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lunes, 9 de marzo de 2015

Raquel Meller (Tarazona, Zaragoza, España, 9-3-1888 / Barcelona, 26-7-1962): In memoriam

UNA ESTRELLA ESPAÑOLA DE LEYENDA

Hoy es aniversario natal de la mítica cantante, cupletista y actriz española Raquel Meller, una de las mujeres más populares del primer tercio del siglo XX. Iniciada en el género del cuplé en los años 10, se dice que fue ella, con su carisma personal y dotes dramáticas, quien dignificó el género (hasta entonces calificado de 'ínfimo'), rompiendo moldes establecidos. Aunque no poseía una voz potente, aprendió de forma autodidacta e intuitiva a transmitir sus cantables desde el escenario, mientras que su atractivo físico y su hechizo personal hacían el resto. A lo largo de su carrera grabó unas cuatrocientas canciones. Ella dió a conocer cuplés que se harían muy populares como El relicario, La violetera, Flor de té, Mimosa, Mala entraña, Agua que no has de beber, La flor del mal, Mariana, Sus pícaros ojos, Nena, Soy de Madrid, Doña Mariquita, Ven y ven o Bajo los puentes del Sena. Una de las estrellas mejor pagadas de su tiempo, triunfó en escenarios de Europa y América y rodó trece películas (doce de ellas silentes) de difusión internacional. Su talento fue alabado por personajes como María Guerrero, Jacinto Benavente, Amadeo Vives, Charlie Chaplin, Rodolfo Valenttino, Cecil B.DeMille o Sarah Bernhardt. La estrella aragonesa despertaba pasiones, en los teatros y fuera de ellos; célebre seductora, tan bella como inaccesible, el gran pintor Joaquín Sorolla la inmortalizó de forma magistral en un retrato de 1918 y trató de conquistarla, sin éxito. En la posguerra, el afrancesado cuplé fue desplazado por la copla española y comenzó el declive de Raquel. Otras estrellas de la tonadilla como Imperio Argentina, Estrellita Castro o Conchita Piquer la sustituyeron en el favor del público. Olvidada desde su despedida homenaje en el Teatro Cómico de Barcelona en 1956, seis años después, la noticia de su fallecimiento se propagó con rapidez en los medios, acaparando titulares tanto en España como en el resto del mundo. De repente todos recordaron a Raquel Meller y se sintieron impactados por su desaparición. Su ataúd fue envuelto con la bandera española y sobre el pecho de la artista se colocaron sus condecoraciones favoritas, la Gran Cruz de Alfonso XII, las medallas de la Legión de Honor y la Palma de Instrucción Pública francesas. Una multitud estimada en más de 100.000 personas acompañó los restos de Raquel hasta el cementerio barcelonés de Montjuic. Raquel Meller se mantiene como un símbolo de belleza, glamour y talento, pero también como ejemplo de una mujer que salió de la nada y a base de trabajo, fuerza de voluntad y personalidad definió toda una época.

Reseña biográfica procedente de la página valvanera.com:

