la medicina experimental, de Claude Bernard, lo inspiró para concebir un conjunto de novelas escritas "con rigor científico", donde quería relatar la historia natural de varias generaciones de una familia bajo el Segundo Imperio. Asignó a esta nueva escuela de ficción literaria el nombre de naturalismo y, bajo el título genérico Les Rougon-Macquart, entre 1871 y 1893 escribió una serie de veinte novelas en las que, tras una ardua investigación, desarrolló un completo y sorprendente retrato de la vida francesa, especialmente la parisina. Entre ellas destacan La taberna (1877), un estudio sobre el alcoholismo; Nana (1880), basada en el mundo de la prostitución, Miseria humana (1882), un análisis sobre las pretensiones de la clase media; Germinal (1885), un relato sobre las condiciones de vida de los mineros; La bestia humana (1890), narración que analiza las tendencias homicidas, o El desastre (1890), que versa sobre la caída del Segundo Imperio. Estos libros, que el propio Zola consideraba documentos sociales, influyeron enormemente en el desarrollo de la novela naturalista. En los treinta y un volúmenes que comprenden las veinte novelas trazó la genealogía de más de doscientos personajes y sus textos fueron tan elogiados como criticados. Escritores católicos le calificaron de obsceno, cuestionando duramente su obra por su carácter positivista y por exagerar la criminalidad y el comportamiento a nenudo patológico de las clases más desfavorecidas. No obstante, algunos de los libros que se ocupan de las cinco generaciones de la saga familiar Rougon-Macquart alcanzaron una gran popularidad.
Sus obras posteriores, escritas a partir de 1893, son menos objetivas, más moralizantes y, en consecuencia, menos logradas. Entre éstas figura la serie Las tres ciudades, que incluye Lourdes (1894), Roma (1896) y París (1898). Zola escribió también varios volúmenes de crítica literaria en los que ataca a sus enemigos, los escritores románticos. Los mejores de sus escritos críticos son el ensayo La novela experimental (1880) y la colección de ensayos Los novelistas naturalistas (1881). En enero de 1898 se vio envuelto en el caso Dreyfus, cuando escribió una carta abierta - el célebre "Yo acuso"- al Jefe de Estado francés, que se publicó en el diario parisino L'Aurore, donde defendió la inocencia del capitán de origen judío Alfred Dreyfus, acusado de alta traición a la patria por los militares antisemitas. El efecto causado lo posicionó como líder de las fuerzas progresistas que reclamaron al gobierno la defensa de los derechos humanos en la República. El gobierno, apoyado por los partidos conservadores, el ejército nacionalista y la Iglesia Católica, lo acusó por injurias y lo persiguió, por lo que Zola se exilió secretamente en Inglaterra hasta que se demostró la inocencia definitiva de Dreyfus y el complot urdido por los militares. En 1899 volvió a París y pudo ver indultado a Dreyfus, pero el 29 de septiembre de 1902 murió asfixiado por la defectuosa combustión de una chimenea, hecho que suscitó muchas sospechas dadas las reiteradas amenazas de muerte que había recibido. Con el tiempo la hipótesis de su asesinato ha cobrado mayor impulso.
La influencia de Zola sobre las generaciones posteriores de escritores no fue sólo literaria, ya que su actitud de involucrarse tanto en la literatura como en la realidad social se transformó en un paradigma del escritor comprometido y dominó durante décadas la escena cultural de occidente.


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