Raquel Meller, cuyo nombre verdadero era Francisca Marqués López, conquistó fama internacional en el mundo de la canción y de la cinematografía. Hija de Telesforo Marqués, natural de Añón (Zaragoza) y de Isabel López natural de Inestrillas (La Rioja), lugar donde residían. Sus padres procurando una mejor asistencia en el parto, se trasladan a Tarazona donde nace Francisca el día 9 de marzo de 1888, regresando a Inestrillas a los pocos días del nacimiento, donde Paquita pasó su infancia y su padre, herrero de profesión, regentaba una fragua en la plaza del pueblo. Las circunstancias familiares les obligaron a emigrar primero a Tudela y posteriormente a Barcelona y allí quedó Paquita al cuidado de una tía monja, en el convento de Santa Clara. Pero como la vida religiosa no era lo suyo, se reunió con sus padres en Barcelona siendo adolescente y comenzó a trabajar en un taller de costura frecuentado por canzonetistas y vedettes de la época. Allí la vio y la oyó Marta Oliver, entonces célebre en el Paralelo, y bajo cuya protección debutó en el pequeño salón La Gran Peña, en febrero de 1908 con el nombre de La Bella Raquel. Durante ese mismo año recorre varios locales de Barcelona, Valencia, Sevilla, Cartagena y Madrid, cada vez con mayor éxito. Francisca cambió su nombre, que fue ya para siempre el de Raquel Meller, al parecer en recuerdo de un fugaz amor alemán.
Raquel comienza su carrera en plena moda de la sicalipsis, que incluía un componente de provocación erótica que ella abandonó luego por el melodrama, la languidez, la espiritualidad y la delicadeza. Ella y su rival más directa, La Goya, se disputan el mérito de haber ensanchando el género para hacerlo apto a públicos mayoritarios. También fue musa para los intelectuales novecentistas (Alvárez Quintero, Manuel Machado, Galdós, Benavente, Eduardo Marquina, Angel Guimerá, etc), que la convirtieron en musa de lo popular, porque ella estaba en la frontera entre lo aristocrático y lo plebeyo.
El 16 de septiembre de 1911 debuta en el Teatro Arnau de Barcelona, donde su nombre fue anunciado en la fachada con dos hileras de bombillas, como el de una indiscutible estrella del espectáculo. El Teatro Arnau seguía llenándose en 1912 y se cuenta que en una función del Liceo en beneficio de la Asociación de la Prensa llegó Raquel Meller a convocar a más de cuatro mil espectadores. En esta época, y de la mano del erudito de la tonadilla Fernando Periquet que la pone en contacto con Enrique Granados, Raquel incorpora el género a su repertorio, destacando dos composiciones que irían con ella siempre: El relicario y La violetera, ambas del maestro José Padilla.
En 1917, cuando trabajaba en el Trianón Palace de Madrid conoce al diplomático y escritor guatemalteco, Enrique Gómez Carrillo. Con él se casó el 7 de septiembre de 1919 en Biarritz. Días antes, Raquel Meller había debutado en Olympia de París y no quiso que su nombre figurara en los carteles, para que no se dijera que había utilizado la influencia de su marido, muy famoso en la ciudad luminosa sobre todo después de su anterior romance con Mata Hari. El matrimonio se rompió en febrero de 1922 y en 1927 murió Gómez Carrillo. Raquel no fue a su entierro. Entre las causas de la ruptura de la pareja había estado la volubilidad del carácter y los desplantes de la Meller. Los años de su matrimonio con Gómez Carrillo coinciden con los de sus primeros y apoteósicos éxitos internacionales en Europa y América, donde recorrió Argentina, Uruguay y Chile.
Raquel Meller fue también una muy cotizada actriz de cine, medio para el que trabaja por primera vez en la película española Los arlequines de seda y oro (1919). La buenísima acogida de que disfruta la película y sus triunfos en París, al mismo tiempo, la introducen en el cine de producción francesa: Rosa de Flandes (1922), Violetas Imperiales (1923), uno de sus más famosos filmes, y La tierra prometida (1925). Otras películas rodadas por Raquel fueron Ronda de noche (1925), Carmen (1926) otro de sus grandes éxitos, Nocturno (1927) y La venenosa (1928). Ya para el cine sonoro rodó la versión de Violetas Imperiales (1932) y comenzó en 1936 la película "Lola la de Triana", interrumpida por la Guerra Civil.
Entre 1921 y 1925 alterna su quehacer cinematográfico con las presentaciones en teatros de Madrid y París principalmente. En 1926 marcha a Estados Unidos: recorre Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Los Angeles y Baltimore, siendo portada del Time el 26 de abril de 1926 y regresando a Madrid en febrero de 1927. A partir de entonces, y sobre todo ya en los años treinta, París se convierte en uno de sus escenarios fijos y de hecho reside casi permanentemente en Francia. En París su popularidad alcanzó a la de Sarah Bernhardt, Mistinguette, Eleanora Duse, Isadora Duncan o Josephine Baker.
La Guerra Civil la sorprende en su casa de Villefranche y desde Francia marcha a Argentina en 1937. Allí permanece actuando hasta 1939. Tras la Guerra Civil regresa a Barcelona y contrae de nuevo matrimonio con Demon Sayac, empresario francés a quien había conocido en Niza. Con él estuvo casada cuatro años. En Barcelona vivió ya hasta su muerte, bastante sola, pero no arruinada como se ha dicho muchas veces. Había adoptado dos hijos, Agustina (o Elena según otros) Gómez Carrillo y Jordi Enric Sayac. Pero con ninguno mantuvo una relación afectuosa ni estrecha.
Los años de esplendor habían terminado. Ya en la segunda mitad de la década de los treinta podía notarse el cambio de sensibilidad del público respecto al espectáculo: se impone el imperio del cine parlante, las orquestas de baile, la gran comedia americana. No obstante Raquel Meller reaparece en Barcelona en 1946 con la Compañía Vienesa de Revistas dirigida por Arthur Kaps y Franz Joham. Se sabe que todavía a finales de los años cincuenta hizo alguna esporádica actuación, resistiéndose temperamentalmente al olvido y arremetiendo orgullosamente contra sus seguidoras, ya fueran Lilián de Celis o Sara Montiel.
En abril de 1962 cae gravemente enferma e ingresa en el Hospital de la Cruz Roja. Muere el 26 de julio de una embolia cerebral a los 74 años.

Raquel Meller en los tiempos de "El relicario"
 
Raquel Meller (1918) por Joaquín Sorolla

Lista para marcharse a casa, después de finalizar su actuación en "Campanas de Viena", Raquel es requerida a escena por el clamor popular que la ovacionó en el Teatro Cómico de Barcelona en 1956

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